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Un hombre ensaya su despedida frente a la mujer que ya no está. Desde ese instante límite, la obra de Cecilia Meijide y Gastón Filgueira Oria convierte el divorcio en un campo de batalla emocional donde amar, perder y resistir se vuelven inevitables

El amor es una mierda: Cecilia Meijide y Gastón Filgueira Oria exploran el duelo, la masculinidad y el desamor en La Teatrería

El amor es una mierda

Todo comienza antes de la firma. Antes de la rúbrica legal. Antes del “hasta aquí”. Un hombre se prepara para encontrarse con su expareja y firmar el divorcio, pero ese gesto administrativo se convierte en un abismo emocional. Desde ese punto de partida, El amor es una mierda despliega un monólogo que transita entre el ensayo, la memoria y el desborde.

Cecilia Meijide, dramaturga y directora, explica que la obra nace de ese momento suspendido: “Está a punto de reunirse con su expareja. Entonces empieza a ensayar lo que le va a decir, incluso lo que no le va a decir”. El personaje ensaya su discurso como si ella estuviera enfrente, y en ese ejercicio aflora todo: el rencor, el agradecimiento, la nostalgia, la súplica y la rabia.

Para Gastón Filgueira Oria, protagonista y coproductor del montaje, la clave está en la identificación: “Todos hemos pasado por algo así. En algún momento de la obra, cualquiera que haya atravesado una separación se va a sentir reflejado”. Esa universalidad del desamor es el motor dramático que sostiene el texto.

La obra está situada en un estudio jurídico, respetando las unidades clásicas de tiempo y espacio del realismo. Sin embargo, lo que ocurre en la mente del personaje rompe esa estructura. El pensamiento se convierte en un torbellino que condensa las etapas del duelo en apenas cincuenta minutos: aceptación, negación, enojo, ironía, nostalgia y una frágil esperanza que asoma entre las grietas.

Vulnerabilidad masculina sin filtros: romper el molde

Uno de los grandes aciertos del montaje es su decisión de mostrar a un hombre emocionalmente expuesto. Sin caricaturas. Sin juicios. Sin concesiones.

Meijide subraya que el punto de partida fue la pérdida, no el género: “El duelo no tiene género ni edad”. Desde ahí construyó a un personaje que atraviesa el final de una relación sin máscaras heroicas ni durezas impostadas. La pérdida de la cotidianidad —los códigos compartidos, las palabras privadas, los espacios habitados en común— se vuelve el verdadero vacío.

El título, provocador y frontal, no es gratuito. “Es violenta la sensación de que el otro te deje y que ese mundo no exista más”, afirma la directora. La violencia no es física; es emocional. Es la fractura del proyecto compartido.

Para Filgueira Oria, habitar esa fragilidad en escena es un acto de verdad: “Muchas de las cosas que pasan en escena también me han pasado. No es algo ajeno; es atravesarlo en carne propia”. Esa experiencia personal nutre una interpretación que oscila entre la contención y el estallido.

La puesta combina realismo con recursos expresionistas. Hay humor, hay exabruptos físicos, hay momentos casi maníacos que retratan las estrategias desesperadas del duelo: encerrarse a llorar, salir a bailar, cambiar de look, reinventarse en cuestión de horas. El humor funciona como válvula de escape, pero también como espejo incómodo. Lo que hoy duele, mañana puede parecer absurdo. Y viceversa.

En este contexto, la pregunta que sobrevuela la obra es potente: ¿puede un hombre sufrir así? ¿Puede mostrarse vulnerable sin perder su identidad?. El montaje no responde de manera didáctica; deja que el público complete el vacío con su propia experiencia.

El amor es una mierda

Intimidad, complicidad y el desafío del público mexicano

Después de un recorrido internacional, la obra llega a la Sala B de La Teatrería en Ciudad de México, un espacio íntimo que potencia la exposición emocional del personaje. Meijide reconoce que, aunque han trabajado en salas más grandes, prefieren espacios pequeños donde el espectador pueda sentir que el personaje abre el corazón “en carne viva”.

La cercanía permite transitar con mayor intensidad los contrastes: los gritos y los susurros, la euforia y el silencio. En un duelo amoroso, los extremos conviven sin transición, y la sala íntima amplifica esa sensación de confesión directa.

Filgueira Oria destaca que cada país resignifica la obra desde su propia subjetividad. “Queremos ver cómo el público mexicano completa la historia con su experiencia”, señala. El desamor es universal, pero las formas de vivirlo, narrarlo y asumirlo varían culturalmente.

La complicidad entre Meijide y Filgueira Oria es otro de los pilares del proyecto. Se conocen desde su formación en la EMAD y han compartido múltiples montajes. “Ya tenemos códigos en común, confianza creativa y una historia compartida que facilita el proceso”, explica la directora. Para el actor, asumir también la coproducción implica una responsabilidad adicional, pero también un disfrute profundo: “Es una experiencia de confianza total”.

Más allá de la anécdota sentimental, El amor es una mierda plantea una reflexión vigente: ¿vale la pena volver a amar después de haber sufrido? Meijide reconoce que esa es la pregunta que atraviesa el texto: si uno, después del dolor, elegiría vivirlo otra vez. Y la respuesta, aunque no siempre inmediata, suele inclinarse hacia el sí.

Filgueira Oria coincide: “Cuanto más grandes somos, más pesada es la mochila del desamor, pero yo sigo eligiendo el amor”. Para él, el riesgo es parte del pacto humano. Abrir el corazón implica aceptar la posibilidad de que vuelva a romperse.

En tiempos donde la masculinidad aún se asocia con la dureza y el silencio emocional, la obra se atreve a mostrar otra cara: la del hombre que llora, que suplica, que recuerda, que se contradice y que, aun así, sigue creyendo.

El amor es una mierda no es una consigna nihilista; es una provocación. Un espejo incómodo que obliga a revisar cómo amamos, cómo perdemos y cómo nos reconstruimos. En ese ensayo previo a la firma del divorcio, el personaje no solo despide a su expareja: también enfrenta la pregunta más incómoda de todas.

¿Se puede vivir sin amor?

El amor es una mierda, escrita y dirigida por Cecilia Meijide y protagonizada por Gastón Filgueira Oria, tendrá una temporada especial de cuatro presentaciones los martes a las 20:00 horas, del 17 de febrero al 10 de marzo, en la Sala B de La Teatrería (Tabasco 152, colonia Roma, Ciudad de México). Una oportunidad breve para presenciar este monólogo sobre el duelo amoroso que convierte la ruptura en espejo colectivo.

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