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El antropóogo dictó la conferencia “Los imaginarios de la paz en el México actual (El problema)” como parte del ciclo Pensar la paz (en tono menor)

México ha fracasado en sus intentos de instaurar la paz: Claudio Lomnitz

El Colegio Nacional Claudio Lomnitz.

De la presidencia de Vicente Fox a la de Andrés Manuel López Obrador, pasando por la de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, los imaginarios de paz que se han instituido para establecer un orden institucional en materia de seguridad han fracasado, y se parecen entre sí más de lo que se supone, consideró el antropólogo social y académico Claudio Lomnitz, miembro de El Colegio Nacional.

En la segunda jornada del ciclo Pensar la paz (en tono menor), el colegiado dictó la conferencia “Los imaginarios de la paz en el México actual (El problema)”, en la que se refirió a los imaginarios de paz que se han construido en el país durante las últimas dos décadas: desde la rapidísima solución que propuso el foxismo para resolver el alzamiento zapatista, a la política de “abrazos no balazos” del lopezobradorismo.

En el Aula Mayor de la institución, Lomnitz definió como “paradoja mexicana” el entrecruzamiento de ideas y objetivos que han tenido los diferentes gobiernos para definir un imaginario de paz. “Ninguno funcionó como se pretendía que funcionara, por lo cual las políticas de seguridad de los gobiernos de estos últimos 20 años se parecen más entre sí de lo que se dice”.

“Por decepcionantes o ineficaces que hayan sido las soluciones prácticas al problema de la violencia extrajudicial, las mismas estrategias se combinan una y otra vez en una especie de I Ching de la política de la seguridad, un libro de mutaciones que combina los mismos elementos una y otra vez. En materia de seguridad podríamos decir que los gobiernos de México quizás no sean iguales, pero se parecen bastante”, afirmó.

Lomnitz presentó una serie de gráficas con las que demostró el aumento progresivo que han tenido diferentes rubros relacionados con la seguridad durante los diferentes gobiernos. Entre estos expuso el gasto militar, el gasto en seguridad pública por estados, la población encarcelada y las tasas de impunidad por crímenes graves. En todos ellos, “las cifras o bien han tendido al alza o bien no han conseguido consolidar ninguna tendencia a la baja”.

“Hemos pasado del delirio de que la transición democrática sería una panacea capaz de resolver los planteamientos de la revuelta zapatista en 15 minutos a la declaración de una guerra contra el narco, a un llamado pactista a la unidad nacional, a reducir la violencia a un problema técnico y a un régimen que pretende haber desterrado para siempre la corrupción de su seno”, señaló.

Con los datos, la paradoja continúa. “La cantidad de gente que languidece en la cárcel no hace sino aumentar de la mano del gasto militar y del poder discrecional del uso, supuestamente preventivo, de la cárcel, mientras que las tasas de impunidad en delitos graves se acercan al 100%. En México tenemos la paradoja de que cada vez hay más gente en la cárcel y el país tiene casi un 100% de impunidad para los delitos graves, con policías y ejércitos cada vez mejor equipados”.

Ante la situación, Lomnitz opinó que es necesario reconocer que se ha fracasado, estudiarlo y “ver qué se toma y qué cosas habrá que inventar”.

“Hasta ahora nuestros imaginarios de paz han naufragado todos, cosa que no quiere decir que no tengan éxitos, pero han naufragado todos, e insistir en la versión, ya sea de uno o del otro, es un acto que a estas alturas me parece de mala fe. Cada uno de los imaginarios tuvo su oportunidad de instituirse, cada uno se implementó. Es hora, quizá, de reconocer el fracaso”, consideró.

Definir la paz en México, estimó el colegiado, es un problema mayor que no puede tomar como modelo la Paz de Westfalia o la paz conocida como la reconstrucción después de la Guerra Civil en Estados Unidos, “esa clase de ‘paces’ que marcan el paso de la guerra, a eso que [Michel] Foucault llamó el Estado pastoral, no son imaginables aquí”.

México, dijo, no padece una guerra, “padece una serie de conflictos armados que no son una guerra en sentido estricto, porque de ellos no puede resultar un ganador y un perdedor, dada la naturaleza múltiple y descentralizada de nuestras violencias”.

De acuerdo con el antropólogo, “las violencias mexicanas que hoy son famosas empiezan hacia finales de los años 80 de la mano de una nueva forma de organización empresarial que adopta de Colombia el nombre de cártel, pero los imaginarios sociales de paz no empiezan a circular como una preocupación propiamente nacional, sino hasta unos 15 años después, por ahí de los años 2003 y 2004”.

Más específica, abundó, comenzaron “con el ingreso de grupos de contrabandistas mexicanos al negocio del tráfico de la cocaína y con una transformación en la lógica del contrabando fronterizo, provocado por el libre comercio y la caída del negocio de la fayuca. Toda la frontera siempre ha vivido, como casi todas las fronteras, de la fayuca, y cuando hay una liberación del comercio, mucho del negocio de la fayuca que había truena. Incluso esto afecta aquí, a Tepito”.

