El artista recibirá la Medalla Bellas Artes 2026 el próximo martes; dice a Crónica del gozo como principio pedagógico, la vejez, la Inteligencia Artificial y su sueño de una Escuela Nacional de Teatro de Títeres —

El titiritero, actor, dramaturgo y docente Carlos Alberto Converso Prato recibirá este martes 28 de julio a las 12:00 horas en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, la Medalla Bellas Artes 2026, en reconocimiento a cinco décadas de trabajo ininterrumpido en el teatro de títeres mexicano.
En entrevista exclusiva con Crónica, el creador nacido en 1947 en Córdoba, Argentina, y naturalizado mexicano en 1983, reflexionó sobre el sentido de este reconocimiento, la vigencia social del títere y la urgencia de fundar la primera escuela formal de esta disciplina en el país.
“¿Para qué sirve un artista?”, se pregunta Converso cuando habla del reconocimiento del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL); “la medalla resuelve una duda que me ha acompañado toda mi carrera, la necesidad de sentirme útil frente a un público”.
Expresó que el reconocimiento lo distingue a él y a todo un gremio históricamente relegado; “pone al teatro de títeres en un plano de visibilidad mayor, esta disciplina ha cargado durante décadas con la etiqueta de arte menor".
Lenguaje para la Fragilidad Humana
Con más de 50 montajes a lo largo de su trayectoria, Converso sostiene que el títere es más que solo entretenimiento infantil, un lenguaje capaz de abordar la memoria, el poder y la fragilidad humana con la misma competencia que cualquier otra disciplina escénica.
Explicó que ese giro hacia el público adulto fue un proceso resultado de años de maduración posteriores a descubrir que los elementos del juego escénico y la metáfora permiten crear símbolos igual de potentes que los del teatro de actores.
Esa combinación de títere, actor y máscara conviviendo en un mismo montaje, es hoy uno de los sellos distintivos de su obra, heredera de su formación actoral y encuentro con el poeta y titiritero argentino Javier Villafañe.
“De Villafañe, el papá de todos los titiriteros, heredé el tránsito libre entre ficción y realidad, y una manera de contar historias que me llevó a poner al títere, y no a mi mismo, en el centro del escenario”, comentó.
El gozo como Principio Pedagógico
En sus 25 años como docente de la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana, Converso insiste en el principio que considera innegociable para cualquier disciplina artística; el juego escénico debe ser, ante todo, una experiencia gozosa.
“No se puede trabajar en el arte si no hay una retribución casi física inmediata de gozo al hacerlo, incluso el esfuerzo y la dificultad deben conservar, en algún punto, un componente placentero”, resaltó.
A la par de esa exigencia, Converso reveló que pide a sus alumnos una mirada capaz de deformar la realidad sin perder su esencia; “que el títere, precisamente por no ser realista, permita abordar los grandes temas humanos desde ángulos absurdos, grotescos o caricaturescos”.
Esta loable labor formativa enfrentó tropiezos institucionales; recordó que en 2004 fundó el Centro de Estudios en el Arte de los Títeres, un espacio que llegó a ofrecer talleres, cursos y diplomados propios.
La instancia operó durante seis años, hasta que en 2010 tuvo que cerrar sus puertas por motivos económicos, un episodio que Converso recuerda como “ejemplo de las limitaciones que enfrentan los proyectos independientes en este campo”.
Vejez, Soledad y Abandono Social
Uno de los ejes más profundos de la conversación periodística giró en torno a Oficialmente viejo, su creación más reciente, que profundiza en temas que ya había explorado en El ensayo del titiritero, desde un ángulo más específico y doloroso.
Mientras la primera obra retrató a un actor veterano y vanidoso, enfrentado al paso de los años, “Oficialmente viejo se concentra en la soledad, la enfermedad y la indiferencia del mundo hacia las personas mayores”.
Con énfasis en su voz, el creador afirmó que se trata de una problemática social grave; “el abandono que sufren los viejos es uno de los motores centrales de esta pieza, en la que volqué también experiencias de mi propia vida”.
“México me ha dado Todo”
Converso lleva 50 años radicando en México, los primeros diez en la Ciudad de México y los últimos 40 en Xalapa, Veracruz, ciudad a la que se mudó en la búsqueda de una vida más tranquila para sus hijos y un entorno de intensa actividad cultural.
"México ha sido fundamental para mí, el público mexicano tanto infantil como adulto, es el verdadero forjador de mi carrera artística a lo largo de estas cinco décadas de trabajo constante”, expresó.
Escuela de Títeres, Sueño Pendiente
Converso lleva 43 años naturalizado como mexicano y aún queda en su voz algo de su natal tono argentino.
Aunque fundó en 2004 el Centro de Estudios en el Arte de los Títeres, cerrado en 2010 por insostenibilidad presupuestal, y de impartir clases en la Universidad Veracruzana desde hace 25 años, insistió en que México carece de una escuela formal dedicada a este oficio.
Se trata, dijo, de “un viejo sueño de los titiriteros más veteranos del país, que contrasta con lo ocurrido en Europa y en algunas naciones latinoamericanas, donde el títere ya cuenta con espacios académicos consolidados.
El titiritero explicó al reportero, que confía en que la Medalla Bellas Artes 2026 abra una puerta institucional para retomar ese proyecto, en un momento en que el teatro de títeres mexicano ya es reconocido como rubro específico en festivales, becas y convocatorias de apoyo a la creación.
Alter ego frente a la Inteligencia Artificial

Autor de más de 250 títeres y 50 montajes a lo largo de su carrera, Converso reconoció una cercanía especial con sus creaciones como El Oso que no lo era y El Feo, en quienes ve reflejadas su propia ternura, ingenuidad y dolores internos.
“El títere podía ser una especie de alter ego“, explicó al hablar de cómo estas figuras creadas por él mismo en papel maché, hule espuma y látex, terminan por convertirse en extensiones de su propia experiencia humana.
Alertó la posibilidad de que los seres humanos, sin advertirlo, terminemos convertidos en marionetas de nosotros mismos o de la tecnología.
Al planteársele si renunciar a crecer en lo personal, familiar o lo profesional puede volvernos títeres de la Inteligencia Artificial, el Maestro coincidió y vislumbró el riesgo de tornarnos en “una especie de remedo de nosotros mismos“.
Señaló que este mismo mecanismo explica la vigencia del teatro en general; “la creación de personajes que, inevitablemente, terminan por mostrarnos fragmentos de nuestro propio mundo interior, sería imposible hablar de otra cosa que no nos involucre".
Sobre el origen de su oficio, recordó entre risas su primer títere; una cabeza de papel maché para guiñol que, recién modelada, se quemó por completo al inyentar secarla en el horno de una estufa, en los primeros días de su formación junto a Villafañe.
Con esta trayectoria como telón de fondo, Carlos Alberto Converso Prato llegará este martes al Palacio de Bellas Artespara recibir un reconocimiento que, insistió, pertenece también a las generaciones de titiriteros que lo han acompañado durante más de medio siglo de oficio.
Carlos Converso, el Títere como espejo de la Condición Humana, Abandono a la Vejez y el riesgo de ser Marionetas de la Tecnología