Cultura

Esa es la historia completa. No hay hacendado abusivo. Hay una despedida de madrugada, con todos acompañando a la muchacha a la estación para que se volviera a su casa

La Borrachita. Historia de una canción

Canción. Ignacio Fernández Esperón, Tata Nacho.

En internet circula una explicación muy vistosa de La Borrachita: (canción mexicana de 1915) que si es la historia de una campesina que se va a la capital a servir al hacendado, víctima del derecho de pernada, que si Tata Nacho quiso denunciar el abuso de los patrones... Es una historia impactante, pero no es verdad.

“Se non e vero, e ben trovato” dirían los italianos. Y lo sabemos porque el propio autor Ignacio Fernández Esperón, Tata Nacho, contó el origen de la canción varias veces, entre ellas al gran Alberto Ángel “El Cuervo”.

Tata Nacho frecuentaba el estudio del pintor Nacho Rosas. Ahí se juntaba la bohemia: Miguel Lerdo de Tejada, José Juan Tablada, El Chamaco Urbina, Best Maugard, Francisco Orozco Muñoz. En ese estudio había una joven modelo -nunca supimos su nombre- que era la inspiración del poeta Orozco Muñoz.

Un día esa joven tuvo que dejar el estudio para volver a su pueblo. Su padre le había mandado telegramas regañándola: ya no estaba estudiando, pura parranda en la capital. Tenía que regresarse.Aquella tarde, la chica estaba llorando en un rincón del estudio, un poco pasada de copas, como todos los demás que andaban en esa fiesta.

Para animar al poeta desconsolado, Tata Nacho se sentó al piano y tocó dos canciones que ya traía o que improvisó ahí mismo (hay las dos versiones) “Adiós mi chaparrita” y “La Borrachita”. Una para él -no llores por tu Pancho, que si se va del rancho muy pronto volverá- y otra para ella -Borrachita me voy para olvidarle- Esa es la historia completa. No hay hacendado abusivo. Hay una despedida de madrugada, con todos acompañando a la muchacha a la estación para que se volviera a su casa.

En aquel entonces al padre, frecuentemente se le decía patrón, y patrona a la madre. “Pa’ servirle al patrón que me mandó llamar anteayer” no es forzosamente el patrón feudal, puede ser el papá. Seguramente a la chica la mandó llamar el padre.Pero además, hay que aclarar que una canción no es un acta, no es una crónica periodística.

Son unos cuantos versos con ocho o diez sílabas por renglón y pocos renglones en total. Ahí no cabe toda la explicación. No cabe decir “mi papá me mandó telegramas desde el pueblo, porque no estoy estudiando y me tengo que regresar a mi casa”. Solo cabe resumir: “el patrón me mandó llamar”.

Por eso la letra original dice “para olvidarle” -sin nombre- y no “para olvidar a mi Pancho”. El Pancho es de la otra canción, de la despedida del rancho.

La borrachita se va para olvidar al otro, y se va tomada porque no quiere volver.Por cierto que al autor le decían Tata Nacho porque de niño perdió los dientes en un accidente y hablaba como abuelito. De ahí Tata. Nacho por Ignacio. El abuelito Ignacio. El mismo que luego sería compañero de cuarto de Gershwin en Nueva York, alumno de Varèse en París y fundador de la Sociedad de Autores y Compositores, no necesitó una tragedia feudal para hacer una obra maestra.

Le bastó una escena mínima en el estudio de un pintor. Y sin querer hizo la primera canción mexicana donde quien que se emborracha por amor no es un hombre, sino una mujer.

Borrachita me voy / para olvidarle, / le quero muncho / él también me quere. / Borrachita me voy / hasta la capital, / pa’ servirle al patrón / que me mandó llamar anteayer.Yo le quise traer, / dijo que no, / que si había de llorar / ¿pa’ qué volver?.Borrachita me voy / hasta la capital, / pa’ servirle al patrón / que me mandó llamar anteayer.

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