El problema, sin embargo, tomó dimensiones mayores a partir del inicio del milenio, ya que antes “no había una idea de que la violencia fuese un fenómeno que retara la autoridad del Estado. Así, aunque las desapariciones y la proliferación del asesinato empezaron a sentirse en algunas localidades desde los años 1990, muchas de ellas fueron asimiladas como tragedias particulares o como sucesos locales”.

Allende el desatino de los 15 minutos para resolver el conflicto en Chiapas, el caso de las llamadas muertas de Juárez alertó al foxismo de que la violencia extrajudicial estaba asociada al desarrollo de los cárteles. “En julio de 2003, Fox había ya enviado 300 elementos de la Policía Federal a Ciudad Juárez para hacerle frente a los asesinatos de mujeres, y el año siguiente, en una ceremonia para discutir el combate al narcotráfico, presentaba las Fuerzas Armadas, y ya no al diálogo democrático ni a las negociaciones de 15 minutos, como pilar de la seguridad nacional”.

“Para febrero de 2005, Fox declaró que el gran reto del gobierno era poner un hasta aquí al crimen organizado. La cuestión no era únicamente la sangría en Tamaulipas y en ciudades como Acapulco, sino que se acababa de descubrir que un señor llamado Nahum Acosta Lugo, que se desempeñaba como jefe del área de coordinación de giras de Los Pinos, era un agente de un cártel. El cártel se había infiltrado en el corazón mismo del Estado, y a partir de ese momento la violencia social, el narcotráfico, es reconocida como un reto existencial para el país entero”.

Con la llegada de Felipe Calderón, explicó, se trataron de “instituir cambios institucionales profundos, como por ejemplo minar el poder de las policías municipales, profesionalizar y militarizar las policías estatales y la federal, ampliar el rango de acción de las fuerzas armadas, aumentar su presupuesto y construir más cárceles”.

El calderonismo definió en la infiltración del crimen organizado en las corporaciones policiales y del Ejército su objetivo. “La guerra contra el narco se esmeró, ‘en limpiar las corporaciones policiales’, en especial los cuerpos municipales, pero al gobierno le resultaría complicado, por ejemplo, encerrar a los políticos involucrados en ese negocio. Dicho de otra manera, la mal llamada guerra contra el narco tuvo, desde el principio, la dificultad de querer definir un enemigo interno sin imponer un estado de excepción”.

Teñido ya el país de rojo, “cuando Enrique Peña Nieto gana la presidencia en 2012, en un regreso político del PRI, luego de dos gobiernos panistas, el nuevo presidente propone una estrategia de paz alternativa al de la guerra contra el narco, basada en la propuesta de un pacto interpartidista de unidad nacional, donde todos reconocerían los importantes logros que ya México había conseguido en todos los frentes: el democrático, el económico y el social”.

“Ahora se trataba de cambiar de foco, y sustituir la obsesión del calderonismo con un enemigo interno, su obsesión con el crimen organizado y ‘los narcos’, con un quehacer a la vez más difuso y técnico. La seguridad no se conseguiría matando o encarcelando a grandes capos y desarticulando cárteles, sino reduciendo, ‘la violencia’, cosa que se conseguiría por medio de la inteligencia, entendida en su sentido policial, antes que con grandes despliegues militares”.

Sin embargo, expresó, “el pactismo necesita de acuerdos cupulares y si a la cúpula ingresan actores que tienen entre sí conflictos irreconciliables, los pactos se fracturan, cosa que quedó de manifiesto tras el escándalo de Iguala con los estudiantes de Ayotzinapa. Cuando el presidente Peña simplemente no pudo proteger los intereses de las Fuerzas Armadas y las fiscalías, mantener su alianza con los partidos de oposición y quedar bien con la opinión pública”.

Así, el país llegó a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador. Para Claudio Lomnitz, “la mayor diferencia entre el imaginario de paz de la Cuarta Transformación y el de los dos imaginarios de paz que la que le antecedieron, el de la guerra contra el narco y el pactismo del hablar bien de México, está en la cuestión de la definición del enemigo interno”.

“El amlismo consideró que los agentes de las economías ilícitas formaban parte del pueblo, pero que habían sido expulsados ahí por ser víctimas de la exclusión debido al neoliberalismo y a la iniquidad de la clase política. Resumida de una vez como un establishment, el PRIAN, a la vez corrupto y neoliberal, que eran dos términos que a veces llegaban a colapsar como si se tratara de una misma cosa”.

El imaginario de los abrazos no balazos, sin embargo, “fracasó porque su diagnóstico de las causas sociales de la violencia era imprecisa, porque el proyecto económico sobre el que se montó su versión del estado de bienestar estaba mal calculado, fincado en la reforma de Pemex y la CFE, en no subir impuestos, en promover una serie de megaproyectos y en mantener estable el dólar; porque su análisis de las causas de la corrupción es incorrecto y por la dependencia de su movimiento en el uso electoral de dinero en efectivo”, consideró Lomnitz.

La conferencia “Los imaginarios de la paz en el México actual (El problema)” como parte del ciclo Pensar la paz (en tono menor), se encuentra disponible en el Canal de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx.

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