
El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma recibirá este viernes 15 de mayo la nacionalidad dominicana a título de naturalización privilegiada, en ceremonia en el Palacio Nacional a las 16:00 horas.
La historia de esta distinción, evoca el también Premio Crónica, comenzó en 2025, cuando el embajador de la República Dominicana en México, Juan Bolívar Díaz, presentó la iniciativa al presidente de la República Dominicana, Luis Abinader Corona, para que se me hiciera entrega de la nacionalidad dominicana.
Para esto, explica Eduardo Matos, hay dos razones: una, que mi padre era dominicano y llegó a México con un cargo diplomático al final de los años 30, Aquí conoció a mi madre, Edith Moctezuma, poblana, y se casaron y en México nacimos dos de sus hijos: mi hermano Rafael Matos Moctezuma, y yo, Eduardo Matos Moctezuma. “Hay una tercera hija, María Fernanda, pero nació cuando mi padre estaba en Panamá como embajador de la República Dominicana. Entonces, por el lado paterno tengo raigambre dominicano; por el lado de mi madre y de nacimiento en México, soy mexicano. Mi ascendencia dominicana, a través de la línea paterna, es uno d ellos motivos”.
La otra, agrega, es que el embajador Juan Bolívar Díaz me habló y me pidió documentación para que él pudiera hacer la propuesta correspondiente, donde está mi currícula como investigador en arqueología y algunos textos que escribí sobre temas históricos dominicanos, que había aprendido de mi padre y de libros que él me facilitaba.
Y en uno de esos textos, explica Matos Moctezuma, “escribí sobre Pedro Henríquez Ureña, que era dominicano y fue uno de los grandes intelectuales de carácter, diría yo universal, y particularmente latinoamericano, que tuvo una presencia muy importante en México y en otros países, como Argentina”.
En este punto, el arqueólogo recuerda que siempre tuvo una atracción especial por la figura de Ureña y publicó un libro, que en su primera edición la sacó el INAH, y contiene cuatro artículos sobre Pedro que tratan sobre la cultura popular en Latinoamérica. “Su título es “Pedro Henríquez Ureña y sus aportes al folklore latinoamericano”, que después fue reeditado por El Colegio Nacional.
Pero además, abunda, dice que escribió artículos en los que resaltaba las palabras de Antonio de Montesinos. “Fue un dominico que en Santo Domingo protestó por el maltrato que se le daban al indígena los españoles asentados en la isla y es muy interesante cómo a través de dos sermones que da en la capital, fustiga y plantea ante la comunidad española reunida en la iglesia que ese maltrato no va con el pensamiento cristiano.
“Los colonos españoles se quejan ante el gobernador de la isla diciéndole que este dominico los fustiga y los puso en mal, por lo que el gobernador pide a los dominicos rectifiquen y ellos aceptan. Así, los colonos van a la iglesia para oír lo que pensaban sería un disculpa por haber denunciado el maltrato, pero se llevaron un chasco porque resulta que Fray Antonio volvió a atacarlos”.
Lo ocurrido, añade, llegó a la Corte de España y de ese hecho, en parte, devienen Las Leyes de Indias a favor del indígena, un hecho histórico realmente importante.
Estos son los hechos históricos que relaté en artículos y atañen a la República Dominicana y todo esto fue la base, en cierta forma, para que el embajador actual propusiera al presidente Luis Abinader Corona
que se me otorgara la ciudadanía, agrega.
“Para ello se publicó el decreto número 723-25, que concede la nacionalidad dominicana a título de naturalización privilegiada. Sigo leyendo: Se concede la nacionalidad dominicana a título de naturalización privilegiada al señor Eduardo Matos Moctezuma, de nacionalidad mexicana. Y viene con el número 11.226 del 31 de diciembre de 2025 y lo firma el presidente”.
GUSTO.
De la distinción, indica que se enteró este año, hace un par de meses, “lo cual me llenó de mucho orgullo, porque es la otra parte de mi dualidad: el ser orgullosamente mexicano y ahora orgullosamente dominicano”.
La ceremonia, cuenta, será este viernes 15 de mayo y lo estaré acompañado de mi esposa. “Voy a decir unas breves palabras en las cuales hablo de esa dualidad presente en mí, lo que representa este antecedente dominicano y ¡claro!, es como un recuerdo a mi padre, Rafael Matos Díaz, de quien cuento, en el discurso, que cuando éramos muy jóvenes, mis hermanos y yo, en las comidas o desayunos familiares, a veces a él nos leía pasajes de Pedro Henríquez Ureña.
Tal vez en ese momento, añade, con aproximadamente doce o trece años, escuchábamos y quizá no dábamos la debida importancia, pero eso queda en los intersticios de la memoria y de adulto es cuando recuerdo y veo la importancia de todo aquello que mi padre me enseñaba.