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Bajo rituales, como la pedida de mano o el pago en especie por la novia, se legitima la apropiación de las niñas, arrebatándoles su consentimiento, además de su autonomía sexual y reproductiva

Investigadora de la UAEH visibiliza matrimonios y uniones infantiles

UAEH Gloria Contreras Jiménez, estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales de la UAEH. (Mariana Roldan.)

Crecer debería significar la posibilidad de estudiar, soñar e imaginar; sin embargo, algunas niñas y adolescentes son privadas del derecho a tomar decisiones propias sobre su cuerpo, su vida y su futuro. Los matrimonios y uniones infantiles tempranas y forzadas (MUITF) suelen ser interpretados como una práctica vinculada con los usos y costumbres, ocultando las relaciones de poder, las desigualdades y las diversas violencias que implican.

En Santiago Tetepa, comunidad indígena de Acaxochitlán, Hidalgo, esta problemática surge de los acuerdos familiares y las expectativas sobre el papel que deberían asumir las mujeres como esposas y madres. Lo anterior se traduce en el abandono de sus estudios, su incorporación a labores domésticas y de cuidado, así como en la imposibilidad de elegir y construir un proyecto de vida.

Ante este panorama, Gloria Contreras Jiménez, estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), analizó los factores que construyen y reproducen este fenómeno, además de los impactos psicosociales que conlleva, como parte de su tesis con la que obtuvo el grado de maestría en la misma institución.

En el trabajo “Configuraciones del poder y subjetividad. Matrimonios y uniones infantiles tempranas y forzadas en mujeres originarias de Santiago Tetepa, Acaxochitlán, Hidalgo, durante el periodo 1979–2021”, entrevistó a nueve mujeres originarias de la región y encontró que estas prácticas se inscriben como parte del orden natural de la comunidad, lo que dificulta su cuestionamiento y denuncia.

Embarazos tempranos como indicadores de violencia

Los datos sobre embarazos permiten dimensionar la presencia de esta problemática en distintos niveles. De acuerdo con el Subsistema de Información sobre Nacimientos (SINAC) de la Secretaría de Salud (SSa), entre 2020 y 2024, el estado de Hidalgo sumó 11 mil 906 embarazos, de los cuales 747 correspondieron a niñas de entre 10 y 14 años y 11 mil 159 a adolescentes de 15 a 17 años. En Acaxochitlán se contabilizaron 581 durante ese mismo periodo: 34 dentro del rango de 10 a 14 años y 547 de 15 a 17 años.

A su vez, en la comunidad de Santiago Tetepa se registraron 82 casos, de los cuales dos fueron de niñas de 10 a 14 años y 80 de adolescentes de 15 a 17 años. Cabe destacar que, según la normativa mexicana, los casos de menores de 15 años constituyen un indicador de situaciones de violencia sexual, las cuales son reducidas a asuntos familiares en lugar de ser reconocidas como delitos. La edad de los progenitores refleja una dinámica de poder sobre las menores, pues se encuentran entre los 18 y 38 años.

“En las familias y comunidades donde se reproducen este tipo de prácticas, el rol de la maternidad es concebido como el destino natural y esperado de las infancias que son entregadas en matrimonio, quienes internalizan la idea de que su valor radica en la capacidad de gestar y cuidar, siendo obligaciones que garantizan el reconocimiento y la aceptación social”, comentó Gloria Contreras.

Afectaciones al desarrollo de la niñez

Este fenómeno impacta directamente en la salud emocional de quienes lo atraviesan. Por ejemplo, surgen sentimientos de agotamiento y resignación al enfrentarse a situaciones para las que su cuerpo y mente aún no se encuentran preparados. Además, sus proyectos de vida se ven limitados por las exigencias de las uniones, la maternidad y las dinámicas de control ejercidas.

Sin embargo, los testimonios de las entrevistadas evidencian su capacidad para desarrollar estrategias de resistencia, resignificar sus experiencias y ejercer su derecho a decidir, aun bajo condiciones de violencia. Algunas de las participantes relataron cómo, después de años de unión, se separaron; otras lograron emprender negocios, insertarse en el comercio informal o retomar estudios de alfabetización.

Es importante señalar que ejercer su autonomía no siempre se manifiesta en actos de rebelión, sino en gestos cotidianos, como proteger a sus hijos, trabajar para obtener un sustento económico o incluso narrar sus sueños interrumpidos como una forma de mantenerlos vivos. Además, ante la falta de respaldo institucional, ellas construyen sus propias redes de apoyo.

La investigación como acto de denuncia

El trabajo de Contreras Jiménez permite conocer cómo los matrimonios y uniones infantiles tempranas y forzadas se reproducen y afectan a quienes los viven, a partir de las voces de las mujeres de Santiago Tetepa.

Lo anterior abre el cuestionamiento hacia los discursos que justifican la violencia bajo el argumento de los usos y costumbres. También constituye un medio para exigir estrategias que garanticen el derecho de las infancias a un desarrollo pleno.

Después de estudiar este fenómeno en una comunidad indígena de Hidalgo, la estudiante Garza está generando nuevos conocimientos a través del proyecto “Territorios del poder: Comparativa intercomunitaria sobre los mecanismos socioterritoriales que sostienen los matrimonios y uniones infantiles tempranas y forzadas en Hidalgo”.

El interés surgió a partir de los datos del SINAC, los cuales también identifican casos de unión libre en municipios como Huejutla de Reyes, Tizayuca, Tulancingo y Pachuca de Soto, así como en Mixquiahuala, Calnali y Zacualtipán de Ángeles.

La investigación cuenta con la participación, por parte de la UAEH, de las profesoras investigadoras Laura Georgina Ortega Luna, Dalia Cortés Rivera y Sandra Flores Guevara, así como de Luis Alfonso Guadarrama Rico, de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex). Esta nueva mirada plantea entender e identificar las diferencias entre diversos entornos, sin estigmatizar exclusivamente a las poblaciones originarias.

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