Cultura

Miles de años atrás, “los humanos en todo el mundo se dieron a crear figuras mediante líneas rectas, curvas, círculos, posesiones de barras, así como toques de tambor o sonidos de ocarinas y flautas, todos organizados siguiendo las leyes de la forma mediante la semejanza, la continuidad, la simplicidad, la proximidad, el cierre y el destino compartido de sus elementos. Es decir, siempre que se nos presenta un objeto a nuestra percepción, vamos a intentar atribuirle una forma”

Del Paleolítico a la cultura maya, abordan los orígenes de distintas escrituras en El colegio Nacional

Colnal. Coordinado por Linda Manzanilla Naim y Luis Fernando Lara, miembros de El Colegio Nacional, se llevó a cabo el Seminario “Sistemas de comunicación y escritura”. (Colnal)

De los sistemas de comunicación de los cazadores-recolectores del Paleolítico a los “contadores” o tokens utilizados para el intercambio de bienes entre grupos sedentarios tempranos, hasta la transformación de la escritura pictográfica en cuneiforme y los sistemas logosilábicos que utilizaron los mayas y los teotihuacanos, abarcó el Seminario “Sistemas de comunicación y escritura”, celebrado en El Colegio Nacional. 

Coordinado por los colegiados Linda Rosa Manzanilla Naim y Luis Fernando Lara, el encuentro contó con la participarán del arqueólogo Alejandro Terrazas Mata, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM; la investigadora Tatiana Váldez Bubnova, de El Colegio de Morelos, y el historiador del arte Erik Velásquez García, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.  

¿Qué condiciones permitieron la invención de la escritura?, preguntó el lingüista Luis Fernando Lara. “Su genoma, el conjunto de genes que dan lugar a la herencia”, respondió. Pero, advirtió, “la explicación acerca de cómo el genoma determina las características del ser humano está lejos de ser completa, y todavía se habrán de descubrir más elementos, combinaciones y funciones del ADN, en la formación de nuestro organismo. Esa tarea no es la de un lingüista, sino la de un genetista, pero sí se puede afirmar que uno de sus resultados es la capacidad de reconocer formas mediante los sentidos y después a crearlas”.

El colegiado explicó que las investigaciones de la teoría de la forma han demostrado que, por ejemplo, un pulpo puede identificar la forma de un triángulo. “Todos los animales reconocemos formas, pero el ser humano, desde muy temprano en su existencia, pasó del mero reconocimiento de formas, absolutamente necesarias para su supervivencia, a su representación”. 

Miles de años atrás, “los humanos en todo el mundo se dieron a crear figuras mediante líneas rectas, curvas, círculos, posesiones de barras, así como toques de tambor o sonidos de ocarinas y flautas, todos organizados siguiendo las leyes de la forma mediante la semejanza, la continuidad, la simplicidad, la proximidad, el cierre y el destino compartido de sus elementos. Es decir, siempre que se nos presenta un objeto a nuestra percepción, vamos a intentar atribuirle una forma”.

A esas primeras manifestaciones se refirió el arqueólogo Alejandro Terrazas Mata, sobre todo en el periodo Paleolítico en Europa. “Siempre se había pensado que más o menos hace 40 mil años, el Homo Sapiens tuvo alguna especie de despertar, la revolución cognitiva; Sin embargo, hoy hemos visto que muchas otras especies también llegaron a tener algunas expresiones del estado mental, cosas que no ven en la naturaleza, sino que deben de haber ideado, y las expresaron gráficamente”.

Terrazas presentó un ejemplo de hace 300 mil años, ubicado en Sudáfrica y realizado por una especie de Homo naledi, “una pequeña especie de baja estatura y de poco más de 400 centímetros cúbicos de volumen cerebral. Esto es muy interesante, nosotros tenemos volúmenes cerebrales de más de 1 mil centímetros cúbicos hacia los mil 200 centímetros cúbicos, esto habla de que no hay relación entre el tamaño y la inteligencia”.

