
Al dictar la conferencia “Historicidad II. Metáforas y creatividad en la lengua española”, como parte del ciclo Lengua, lingüística histórica e historicidad, la Concepción Company afirmó que la creatividad “está condicionada por moldes culturales y por cambios históricos, seculares, milenarios, esenciales, que han cambiado nuestra percepción del mundo”.
Un ejemplo, dijo, es el albur: “Parece que somos muy creativos cuando oímos a alguien alburear, decimos: ‘es súper creativo’. Los albures son herencias repetidas para que tengan efecto y nos podamos reír. O sea, si alguien se inventa un albur tiene que estar muy ritualizado compartido, incluso en la invención.
Y la creatividad es una gran libertad, sí, pero condicionada por rutinas. No somos tan creativos, aunque parecemos muy creativos”. En el Aula Mayor de la institución, Company afirmó que la lengua es libertad, “una gran libertad, pero en un corsé social. Es un sistema innato de base neurofisiológica muy compleja con millones y millones de conexiones neuronales en cualquier acto de habla. Si decimos: ‘sí, gracias’, son millones de conexiones neuronales y lo mismo si decimos: ‘no, gracias’”.
Como ningún otro ser sobre el planeta Tierra, dijo, los humanos son seres de sintaxis libre, lo que significa “hacer mucho, hablar constantemente y hasta el infinito y cansarnos de hablar si quisiéramos y comunicarnos con unos pocos moldes gramaticales. Y también se define, seres de sintaxis libre, a que podemos hacer extensiones metafóricas”.
Pero, al mismo tiempo que gozamos de una libertad de sintaxis que permite usar las palabras con otro significado, se trata de “una libertad muy limitada, porque para ser aceptado y estar inserto en la comunidad, hay que emplear la misma lengua de los otros, la lengua de la tribu.
Este concepto de la lengua de la tribu viene de la antropología social: hay que compartir el ritual para ser aceptados. Este ritual compartido tiene normas, reglas, hábitos, rutinas y convenciones, acuerdos no verbalizados”. De esta manera, explicó, “nadie se ha puesto de acuerdo con el otro para decir: ‘nos vamos a saludar con buenos días’; eso nunca ha ocurrido en la historia de ninguna lengua. Compartir esas normas, esos hábitos, ese ritual, nos hace seres históricos y rutinarios. Incluso en la creatividad inventamos rutinas para que toda la comunidad comparta esa rutina”.
“Es una convención y es un acuerdo no explícito porque nadie se pone de acuerdo para decir: ‘hoy nos vamos a despedir diciendo bonita noche’. Eso no ha ocurrido nunca en la historia de ninguna lengua. Es una suma, como he dicho en otras ocasiones, de genes y memes (mímesis)”, dijo.
Es obvio, señaló, que la lengua es un sistema de base genética neuronal muy complejo y que “cualquier individuo que haya nacido sin ninguna patología cerebral puede hablar una lengua con éxito comunicativo y va a poder interaccionar socialmente en su entorno con total éxito.
Es un sistema básico de comunicación humana, es el vehículo del pensamiento y de los sentimientos, pero para mí lo fundamental es que la lengua nos permite ser seres históricos”. Para Company, ser un ser histórico significa que “construimos en el ritual de la comunicación un sistema adaptativo sociocultural muy, muy complejo de mímesis, de imitar al otro, no conscientemente, sino para acoplarnos solidariamente en la sociedad.
Así funciona la lengua. La lengua nos hace seres históricos”. Con esta cualidad, los seres humanos podemos “transmitir experiencias con lengua y heredar rutinas, hábitos, tradiciones de nuestros padres, de nuestros abuelos.
Por ejemplo, si nosotros saludamos con mucho gusto, ‘hola, encantada’, eso nos hace seres históricos hispanohablantes, compartido con 500 millones de hispanohablantes”. Sin embargo, “si yo saludo y digo ‘quiubas’ o ‘quiubole’, eso nos hace seres históricos mexicanos, y no está en contradicción ser seres históricos generales de lengua española con ser seres históricos mexicanos saludándonos con ‘quiubole’”.
La misma situación aplica para la despedida: “Si yo me despido con ‘adiós’, soy un ser histórico hispanohablante compartido con 500 millones de hispanohablantes. Si me despido ‘ahí nos vidrios’, ‘ahí se ven’ o ‘vámonos yendo’, soy un ser histórico mexicano. Eso es compartir herencias, tradiciones”.
A pesar de que la lengua contiene distintas herencias compartidas, las metáforas son “la gran posibilidad de creación en la lengua”. Una metáfora, dijo, “es una asociación creativa entre dos conceptos, entre dos cosas, dos situaciones o dos ámbitos cognitivos, mentales, dos ámbitos mentales, que cualquier hablante puede hacer.
En general, una metáfora, que es un elemento más concreto, más cercano y tangible al individuo, se constituye en la base para elaborar una creatividad que es más distante, más compleja, una expresión más abstracta”.
Todas las metáforas, no obstante, carecen de significado referencial, “no tienen significado en el mundo. Si yo digo ‘hace que la Virgen le habla’, o ‘haces que la Virgen te habla’, no hay una Virgen y menos que hable la Virgen, y es una metáfora de ‘te estás haciendo pendejo’, que también es una metáfora. Porque a lo mejor el individuo es muy listo y justamente por eso hace que la Virgen le habla”.
La capacidad creativa de los seres humanos, explicó, “no es a partir de la nada, es más bien una revoltura de materia lingüística, gramatical, fónica previa, y entonces la revolvemos y terminamos haciendo que la Virgen nos habla, pero no es creación de la nada, sino que es algo conocido y más próximo a mi experiencia, al entorno. Se vuelve la base para codificar o expresar algo más distante, algo nuevo”.
Por eso, “las metáforas van siempre, siempre, en todas las lenguas del mundo, van de lo concreto a lo abstracto. La palabra sabor, de saborear, es la misma raíz de saber: una vez que lo saboreo, lo conozco, lo sé”. Otro factor determinante para la lengua, sostuvo la colegiada, es el del tiempo. “Los romanos pensaban que había una vida eterna en un camino, etcétera, pero ellos no podían construir el futuro y los cristianos, aunque seamos ateos, podemos construir nuestro futuro.
No se podría entender la literatura si no entendemos que los cristianos modificaron cognitivamente la noción de futuro y crearon una gran metáfora que es la vida como camino”. Uno de los grandes cambios conceptuales para la creatividad, enfatizó, “ha sido el paso de tiempo en movimiento de los romanos: ‘yo quieta y el tiempo llega a mí’ a ‘yo en movimiento, construyendo con mi buen comportamiento’.
El sentido de conducta es algo muy cristiano, construyendo la vida”. “Somos seres de sintaxis libres, capaces de crear y recrear, de generar lengua, pero siempre usamos las mismas formas, volvemos a las mismas rutinas, y es una asociación de material que va de lo concreto a lo abstracto. Los hablantes, sean de la banqueta o sean grandes escritores, somos altamente creativos y todos somos hijos del cristianismo en este momento, y conocer nuestra lengua nos da ciudadanía lingüística porque nos apropiamos de ella y nos da seguridad”, concluyó.