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El cineasta, miembro de El Colegio Nacional, ofreció una clase magistral a estudiantes de cine de distintas escuelas de la Ciudad de México.

Tom Cruise se liberó al interpretar a Digger Rockwell: Alejandro González Iñárritu

Colnal. El colegiado Alejandro González Iñárritu.

Alejandro González Iñárritu (Ciudad de México, 1963) hizo una pausa en medio de la promoción de su nueva película, Digger (2026), para conversar con estudiantes de cine de distintas escuelas de la Ciudad de México. Habló sobre cómo su sensibilidad mexicana influye en su mirada narrativa, reflexionó sobre la diferencia entre realidad y verdad; además, compartió su experiencia al dirigir a Tom Cruise (Nueva York, 1962).

Esta clase magistral se realizó a solicitud del cineasta, ya que parte de las tareas que debe realizar como miembro de El Colegio Nacional es compartir sus conocimientos de manera libre y gratuita. Por este motivo, esta institución convocó a estudiante de algunas de las escuelas de cine más representativas de la Ciudad de México, como la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas de la UNAM, el Centro de Capacitación Cinematográfica, de la Secretaría de Cultura; la Maestría en Cine, de la Universidad Iberoamericana; así como la Escuela Superior de Cine, el Instituto Cinematográfico Lumiere y la Facultad del Cine.

El realizador inició su charla compartiendo a los estudiantes cómo eligió la musicalización de Digger. Contó que lo hizo hasta la fase de preproducción, mientras escuchaba la música del compositor inglés Cosmo Sheldrake (Londres, 1989).

“[Sheldrake] grabó pájaros que están casi en extinción en todo el Reino Unido, los sampleó e hizo una melodía, como una suite de Bach. Dije: ‘esta es la película’. Una cosa rarísima: vi una melancolía, una ternura; había algo gracioso, profundo y naíf. Y se convirtió en la entrada musical”.

Así como tomó su tiempo para elegir la banda sonora de su más reciente película, también lo hizo para elegir el tono del filme. Hace casi una década, Iñárritu y Sabina Berman (Ciudad de México, 1955) esbozaron la idea de la cinta inspirados en cómo algunos “poderosos” transformaban las realidades manipulando el discurso.

Además, percibieron que las nuevas tecnologías y las redes sociales hacen que todo sea un espectáculo: “todos somos nuestros directores, nuestros personajes, nuestros protagonistas... pero no nos escuchamos” mutuamente, y las personas con poder se aprovechan de esta situación.

Mientras la escritura del guion avanzaba, se dieron cuenta de que la realidad rebasaba la ficción.

El guion se detuvo mientras filmaba Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades (2022), y en medio de la filmación notó que Digger debía ser una sátira y contarse desde el humor, no desde el regaño y la amargura. Iñárritu quería que el público se riera de lo patético de esta situación y de su generación:

“Mi generación es la peor de la historia de la humanidad: los baby boomers. Destruimos el mundo y somos insaciables económicamente. Le decía a Tom que [Digger] es como el tour de la disculpa de lo que heredamos a ustedes [los jóvenes]”.

La realidad Vs. La verdad

Una de las solicitudes para participar en esta clase magistral era enviar un par de preguntas. Una de ellas fue: “Vivimos en una época en la que se debe tener mucha cautela al tratar temas polémicos. ¿Cómo navega esa sensibilidad social sin sacrificar la complejidad de sus historias y de sus personajes?”. La pregunta fue elogiada por el público.

Iñárritu reflexionó que la realidad es compleja y ambigua. En cambio, la verdad emocional es particular, subjetiva y no quiere decir que sea la verdad de todos, porque todos tenemos “un pedacito de verdad”.

En cambio, opinó, la realidad es compleja y se ha perdido la sensibilidad de que la realidad también es contradictoria, incómoda y compartida, porque “cada vez estamos con la idea de que mi verdad es la verdad; la tuya no es la verdad”, como también lo dijo en su discurso de ingreso a El Colegio Nacional La alucinación consensuada, ya disponible en librerías y en libroscolnal.com. 

