
Nahum B. Zenil. El Límpido Espejo de mis Ojos (1968-2025), es una reciente exposición retrospectiva (31Ene-30Ago,2026) en el Museo Universitario del Chopo curada por su Directora Sol Henaro y Miguel A. López, Curador en Jefe; asistidos por Karol Wolley.
Esta curaduría, inicia con obra que muestra el paulatino desarrollo de los recursos plásticos, psicológicos y conceptuales de Zenil desde 1968, siendo a mediados de los 70’s cuando comienza autorretratarse con regularidad. De aquí se aborda su labor como docente hasta dedicarse al arte a partir de 1982; Raquel Tibol (1923-2015) le señaló su vínculo con Frida Kahlo, siendo Zenil uno de los primeros artistas en hacer “reinterpretación homoerótica” de Frida; además de su contrapunto entre religión católica y convenciones sociales, entre represión y deseo; o como señalan los curadores sobre su recurrente uso de corazones sangrantes, “..sincretismo, vida-muerte, sacrificio, sexualidad y resistencia cultural”, temas explorados en The Bleeding Heart, 1991, ICA Boston, espíritu extendido a Pase Ud, recreación de una habitación en la casa de Zenil, el Rancho Tecomate Cuatolco en Tenango del Aire, Estado de México, donde se conservan algunas de sus obras más sexualmente explícitas.
Estos temas demuestran al proceso más significativo en la obra de Zenil: Cómo se enlaza la psicología y cotidianidad personal de Nahum con el inconsciente colectivo mexicano empleando dibujo, pintura, creación de libros de artista, su participación en la Semana Cultural Lésbico-Gay del Chopo u obras interactivas como las de la exposición El Gran Circo del Mundo, 1999, Museo de Arte Moderno, MAM. Una obra capital que demuestra esta retroalimentación, es ¡Oh, Santa Bandera! (a Enrique Guzmán), 1996, versión de la pintura homónima de 1977 de Guzmán, y donde Nahum se introduce por el ano un asta bandera cuya enseña patria con una boca gritando en lugar del escudo nacional es idéntica a la pintada por Guzmán.
En septiembre, mes de la Patria, el arte de Nahum B. Zenil resulta muy pertinente al demostrar que los artistas jamás deben bajar su índice de libertad de expresión, para obligar así al nacionalismo mexicano adaptarse a ser criticado, tolerar al otro e incluir a todo individuo sin distinción de género, ideología, nacionalidad, etnia, religión o clase social.
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