Cultura

La actriz y dramaturga María del Roble estrena en el Foro A Poco No un innovador monólogo de teatro participativo donde el público dibuja, comparte sus emociones y se convierte en parte de una historia sobre memoria, abandono, violencia y reconciliación

María del Roble lleva a CDMX “En Marte no hay osos”, una obra donde el público también cuenta la historia

Obra "En Marte no hay osos"
Obra "En Marte no hay osos" Foto: Cortesía

En un momento en el que el teatro busca nuevas formas de conectar con las audiencias, “En Marte no hay osos” apuesta por romper una de las convenciones más arraigadas de las artes escénicas: la distancia entre el escenario y los espectadores.

El montaje, dirigido por Paty Estrada y escrito por María del Roble junto con la reconocida dramaturga Mónica Hoth, llega por primera vez a la Ciudad de México con una propuesta que trasciende el formato tradicional del monólogo. Aquí, el público deja de ser un observador silencioso para convertirse en un participante activo que dibuja, recuerda, dialoga y, de alguna manera, también escribe la obra.

La temporada se presentará del 30 de julio al 2 de agosto en el Foro A Poco No, ubicado en el Centro Histórico de la capital, donde cada función promete convertirse en una experiencia distinta gracias a la participación de quienes asistan.

Más que una puesta en escena, “En Marte no hay osos” propone una conversación colectiva sobre temas profundamente humanos como la memoria, las ausencias, la violencia, el machismo, la familia y la reconciliación, utilizando el arte como un puente para que cada espectador encuentre un reflejo de su propia historia.

Una historia personal que terminó hablando de todos

El origen de la obra es profundamente íntimo.

María del Roble comenzó a escribir el proyecto en 2020, durante la pandemia, cuando buscaba desarrollar un unipersonal como parte de su proceso de formación en la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBAL.

En un principio, la intención era contar qué significaba crecer dentro de una familia de artistas.

Su abuelo fue muralista; su padre es pintor; gran parte de su familia ha dedicado su vida a las artes plásticas y ella encontró en el teatro su propio lenguaje creativo.

Sin embargo, conforme el texto fue tomando forma, descubrió que aquello que parecía exclusivamente autobiográfico hablaba también de experiencias compartidas por muchas personas.

“Yo quería hablar un poco de mi devenir artístico, de que en mi familia todos son artistas... pero en lo que me puse a escribir me di cuenta de que estos son temas universales; aunque tengas una familia de artistas o no, siempre hay algún tema familiar que vas cargando”, recordó durante la entrevista.

Ese descubrimiento cambió el rumbo del proyecto.

Con el acompañamiento dramatúrgico de Mónica Hoth, la historia dejó de centrarse únicamente en recuerdos personales para explorar emociones universales relacionadas con la infancia, el abandono, la violencia de género y la necesidad de reconciliarse con el pasado.

Obra "En Marte no hay osos"
Obra "En Marte no hay osos" Foto: Cortesía

Uno de los elementos que distingue a “En Marte no hay osos” es que rompe deliberadamente con la llamada “cuarta pared”.

Aquí no existe una separación rígida entre actriz y espectadores.

El público ocupa mesas colocadas alrededor del espacio escénico y, mientras la historia avanza, recibe hojas, crayones, acuarelas y distintos materiales para dibujar.

No se trata de una actividad paralela. Los dibujos forman parte del montaje.

Se convierten en una extensión de las emociones que despierta la obra y en una manera distinta de participar para quienes quizá no desean intervenir verbalmente.

María del Roble explica que el objetivo es que cada persona encuentre su propia manera de dialogar con la historia.

“Ese momento del dibujo permite que, cuando alguien escucha algo incómodo o muy cercano a su propia vida, pueda expresarlo de otra forma. Al final nos quedamos con todas esas historias que deja el público”, comentó en la presentación del proyecto.

La propuesta ha generado respuestas inesperadas.

Después de varias funciones en Coahuila y Veracruz, la actriz descubrió que muchas personas permanecían en la sala incluso después de concluir la función.

“La gente no se quiere ir cuando se acaba la función; se quiere quedar ahí dibujando y platicando. Ya se abrió un espacio muy rico y tienen ganas de seguir ahí”, relató.

Aunque el texto permanece intacto, ninguna función es igual a otra.

Cada ciudad aporta nuevas miradas, nuevas conversaciones y nuevas emociones.

El montaje ya se ha presentado en Saltillo, Torreón y Xalapa, donde la respuesta del público ha sido distinta en cada ocasión.

