
El Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum muestra claroscuros de la situación que guardan los sectores de educación, ciencia, tecnología e innovación. Por un lado, habla de una política que busca colocar dichos temas como componentes del desarrollo nacional, con una mayor articulación entre formación de capital humano, investigación y política industrial.
En educación, uno de los principales logros es la ampliación de becas, infraestructura y espacios educativos. Para 2026 se anunció una inversión cercana a 59 mil millones de pesos exclusivamente para infraestructura educativa, mientras que el sistema de becas alcanzó casi 19.6 millones de estudiantes y se proyecta llegar a 22 millones. También destaca la expansión de la educación media superior, con nuevos planteles y ampliaciones, así como el fortalecimiento de instituciones de educación superior.
Estos avances representan una importante cobertura del acceso a la educación, particularmente para sectores de menores ingresos. Sin embargo, el principal pendiente consiste en pasar de una política centrada en cobertura y permanencia a una política que garantice aprendizajes de calidad. Persisten desafíos en comprensión lectora, matemáticas, ciencias, abandono escolar, formación docente, infraestructura desigual y pertinencia de los programas frente a las necesidades productivas y sociales del país. En otras palabras, más estudiantes y más becas son condiciones necesarias, pero no suficientes para elevar la calidad educativa.
En ciencia, ante la crisis del sexenio pasado, el gobierno ha incrementado los apoyos a investigación y formación de posgrado. Durante el primer año se reportó un aumento de 195% en los proyectos de investigación aprobados y de 67% en los recursos destinados a ellos; además, se fortalecieron las becas nacionales e internacionales y las estancias posdoctorales. Para el segundo año, la orientación se vuelve más explícita hacia la soberanía tecnológica y la vinculación del conocimiento con las necesidades nacionales.
El reto fundamental, sin embargo, es transformar el fortalecimiento de la investigación en capacidad tecnológica e innovación. México cuenta con universidades, investigadores y producción científica importantes, pero continúa existiendo una brecha entre conocimiento y aplicación. Pocas investigaciones llegan al mercado, la generación de empresas de base tecnológica sigue siendo limitada y la vinculación universidad–empresa es insuficiente. El desafío no es solamente producir más ciencia, sino lograr más transferencia tecnológica, patentes explotadas, licenciamiento, spin-offs, startups científicas y productos de alto valor agregado.
En tecnología e innovación, se percibe el mayor pendiente y rezago, sin embargo, el planteamiento del gobierno resulta particularmente relevante porque se vislumbra la intención de vincular ciencia, educación superior e industria dentro del Plan México. Esta orientación podría representar una evolución respecto del enfoque predominantemente social característicos de la llamada 4T. No obstante, se requiere mucho mayor inversión pública y privada en I+D, infraestructura científica y tecnológica en temas prioritarios como inteligencia artificial, semiconductores, biotecnología y tecnologías energéticas, sostenibilidad y recursos hídricos.
En síntesis, el Segundo Informe muestra avances importantes en acceso educativo, becas, infraestructura, investigación y formación de talento. No obstante, deja ver una brecha que no se ha logrado acortar y que permita convertir esos insumos en resultados de impacto: mejores aprendizajes, mayor productividad, innovación empresarial, tecnología mexicana y una economía capaz de generar empleos de mayor valor. La verdadera prueba del modelo será determinar si la cadena educación–ciencia–tecnología–innovación pueden fortalecer la productividad y bienestar. Voluntad política y política pública, los pasos que vienen.