
Cuando Sergei Prokófiev estrenó su ballet “Cenicienta Op. 87” en 1945, el mundo todavía olía a pólvora. La Unión Soviética acababa de ganar la guerra, pero el compositor decidió no escribir marchas. Escribió un cuento de hadas.Prokófiev tomó el cuento de Perrault y lo convirtió en una partitura peligrosa: hermosa por fuera, traicionera por dentro. A diferencia de Tchaikovsky. Aquí no hay hadas de azúcar glas. En su lugar vemos ironía, relojes que persiguen, y valses que empiezan dulces y que al final te muerden.Tres cosas que la hacen distinta:
- El tiempo como personaje. Toda la obra gira alrededor de las 12 campanadas. En el “Vals de Medianoche” del Acto II, la orquesta literalmente cuenta. Prokófiev escribe 12 golpes de timbal que van desarmando el sueño. Ya se sabe que la música tiene tiempos estrictos, por lo que si Cenicienta no sale a tiempo, se acabó el encanto. Y en el escenario, si la bailarina no respira con ese reloj, se trastorna el ballet.
- Los personajes tienen leitmotivs con personalidad. La Madrastra en vez de bailar: se arrastra, en un tema torpe en fagotes. Las Hermanastras discuten con clarinetes chillones que se interrumpen. El Príncipe aparece con trompetas nobles, pero su Adagio del Acto III es pura vulnerabilidad: cuerdas que preguntan “¿dónde estás?”. La Cenicienta tiene el vals. Muy distinto a los de Strauss Jr. El vals de Prokófiev: en 3/4, sí, pero con armonías que se tuercen, con miedo, evadiendo la felicidad.
3. La orquestación es un narrador del cuento: Cuando llega el Hada Madrina, en vez de arpas celestiales. Escuchamos a la celesta, el glockenspiel y flautas que suenan a estrellas rompiéndose. La carroza en vez de ser majestuosa, es una Mazurka absurda, casi cómica, porque en la vida real, la magia de verdad es rara, y no solemne. Al final, cuando Cenicienta perdona, la música susurra: Un solo de violín la despide, como diciéndole al oído: “ya eres libre”.
¿Por qué es tan difícil de bailar?* Porque Prokófiev más que componer para las piernas. Compone para la intención. Una bailarina puede dar seis pirouettes, perfectas, pero además tiene que entender que el Adagio con el Príncipe es una conversación en legato, más que un cuento de hadas.
En estos días, la Compañía Nacional de Danza del INBA representó en el Teatro de Bellas Artes, La Cenicienta, música como ya dijimos de Prokófiev escrita entre 1941 y 1944. Coreografía de Ben Stevenson sobre libreto de Nikolai Volkov. Y este ballet lo crearon mientras Leningrado aguantaba el sitio. Estreno mundial 21 de Noviembre de 1945, Teatro Bolshói de Moscú.
Y el resultado fue una obra de gran belleza cuando todo a su alrededor era ruina. Por eso este ballet duele hermosamente.Tres momentos destacados:El “Vals de Cenicienta” del Acto I: ahí nace el sueño.El “Vals de Medianoche”: ahí el sueño se rompe.
El “Amoroso” del Acto III: ahí decide perdonar, y eso, es más difícil que 32 “fouettés”.No es propiamente un ballet infantil, sino un manual sobre el tiempo, el perdón y zapatillas que no le quedan a nadie más. Hoy, ochenta años después, todavía nos pone a contar campanadas en una obra que es notable por su alegría, con paisajes exuberantes y dobles papeles cómicos