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Frijol, maíz, nopal, calabaza, quelites, amaranto y aguacate, alimentos que durante generaciones han formado parte de la mesa mexicana podrían tener también una respuesta para uno de los desafíos actuales de salud: las enfermedades cardiometabólicas

Redescubriendo la dieta de la milpa: ciencia y memoria en el plato mexicano

Dieta. Juan Gerardo Arvizu Montiel, estudiante de la Maestría en Nutrición Clínica de la UAEH. (Carlos Martt.)

Antes de que las dietas se convirtieran en tendencias, existía una forma de alimentarse construida a partir de lo que ofrecía la tierra: la milpa, que no solo producía alimentos, pues alrededor de ella se desarrollaron conocimientos, prácticas culinarias y formas de entender la alimentación que sobrevivieron durante generaciones.

Para Juan Gerardo Arvizu Montiel, estudiante del segundo semestre de la Maestría en Nutrición Clínica de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), esa herencia puede tener algo que decir frente a los problemas de salud que enfrenta actualmente la población mexicana.

El estudiante explica que la dieta de la milpa no es una moda ni una propuesta reciente. Se trata de un patrón alimentario desarrollado por las comunidades mesoamericanas que reúne alimentos, preparaciones y conocimientos transmitidos a través del tiempo. Su característica más importante es que puede adaptarse a la biodiversidad, al clima y a las tradiciones de cada región del país.

En un contexto donde algunas recomendaciones alimentarias se basan en productos que pueden resultar costosos o poco accesibles para determinados sectores de la población, la dieta de la milpa tiene una ventaja: sus principales ingredientes están vinculados con el territorio y la cultura mexicana.

La Secretaría de Salud de México incorporó este patrón alimentario en las guías alimentarias saludables y sostenibles para la población mexicana correspondientes al periodo 2025-2030, con lo que la dieta de la milpa adquiere un papel relevante dentro de las recomendaciones actuales para mejorar la alimentación.

El poder de lo que ya está en la mesa

La dieta de la milpa no se limita al maíz y al frijol. Su riqueza está precisamente en la diversidad de alimentos que la integran.

En ella tienen un lugar principal las verduras, como el nopal, la calabaza, los quelites, el jitomate, las acelgas, el chayote, los hongos y diversas flores. Después aparecen las frutas de temporada, cuya variedad cambia de acuerdo con la región y el clima.

Las leguminosas, entre ellas el frijol, las habas, las lentejas y los garbanzos, constituyen otra pieza fundamental. A ellas se suman cereales integrales como el maíz y el amaranto, así como alimentos que aportan grasas saludables, entre ellos el aguacate, el cacao, la chía y las semillas de girasol.

En cantidades menores se encuentran alimentos de origen animal, como pescados e insectos, además de endulzantes tradicionales como la miel y el piloncillo, cuyo consumo debe ser limitado.

En conjunto, estos alimentos aportan proteínas de origen vegetal, fibra, vitaminas, minerales, carbohidratos complejos y grasas saludables. Pero su importancia no está únicamente en sus nutrientes: también representan una alimentación vinculada con la identidad, la cultura y los productos disponibles en el país.

Una pregunta que llega al consultorio

Es justamente esa combinación de tradición y nutrición la que llevó a Arvizu Montiel a plantear una pregunta que ahora trasladará al terreno de la investigación.

El estudiante Garza desarrollará el proyecto “Efectividad de una intervención con consejería nutricional orientada a la dieta de la milpa sobre manifestaciones metabólicas y no metabólicas en adultos con síndrome metabólico”, el cual se encuentra en una etapa inicial de planeación.

Su propuesta contempla trabajar con personas de entre 30 y 60 años con síndrome metabólico en la zona de Pachuca de Soto, Hidalgo. A través de consejería nutricional, se buscará analizar los efectos de incorporar este patrón alimentario y observar posibles cambios en indicadores como glucosa, lípidos y presión arterial.

También se plantea estudiar manifestaciones no metabólicas, entre ellas aquellas relacionadas con la inflamación sistémica y la calidad de vida.

La intención, aclara el estudiante, no es crear un nuevo tratamiento, sino estudiar científicamente los posibles efectos de recuperar un patrón alimentario que ya forma parte de la historia gastronómica del país.

La pregunta es sencilla, pero sus implicaciones pueden ser amplias: si las personas dejaran de consumir algunos de los alimentos tradicionales que caracterizaban su alimentación, ¿qué podría ocurrir si estos regresaran a la mesa de manera orientada y equilibrada?

La salud también puede mirar hacia atrás

La investigación parte de una posibilidad que resulta tan sencilla como cercana: recurrir a los alimentos disponibles en el propio entorno.

Frente a dietas que pueden incluir productos de mayor costo o poco accesibles para algunas familias, la dieta de la milpa permite pensar en alternativas locales. Por ejemplo, el consumo de charales puede representar una opción frente a pescados de mayor precio, mientras que el aguacate aporta grasas saludables sin necesidad de recurrir necesariamente a productos importados.

El proyecto de Arvizu Montiel todavía está en sus primeros pasos, por lo que serán los resultados de la investigación los que permitan determinar si una intervención basada en la dieta de la milpa puede generar beneficios medibles en personas con síndrome metabólico.

Sin embargo, la pregunta que la origina ya plantea una reflexión: en ocasiones, mirar hacia adelante también significa recuperar lo que se dejó atrás.

En la mesa mexicana existen alimentos que han acompañado a las comunidades durante siglos. Ahora, desde la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, un estudiante busca llevar ese conocimiento al terreno de la ciencia para descubrir si la memoria alimentaria del país puede convertirse también en una herramienta para cuidar la salud.

Porque quizá la respuesta no siempre está en encontrar una dieta nueva. A veces, puede estar en volver a mirar lo que ya conocemos.

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