Mientras en algunos lugares la interacción surge con naturalidad desde los primeros minutos, en otros la participación aparece poco a poco, conforme avanza la función y crece la confianza entre asistentes y actriz.

Para María del Roble, esa diversidad confirma que el teatro participativo no busca imponer una experiencia, sino abrir un espacio para que cada comunidad dialogue desde su propia realidad.

Los dibujos que terminan convirtiéndose en memoria colectiva

Uno de los momentos más emotivos llega cuando concluye la función.

Las hojas que cubren las mesas quedan llenas de dibujos, frases, cartas y recuerdos escritos por los asistentes.

Lejos de desecharlas, María del Roble las conserva como parte del proyecto.

“El público me ha dejado cosas increíbles. Muchas veces no sólo dibujan escenas de la obra; dejan cartas para sus propias familias y creo que ahí ‘En Marte no hay osos’ cumplió su objetivo”, explicó durante la entrevista.

La intención es que todo ese material se convierta en un registro que permita entender cómo distintas personas resignifican la historia y dialogan con ella desde sus propias experiencias.

Es una forma de documentar emociones, algo poco habitual dentro de las artes escénicas.

¿Por qué “En Marte no hay osos”?

El título de la obra despierta curiosidad desde el primer momento.

La respuesta se encuentra en el universo literario de Ray Bradbury y, particularmente, en “Crónicas marcianas”, uno de los libros favoritos de la actriz.

En ese imaginario, Marte representa un territorio donde las personas pueden reencontrarse con quienes han perdido y enfrentarse a sus deseos más profundos.

El oso, en cambio, adquiere un significado completamente distinto.

Dentro de la obra funciona como una metáfora del machismo, la violencia familiar, las ausencias y todas aquellas cargas que impiden avanzar.

Con el paso de las funciones, la propia metáfora ha comenzado a transformarse gracias a la mirada del público.

“Una de las primeras veces se me acercó un señor y sólo me dijo: ‘Mi papá también era un oso’. Ahí entendí cómo cada persona encuentra un significado distinto en esa imagen”, recordó María del Roble.

Flyer Obra "En Marte no hay osos"
Flyer Obra "En Marte no hay osos" Foto: Cortesía

Una obra nacida en pandemia que encontró nuevas formas de hacer teatro

La pandemia marcó el origen del proyecto.

Como ocurrió con miles de artistas, el confinamiento obligó a replantear la manera de crear.

Lo que inicialmente sería un montaje escolar terminó convirtiéndose en un laboratorio creativo donde María del Roble comenzó a explorar herramientas audiovisuales, nuevas narrativas y formas distintas de acercarse al público.

“La pandemia fue como un semillero de ideas. Nos hizo cuestionar qué era el teatro y buscar otras maneras de hacerlo”, explicó.

Ese proceso terminó por definir el ADN de “En Marte no hay osos”, una obra que entiende el teatro como una experiencia compartida más que como un espectáculo contemplativo.

El arte como herramienta para sanar

Aunque la obra aborda temas complejos como la violencia de género, las heridas familiares y el abandono, nunca pierde de vista la posibilidad de reconciliación.

Para María del Roble, el arte puede convertirse en una forma de resignificar la memoria.

“Lo que quiero es mostrar que, aunque en ciertos momentos parezca que no hay salida, con el tiempo las cosas cambian. El arte ha sido la herramienta que más me ha ayudado a atravesar momentos difíciles”, compartió durante la conversación.

Esa idea atraviesa toda la puesta en escena.

No pretende ofrecer respuestas definitivas ni soluciones inmediatas.

Busca abrir preguntas, generar conversaciones y demostrar que las historias personales también pueden convertirse en espacios de encuentro colectivo.

Al finalizar cada función, la experiencia no termina con los aplausos.

Las personas permanecen conversando, observando los dibujos y compartiendo recuerdos que quizá nunca habían contado.

Ese es, precisamente, el propósito del proyecto.

“Creo que el teatro es un convivio que nos hace muchísima falta. Poder vernos a los ojos, platicar con alguien y vivir una experiencia que no podemos pausar ni acelerar es algo muy valioso”, afirmó María del Roble.

Con esa filosofía, Los Lirios Teatro apuesta por un formato donde el escenario deja de ser un espacio reservado únicamente para los intérpretes y se convierte en un lugar de encuentro, escucha y construcción colectiva.

Durante cuatro funciones en el Foro A Poco No, la compañía invitará al público capitalino a descubrir que, a veces, una hoja en blanco, unos crayones y una historia compartida pueden abrir conversaciones que permanecen mucho tiempo después de que cae el telón.

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