“De todos modos, 300 mil años, lo haya hecho quien lo haya hecho, es mucho antes de la aparición del llamado arte paleolítico europeo, que va a empezar de manera significativa con Homo Sapiens hacia los 40 mil años, como mucho”, reveló. De acuerdo con Terrazas, todo indica que los neandertales empezaron representando líneas “muy cercanos a nosotros, tanto que hubo hibridación; algunas veces los neandertales se encontraron con homo sapiens, tuvieron relaciones y descendencia. Nosotros llevamos ADN neandertal en nuestros genes”.

Ellos, dijo, “también tuvieron un rico mundo simbólico: enterraban a sus muertos, hicieron collares, decoraciones de plumas de aves rapaces, cuentas de concha, estructuras dentro de cavernas, grabados. Sin embargo, hay que señalar que es real que cuando comparamos las expresiones simbólicas gráficas de los neandertales con los Homo Sapiens que llegaron a Europa: eran más variadas, ricas y complejas”.

A Europa, argumentó, llegaron poblaciones africanas y descendientes de ellas que vivieron en el norte de África y cercano oriente, pero llegaron con el paquete cognitivo. “Se desarrolla muy lentamente a lo largo de más de 200 mil años en África y pasa a Europa ya procesado, por decirlo así. Por eso en Europa da la impresión de ser una revolución, porque llega todo el paquete cognitivo, simbólico y elaborado. En África es donde vemos que es una revolución lenta y gradual”.

Más cercano al presente, la arqueóloga y egiptóloga Linda Manzanilla Naim, se refirió a los primeros sistemas escriturales en Mesopotamia. “Si por algo podemos caracterizar a Mesopotamia es primero el hecho de que en la llanura del Tigris y del Eufrates no hay metales, no hay rocas, no hay minerales, y todas las comunidades que se establecieron ahí tuvieron que entrar en relación con Turquía oriental, con el suroeste de Irán, con el levante para obtener estas materias primas”. 

Esta relación definió la forma de codificar signos. “Lo que vamos a ver es que la obsesión de los mesopotámicos siempre estuvo encaminada a codificar los inventarios de bienes, el flujo en los almacenes, el envío de bienes a otras comunidades, siempre con objetos, con sellos y con el desarrollo de la escritura”. 

“Uno de los hechos más sobresalientes que estudió la doctora Schmandt-Besserat es que desde el 8000 a.C. tenemos los contadores, que son objetos hechos en cerámica con formas, digamos, geométricas que hablan de inventarios, de cuantificar cosas”, recordó. 

En el 8.000 a.C., dijo, los contadores de bienes “eran formas muy simples, empiezan a aparecer herramientas, instrumentos, artefactos, animales que se están moviendo de un sitio a otro y la doctora Schmandt-Besserat observa la evolución de esta codificación que originalmente son piezas móviles, se puedan mover de un sitio a otro, llevan información económica de inventarios, de movimientos de bienes y nosotros los podemos  seguir claramente a posteriores elementos de la escritura pictográfica primero y cuneiforme después”.

Y en Mesoamérica… 

En el México antiguo la escritura también como medio de comunicación. De una de las primeras manifestaciones, la teotihuacana, correspondió hablar a la investigadora Tatiana Váldez Bubnova, de El Colegio de Morelos. 

“La teotihuacana, como otras culturas de la antigua Mesoamérica, registraba información mediante distintos códigos visuales en varios medios y sobre diversos soportes. Entre estos códigos se encuentra también la escritura”, dijo. 

El registro de formas de escritura temprana mesoamericana en la antigua urbe, señaló, ha sido descrito por diferentes autores. “Joyce Marcus, cuya publicación es referencia para el estudio del origen de la escritura mesoamericana, describe cómo las primeras escrituras, como la zapoteca, surgieron vinculadas al poder político, al calendario y a la propaganda estatal”. 

Otros, como Hermann Beyer, “fue pionero en la identificación de glifos, aislando el carácter notacional del glifo teotihuacano, ojo de reptil, e identificando el trapecio triángulo como índice del ciclo anual calendárico y su día. También Alfonso Caso “fue uno de los primeros en postular formalmente que Teotihuacan poseía un sistema propio, identificando numerales, signos calendáricos, toponímicos y antroponímicos”. 