En medio de la confrontación de verdades individuales, dijo el realizador, el poder nos hace olvidar lo importante. Además, “nos distraemos, porque estamos viendo noticias terribles” al mismo tiempo que nos esteramos “del último disco de Taylor Swift”. Y es el poder quien gestiona estas narrativas.

Por esta razón, el cineasta no quería acusar a nadie; más bien, quería demostrar “que todos estamos involucrados y que no hay nadie bueno ni malo y, además, cagarnos de risa de eso”. Para Iñárritu, es ahí donde se desprende la dificultad de abordar temas polémicos y encontrar “una posible solución comunitaria. Es muy importante poder tener una posición, pero sin ofender”.

Y en el caso de Digger, Tom Cruise es el vehículo para contar esta historia a través del personaje que interpreta, Digger Rockwell, un empresario petrolero que intenta resolver las catástrofes que él mismo ocasionó mientras cree ser el héroe de su propio relato. Esa es su verdad.

El actor, famoso por su jovialidad a sus 64 años y por interpretar arriesgadas escenas sin doble de acción, en esta cinta está caracterizado como un hombre avejentado. Para lograr el maquillaje y el vestuario adecuados, Iñárritu encontró que todos los magnates petroleros comparten el mismo arquetipo: son hombres del sur de Estados Unidos, tienen sobrepeso y “un tufillo antiguo”. Es decir, todo lo contrario del galán de Hollywood.

El director quería construir un personaje vulnerable, frágil, en decadencia y, además, aterrado de perder el poder. Tom Cruise aceptó el reto. Y este papel, a decir de Iñárritu, liberó al actor: “Lo liberó de ser el Tom Cruise total. De pronto, con ese maquillaje, encontró a una persona diferente y se divirtió mucho haciéndolo”.

Los estudiantes recibieron con aplausos la siguiente pregunta: “¿Qué elementos de tu sensibilidad mexicana permanecen en tus películas, incluso cuando las historias transcurren en otros países?”. Antes de responder, Iñárritu preguntó al público: “¿Ustedes se conocen?”. Ante la negativa del auditorio, el colegiado les explicó que en Estados Unidos no existe esa cordialidad.

Aquella solidaridad y acompañamiento, dijo, le conmovió y alegró; “me parece generoso y dulce que se aplaudan entre ustedes. Que se den la bienvenida con el aplauso me parece hermosísimo”. Luego contó que salió de México a los 35 años y que hay una cuestión: ya no se puede regresar, pero tampoco integrarse en el país de llegada. Entonces, se está en una “situación excéntrica”.

Y estar fuera del centro de una cultura extranjera, añadió, permite ver los fenómenos sociales con cierta perspectiva. Incluso, desde la distancia, ahora también puede ver rasgos de México que no hubiera notado si aún radicara aquí.

Ejemplificó: “en la película hay dos personajes mexicanos que son muy simpáticos e importantes, en el sentido de que hablan de la dependencia de los norteamericanos, más allá de su poder. Siento que es una observación que solamente un mexicano, o un excéntrico de otra cultura, hubiera podido hacer”.

La última pregunta provocó la introspección del cineasta: “Si algún día ya no pudieras hacer cine, pero pudieras dejar una emoción a tu público, ¿cuál sería?”.

Acompañamiento, empatía y conexión serían el legado del colegiado. “Creo que lo que hace un libro, una canción, un poema o una película: identificarte con la experiencia del otro y hacerte sentir que no estás solo. Es lo que quiero. Sé que es complejo e implica muchos sentimientos, pero es lo que quiero”. Así terminó la clase magistral de Iñárritu.

Los estudiantes aún no salían del gozo por aquella convivencia, cuando en el momento menos esperado Tom Cruise se acercó al vestíbulo del Four Seasons para saludarlos. Al principio era una duda general: “¿Es o se parece?”. Luego el furor se apoderó de los presentes. Quienes pensaron que tener una foto con el actor sería una misión imposible, ahora estaban junto a Tom Cruise que lucía sonriente, saludaba en español y propuso una foto grupal.      

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