
El género literario de terror nos ayuda a resignificar la realidad y reinterpretarla de alguna manera, porque todas estas situaciones que tenemos actualmente como guerras, muertes por asesinato, venganzas… son hechos que se dan a lo largo de la vida, nunca situaciones con las que hayamos nacido o aprendido, dice el escritor Jonatan Minila.
En entrevista sobre su libro con cinco cuentos de terror “Breve interrupción del diluvio”, dice que hay muchas situaciones a las que es ajeno al ser humano, pero de alguna manera se van interiorizando, obnubilan sus sentidos y destruyen una existencia en armonía.
Este libro de cuentos me refiere a la novela Moby Dick, de Melville, donde la obsesión del capitán Ahab por matar a la ballena envía a toda su tripulación a la muerte y sólo uno de ellos se salva.
Una referencia acertada. “Moby Dick” es de mis novelas favoritas porque es una enorme alegoría, no sobre la caza de ballenas, sino de la obsesión del capitán por matarla, por vengarse, y esa venganza se empieza a convertir en un infierno interior que no lo deja descansar.
Así como le pasa a Ahab, para muchos de nosotros hay cosas que nos van causando este tipo de infiernos interiores.
Algunos comienzan desde la infancia y eso lo muestran los personajes que aparecen en “Breve interrupción del diluvio”. Ellos, desde la infancia, tienen este encuentro con lo más oscuro del ser humano y viven situaciones que empiezan a oscurecer su visión de la vida hasta llegar a su adultez muy obnubilados.
Además, la idea y línea narrativa de estos cuentos era que todo sucediera en departamentos, en casas, y usar estos escenarios como metáforas del lugar seguro, que a veces este lugar seguro se vuelve nuestra contra. Mostrar, por ejemplo, como aquello que es lo más íntimo se vuelve lo monstruoso, porque el horror no surge de lo ajeno, sino del cuerpo, de la familia, de la casa, de la mente, de las obsesiones, del recuerdo, de la memoria, de aquello que nos fue causando por algo o por otros.
Cuando pensamos en cuentos de terror nos remitimos a esos que pueden ser de fantasmas, de monstruos…, y podrían ser o muy fantásticos o muy realistas.
Pero en estas historias, se filtra la locura, el remordimiento, la memoria, la complejidad de las relaciones humanas. Por ejemplo, en esta historia que mencionabas “Un alacrán en tu boca”, trata de una mujer que fallece a causa del cáncer y existe un personaje que tuvo una relación con esta mujer y no sabemos si es visitado por un fantasma de ella o si en realidad es el remordimiento que le queda por haberla abandonado.
En el cuento “El brote”, se muestra la relación de una pareja que se enfrentan a una maternidad un poco extraña. Hay un ser que habita el departamento en el que ellos van a rentar con los escasos recursos que tienen y esto empieza a complicar la relación entre ellos. La mujer tiene un cambio y esto representa las complejidades de las relaciones humanas.

Y sobre “El cuerpo” se trata de la historia de una niña que parece ser tiene comunicación con una mujer que es su antecesora y conoce todos los secretos de la familia. Aquí, más que el terror que puede surgir de tener un cuerpo humano inerte en medio de la sala durante tanto tiempo, el terror aparece por revelar los secretos familiares.
Además, la niña del cuento ha sufrido una serie de abusos psicológicos, físicos, sexuales y abandonada por el silencio familiar que a veces existe alrededor de esto, lo que muestra una situación muy compleja.
Por eso, es un libro que trae bastantes homenajes a mis lecturas y sobre todo mostrar esas obsesiones, como bien decías de “Moby Dick”, por la cuales a veces nos dejamos caer de forma más contundente como seres humanos. Es llegar a los sótanos de la mente humana.
¿Por otra parte está ese terror a enfrentar la vida en los personajes?
Sí, es un terror que viene desde lo más íntimo, desde la percepción de la realidad. Por eso pienso que si alguna fortuna tenemos como seres humanos es la imposibilidad de poder entrar a la mente del hombre, porque de por sí vemos grandes horrores. Porque si pudiéramos visitar los pensamientos de los demás, quizá nos quedaríamos sorprendidos por la oscuridad que puede haber en ese lugar. Esto lo vemos en la historia de “El brote”, donde parece que la mujer está haciendo un recorrido para encontrar la casa de su infancia y, después parece resultar esa casa como un espejismo, vemos que todo esto es cuestión de percepción.
En estos cuentos hay algo que me gusta hacer y es no decir demasiado para que el lector, con su percepción, vaya reinterpretando las historias, y ojalá se lograra una controversia de qué era este ser, qué quisieron, qué quiso decir el autor, etcétera, porque eso es parte de la literatura.
Por ejemplo, Amparo Dávila tiene un cuento donde tiene un huésped, nos habla sobre un visitante que hay a su casa, que ocupa su espacio, y que durante mucho tiempo ha dejado la gente pensando cuál será este ser, porque ella al final no lo aclara.
Entonces, busco también dejar estos espacios de silencio para que el lector vaya completando las historias y se quede con interrogantes al final. Muchas veces pasa en las buenas historias que cuando uno los termina de leer se queda, pues, qué pasó aquí, qué sucedió, qué es lo que me quisieron decir, y es la intención de estas historias, porque el género de terror, lo decía antes, no solo busca meter cosas que puedan perturbar al lector, sino que traigan, como bien decía Ernest Hemingway, toda esta base sustentable de una historia, de un tema, que esté por debajo del agua y que al final solo alcancemos a ver la punta del iceberg.
¿Cuándo desarrollas estas historias?
Muchos de estos cuentos los escribí durante el encierro por la pandemia y me preguntaba en ese momento cómo era curioso que aquel lugar, el hogar, que se había vuelto nuestro sitio de seguridad se haya convertido un poco en nuestra contra, nos haya causado esta asfixia, enfrentamientos entre la gente, entre las familias, separaciones, etcétera.
Entonces me pareció importante hablar como de esta reducción de la sociedad en general hacia un espacio más íntimo como es la casa, se guardó silencio dentro de las propias familias de lo que pasó en ese tiempo.
La pandemia generó abusos sexuales, físicos… en casas y también los ocultó.
Fue como esa imagen del diluvio que sucede afuera y no puedes salir de casa. Al intentar refugiarnos en un espacio, éste a veces guarda las mayores situaciones perturbadoras: abusos psicológicos, abusos sexuales…, lo que parece que es una normalización de la violencia, pero lo cierto no es que el ser humano nazca así, sino que lo va aprendiendo, son las inseguridades que nos van conformando y que han surgido desde el núcleo más íntimo que es la familia.
¿En resumen, hay un terror interno que nos hace mirar la realidad deformada?
Escribir un libro de cuentos de terror en esta época donde ocurren diversas situaciones terribles, es bastante complejo, pero este género literario nos ayuda a resignificar la realidad, reinterpretarla de alguna manera y ver que mucho de nuestra oscuridad interior viene de la percepción que tenemos de la realidad.