Cultura

Es sabido que Reyes fue un hombre enamoradizo, quizá más del amor que de las mujeres, tal vez porque ese señuelo lo impulsaba a la creación

Correspondencia de un amor perdido Alfonso Reyes y sus cartas a Nieves Gonnet

SCM El escritor Alfonso Reyes.

Hay cartas de escritores que no son literarias. En general, las cartas entre escritores suelen hablar de la obra del otro u otros y reflexionar sobre temas en común, situaciones de la cultura, el talento del otro, etc. Las de don Alfonso Reyes mantenidas con escritoras me han parecido sugestivas y sustanciales, relevantes en los términos de esas relaciones.

  • Es sabido que Reyes fue un hombre enamoradizo, quizá más del amor que de las mujeres, tal vez porque ese señuelo lo impulsaba a la creación. Pero de todos sus “amores”, quizá sea el que tuvo a Nieves Gonnet el más duradero y el que logró traspasar lo intelectual para instalarse en el sentimiento. Fue un amor vehemente, lúcido, indeleble y pesistente alimentado a través de la correspondencia de tres décadas, durante las cuales el cariño se coronó en amistad.
  • En ti, contigo, el amor es bravo, puro, sin ternezas inútules ni disimulos infantiles. Escribió Nieves.

Sus lazos duraron de 1926 hasta 1959, año en que murió Reyes. Con silencios u olvidos, con la corte de don Alfonso a otras mujeres eruditas o no, con epistolarios de por medio a otras destinatarias. La relación entre Reyes y Gonnet no fue erudita aunque ella escribía bien, pero nunca tuvo pretensiones de ser artista.

  • Nieves —di la verdad al cabo no pasa nada—, ¿Me quieres? Tú has visto bien, yo te quiero.

Voy a referirme brevemente a otros dos ejemplos literarios en los que el escritor desborda su enamoramiento sin pretender que su pluma sea letrada.

  • Como lectora y admiradora de Elena Garro, leí, por supuesto, algunas de las cartas que le envió Bioy Casares. Ambos mantuvieron un romance igual de largo y duradero que el de don Alfonso con Nieves. El de Bioy, también epistolar, duró de 1949 a 1968. Se habían conocido en París y sólo se vieron posterior y brevemente dos veces, en 1951 y 1956. Aunque su encuentro duró poco, la numerosa correspondencia del escritor argentino (noventa cartas) no es en realidad literaria sino un grito de amor acrecentado por la imposibilidad y la distancia, una exaltación del escritor que tal vez lo ayudaba en su pasión por la literatura. Las cartas a Elena fueron la expresión de un sentimiento escrito a las volandas sin intensión de cuidar la forma ni buscar con ella la palabra poética. No quería quedar bien como escritor, quería mantener vivo su recuerdo y su pasión. Sin embargo, la manera que tiene él para verla es siempre de admiración por su inteligencia y trabajo y, no poca cosa, esa relación dio pie a tres novelas: una de Elena Garro Testimonio sobre Mariana, otra de Bioy Casares El sueño de los héroes, y la que escribiera José Bianco, amigo de los dos, sobre ese romance en La pérdida del reino.
  • El mismo Bioy sabe que sus cartas no son literarias y sin embargo se deja ir, se permite vivir un amor casi platónico.
  • Me gustaría ser más inteligente o más certero, escribirte cartas maravillosas. Debo resignarme a conjugar el verbo amar, a repetir por milésima vez que nunca quise a nadie como te quiero a ti, que te admiro, que te respeto, que me gustas, que me dviertes, que me emocionas, que te adoro...

Otras cartas similares conforman la correspondencia de Alejo Carpentier a María Cecilia, Machila, Armida. Mujer atractiva, que durante las décadas de los cincuenta y sesenta fue la reina de los intelectuales y artistas no sólo de nuestro país, sino de los que se iba topando en su agitada vida social e intelectual. Alejo y Armida se encontraron en 1960 en una de las famosísimas cenas en la casa de esa mujer voluptuosa que intentó pintar, pero que conquistó con su cocina. Su relación, con múltiples viajes de por medio, duró 6 años, hasta que él fue enviado por el gobierno cubano como agregado cultural a su embajada en París. La distancia desvaneció aquella pasión y terminaron las cartas rápidas, de un amor casi juvenil de Carpentier.

  • Amor mío: …Estoy impaciente, inquieto, preguntándome si ya te habrá llegado mi carta anterior. Si no habrás malinterpretado mis monosílabos por teléfono.

Son cartas simple y llanamente de amor, aunque de un amor cuyo frenesí también tiene término.

  •             En lo que concierne a Alfonso Reyes, es conocido su carteo con mujeres que van desde Gabriela hasta Victoria Ocampo pasando por Luisa Luisi y Juana de Ibarbourou y muchas más . Cartas en las que cultiva la amistad, el interés, la erudición y, sobre todo, una postura sobre la vida cultural del momento sea en México, Argentina, Brasil o Europa.
  • De todas esas cartas sólo recupero, brevemente, mi visión de las que mantuvo con Nieves Gonnet, esposa de Julio Rinaldi, arquitecto y crítico de arte argentino. Bonnet fue una mujer de sociedad que mantuvo vínculos con los intelectuales de Argentina y algunos latinoamericanos y españoles, a pesar de no ser ella misma una mujer letrada. Inteligentísima, sí. Atractivísima, también. Sus “Notitas” como las llama Reyes no tienen ninguna afectación ni pretenden demostrar lo que no son. La relación de ambos es atrayente y deleitable. Un vínculo amistoso y duradero que floreció en 30 cartas de Reyes y 40 de Gonnet. Desde luego íntimas, personales, apasionadas y nunca eruditas ni intelectuales. Dice Reyes de ella en una carta de 1930:
  • Ninguna mujer me ha querido con tanta precisión como tú. Es una precisión tan grande que casi es dureza. Es una dureza tal que ya es solidez. Es una solidez toda sustantiva.

Correspondencias de amor imposible y sonámbulo a pesar de no ser literarias. Cartas humanas y terrenales de Reyes y Gonnet, de Casares y Garro, de Carpentier y Armida. Revisiones de la condición humana, del pasado perdido y una clara visión de lo que se va perdiendo.

Coral Aguirre publicó Lenguaje y deseo, la correspondencia de Alfonso Reyes y Nieves Gonnet.  

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