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La moda rápida produce prendas baratas y de baja calidad en tiempo récord, fomentando un modelo lineal de usar y desechar, lo cual resulta en un alto costo ambiental

Moda barata con alto costo ambiental

Moda. Producción masiva de prendas. Tomada de internet

La moda rápida es un modelo de producción y consumo de prendas (ropa, calzado, etc.) que lleva las nuevas tendencias a las tiendas en tiempos cortos y a precios bajos. Este modelo permite lanzar nuevas colecciones hasta 25 veces más rápido que la moda tradicional. Esto acorta los ciclos de moda y promueve un consumo excesivo. Como resultado, las prendas tienen una corta duración y son de baja calidad. Además, la moda rápida sigue un modelo económico lineal en el que se compran prendas con frecuencia y, cuando aparecen nuevos estilos, estas son sustituidas rápidamente (Foto 1). En otras palabras, se sigue un ciclo de producir, comprar, usar y desechar. Este modelo se ha extendido en todo el mundo. Las grandes empresas de moda rápida incluyen a Inditex, H&M y Shein, mientras que los principales países productores son China, Bangladesh, Vietnam e India.

Debido a su bajo costo y amplia variedad, las prendas de moda rápida son atractivas para los jóvenes, especialmente los de la generación Z (1997-2012), así como para algunos millennials (1981-1996). Aunque muchas de estas prendas no son de buena calidad ni duran mucho, los consumidores las eligen porque les permiten estar a la moda. Las redes sociales, como TikTok, Instagram y Pinterest desempeñan un papel importante en la promoción y venta de la moda rápida. Una estrategia que usan las marcas es recurrir a influencers para anunciar las novedades, con el enfoque de “ver ahora, comprar ahora”. Esta y otras estrategias fomentan el consumo y aceleran el cambio de tendencias, creando un ciclo en el que continuamente surgen nuevos estilos que impulsan nuevas compras.

Un fenómeno psicológico que puede influir en las decisiones de compra, especialmente en los consumidores más jóvenes, es el «miedo a perderse algo» (FOMO, por sus siglas en inglés). Esto puede generar la sensación de que es necesario adquirir una prenda o seguir una tendencia antes de que desaparezca.

La sobreproducción y el consumo excesivo de la moda rápida tienen un alto costo ambiental. El agua es uno de los recursos más afectados por esta industria. Su escasez es un problema vital en muchas regiones del mundo. La industria de la moda rápida utiliza cerca del 20 % del agua que se consume a nivel global, lo que equivale a aproximadamente 79 mil millones de metros cúbicos de agua cada año. Para entender mejor el problema, veamos un ejemplo. Se estima que fabricar y mantener un solo par de jeans requiere aproximadamente 13,740 litros de agua. La mayor parte se utiliza para cultivar el algodón y lavar los jeans. Esta cantidad equivale aproximadamente al agua que una persona bebería durante 15 años.

Los residuos sólidos textiles generados por la moda rápida y su disposición final constituyen otro problema ambiental. Se estima que, en todo el mundo, se acumulan alrededor de 92 millones de toneladas de residuos textiles cada año en las diferentes etapas de su ciclo de vida. De estos residuos, el 50 % se concentra después de que se usa el producto. Solo se recolecta entre el 15 y el 20 % de los residuos para reutilizarlos y reciclarlos, mientras que más del 80 % terminan en vertederos o se queman.

Otro problema ambiental es la generación de microplásticos. Muchas de las prendas de esta industria están elaboradas con fibras sintéticas como poliéster, nylon y acrílico, por lo que pueden desprender microfibras plásticas durante su fabricación y también al lavarlas y secarlas en casa. Se calcula que entre 200,000 y 500,000 toneladas de microfibras llegan a los océanos cada año.

Su contribución al cambio climático también es significativa. Esta industria genera 1.7 mil millones de toneladas de emisiones de CO2 por año, lo que representa entre el 2 y el 8 % de las emisiones mundiales. Para entender este impacto, se estima que la fabricación de una camiseta de poliéster de talla mediana libera 5.5 kg de CO2, que es más del doble que la emisión de una camiseta de algodón orgánico, que es de aproximadamente 2.34 kg de CO2.

Es urgente que la industria de la moda rápida abandone el modelo lineal de usar y tirar y adopte un modelo de economía circular para disminuir su impacto en el ambiente. En este modelo, el objetivo es aumentar el valor de los materiales y reducir el uso de recursos y la contaminación a través de la reducción, reutilización y reciclaje (Fig. 1). Actualmente, en algunos países, ya se está promoviendo este cambio a través de regulaciones. Por ejemplo, se les exige a las marcas que paguen por la recolección y el reciclaje de los desechos textiles. También existen incentivos económicos para apoyar la transición hacia la economía circular, como fondos de capital inicial y reducciones del IVA para las empresas que implementan este modelo. Sin embargo, el camino no es sencillo. Una de las principales barreras son los hábitos de compra de quienes eligen moda rápida. La falta de conocimiento, conciencia y sobre su efecto en el ambiente puede hacer que se prefiera un precio bajo en lugar de cuidar el planeta.

 

Referencias

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*Red Manejo Biotecnológico de Recursos

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