A través de su propia propuesta de estudio, Váldez afirmó que “en Teotihuacan se conservan antecedentes conceptuales de los códices pictográficos mesoamericanos, existió una técnica temprana de comunicación gráfica empleada por las élites que combina escritura, iconografía figurativa y también otros símbolos”. 

La evidencia semiótica y arqueológica, afirmó, “demuestra que Teotihuacán contó con un sistema gráfico estructurado de larga duración, integrado por grafemas aislados, compuestos, secuencias y complejos gráfico-iconográficos. Este sistema antecedió a los códices posclásicos y sirvió para registrar identidades, cargos, fechas, topónimos, a saber, en el marco de una sociedad corporativa”.

A pesar de que el consenso afirma que el náhuatl debió ser la lengua teotihuacana, advirtió, “los signos teotihuacanos no deben ser interpretados automáticamente como lecturas fonéticas del náhuatl, sino como unidades de un sistema abierto cuyo desciframiento exige considerar la morfología de las lenguas otopames del altiplano”. 

Al historiador Erik Velásquez García correspondió hablar de la cultura maya. La escritura jeroglífica maya, explicó, “es un sistema de escritura logosilábico, esto quiere decir que las categorías imperantes de signos son logogramas que representan palabras completas y fonogramas que tienen una estructura silábica consonante más vocal”. 

Los ejemplos más tempranos de este sistema de escritura “datan aproximadamente del segundo siglo antes de Cristo, mientras que lo más tardío, de que tenemos noticias, quizá es de finales del siglo XVII, quizá en el tránsito hacia el siglo XVIII, hay referencias en la documentación colonial todavía de algún conocimiento sobre este sistema de escritura, es decir, tiene unos dos mil años de uso”.

Sin embargo, abundó, “de lo que tenemos más evidencia, a nivel arqueológico y material, es del periodo llamado Clásico, que va más o menos desde la conformación de las primeras dinastías hereditarias mayas hacia el año 150 después de Cristo, hacia el año 900 de nuestra era. Tenemos alrededor de unos diez mil, o quizá un poco más de ejemplos escritos, la mayoría materiales resistentes a la degradación del medio ambiente”. 

En el clima tropical y húmedo del mundo maya, “todo lo que estaba escrito sobre soportes orgánicos tiende a desaparecer, así que nos han quedado pues textos básicamente en piedra, aunque sí hay algunos en material orgánico que han sobrevivido y escribían en todas partes, en los anillos de los juegos de pelota, en los paneles dedicatorios de los juegos de pelota, en los paneles que van a decirnos que es la consagración de un sacbé o del inicio de una calzada”. 

También dejaron escritura “en las que son estas esculturas planimétricas o volumétricas verticales, en las plazas, en objetos portátiles, en los escondites dedicatorios, en altares zoomorfos o circulares, en las plazas, en el interior de las tumbas hay objetos tanto portátiles como elementos arquitectónicos con textos escritos, en las escaleras jeroglíficas, en las jambas, en los dinteles, en los tronos, en los tableros, en vasijas de cerámica o de alabastro”. 

El árbol lingüístico de la familia mayance, abundó, incluye una serie de idiomas que proceden del protomaya, “que se dejó de hablar más o menos unos 2 mil 200 años o 2 mil antes de Cristo”.

“La lengua en la que están escritos los textos jeroglíficos es una lengua muerta, emparentada con el Chortí, que todavía se habla en el límite entre Guatemala y Honduras. Sus hablantes dejaron de existir en el siglo XVIII, vivían en la selva Lacandona, y bueno, los mayas del periodo clásico vivían en una situación de diglosia, es decir, en sus comunidades existían al menos dos idiomas que se usaban al mismo tiempo, uno era la lengua o idioma vernáculo, de la familia mayance y el otro era la lengua de prestigio para escribir, que también era de la familia mayance, pero era un idioma distinto, el idioma de la cultura escrita, y los textos jeroglíficos”. 

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