Cultura

Desde 2020, el proyecto editorial de Alfonso Santiago ha colaborado con más de 20 artistas de México y Latinoamérica para crear publicaciones que buscan alejarse del formato tradicional de los catálogos de arte

Piedra de Ediciones convierte el libro de arte en un objeto para leer, armar y experimentar

Los libros de arte no necesariamente tienen que ser objetos costosos destinados a una vitrina. Para Piedra de Ediciones, el proyecto editorial encabezado por el diseñador gráfico y editor Alfonso Santiago, un libro puede convertirse en una pieza para armar, un objeto portátil, un ejercicio de escritura o incluso un pretexto para generar conversaciones entre lectores.

El proyecto nació en 2020, a partir de la experiencia de Santiago en el diseño gráfico, los museos y la producción de libros de arte. Su interés surgió de observar publicaciones como hojas de sala y catálogos, pero también de preguntarse qué podía ocurrir cuando un proyecto artístico dejaba de utilizar el libro únicamente como registro de una exposición.

Todos los libros escapan de la idea de catálogo de arte y tratan de convertirse como en una especie de obra múltiple”, explicó Santiago durante una entrevista.

Desde entonces, Piedra de Ediciones ha colaborado con más de 20 artistas mexicanos y de distintas partes de Latinoamérica. Cada publicación tiene características distintas en cuanto a tamaño, formato y contenido, pues la intención es que la forma del libro dialogue con el proyecto artístico que contiene.

La selección de los autores tampoco responde a una fórmula única. Algunas colaboraciones parten de exposiciones que Santiago ya conoce y que posteriormente se transforman en publicaciones; otras nacen de conversaciones con artistas a partir de una idea todavía en proceso, mientras que algunos proyectos llegan prácticamente terminados y encuentran en el libro una nueva manera de existir.

No hay como tal una curaduría o un modo único de hacer los libros, pero sí siento que todos surgen de una colaboración, una conversación intensa, y como unas ganas de traducir los procesos artísticos a proyectos editoriales”, señaló.

Uno de los ejemplos es Actos de Imagen, proyecto que parte de un manual de defensa femenina. La artista utiliza distintas poses como un vocabulario corporal para después trasladarlas a encuadres, collage y escritura. El libro reproduce esas poses en diferentes recortes y posiciones para construir un lenguaje relacionado con el cuerpo y sus límites.

Otro caso es un proyecto de Samuel Lazo, quien reunió 100 pequeños ensayos sobre piedras encontradas en la historia del arte y de la cultura. Entre ellas aparecen referencias como el David y la piedra Rosetta. Para esta publicación, el formato de bolsillo fue parte fundamental de la propuesta, pues permite llevar el libro consigo y leerlo en momentos breves.

La editorial también ha experimentado con publicaciones que requieren una participación física del lector. En un libro de Claudia Luna, por ejemplo, en lugar de reproducir mediante fotografías las esculturas que semejan objetos encontrados en la vía pública, las piezas aparecen recortadas y listas para ensamblarse. Al terminar el proceso, el lector tiene una pequeña exposición construida por él mismo.

El libro, cuando terminas de armar estas piezas, terminas con una pequeña exposición en el bolsillo, en el librero”, explicó Santiago.

Para el editor, esa posibilidad de transformar el uso convencional del libro es uno de los principales intereses de Piedra. Una publicación puede ser leída de principio a fin, pero también puede permanecer sin armar, utilizarse como objeto decorativo, regalarse o adquirir nuevos significados a partir de la relación que cada persona establece con ella.

Incluso uno de los libros de bolsillo de la editorial ha sido utilizado por una lectora como una especie de oráculo, al elegir al azar una de sus páginas.

La apuesta también implica resistir el ritmo acelerado de la industria editorial. Piedra publica alrededor de cuatro libros al año y Santiago considera que el tiempo dedicado a conversar con los artistas y desarrollar cada proyecto forma parte de la identidad de la editorial.

Piedra Ediciones ha sido un espacio en el que sí quisiera mantener como una idea mucho más, no sé, como que los libros y los procesos editoriales toman tiempo, siento que es importante respetar esos procesos y esos tiempos, y sí, un poco ir en contra de la prisa y esta necesidad de la novedad”, dijo.

Esta lógica también modifica la manera de presentar y circular los libros. Un título publicado en enero puede tener una presentación meses después, como ocurrirá en octubre con uno de los proyectos de la editorial, que tendrá una nueva actividad en el marco del Festival Poesía en Voz Alta, en Casa del Lago, el 18 de octubre. En lugar de limitarse a una presentación convencional, se realizarán ejercicios de escritura y fotografía a partir de los materiales del libro.

La editorial mantiene además una distribución focalizada en librerías independientes, museos y espacios culturales. Sus títulos pueden encontrarse en lugares como Casa Tomada, Glaciar, Libros Helados, tiendas de museos y Casa Bosques, mientras que en Guadalajara tienen distribución en Impronta. También trabajan para ampliar su presencia en ciudades como Mérida y Tijuana.

La circulación internacional es otro de los objetivos de Piedra de Ediciones. Actualmente sus publicaciones han llegado a espacios de Estados Unidos, Colombia, Argentina y España, y en octubre participarán en la feria Recreo, en Valencia.

Creo que lo que sigue en Piedra es afianzar esas redes de distribución. Como que los libros lleguen mucho más rápido a todas las ciudades en México, y que estos espacios fuera de México también tengan como una... como que se vaya solidificando esa red de distribución”, apuntó Santiago.

Más allá de ampliar su alcance, el editor busca que cada libro encuentre nuevas formas de relacionarse con sus lectores. Uno de los casos que ejemplifica esta recepción es un ensayo de Cecilia Miranda Gómez sobre el color amarillo, construido a partir de los nombres de colores de pinturas comerciales y presentado con un formato inspirado en un catálogo cromático.

La primera edición, de 500 ejemplares, se agotó después de dos años y actualmente se encuentra en proceso de reimpresión.

Para Santiago, estos resultados muestran que incluso publicaciones visuales y experimentales pueden encontrar lectores, siempre que existan espacios que permitan descubrirlas. En ese sentido, las librerías independientes tienen un papel central porque ofrecen la posibilidad de encontrarse con libros y formatos que difícilmente tendrían el mismo espacio en una librería de gran escala.

Vale la pena acercarse a estos espacios, más allá de ir con el libro que quieres leer, mover qué te pueden recomendar, qué te puedes encontrar, y creo que, de nuevo, la conversación está ahí al centro de todo”, sostuvo.

Esa conversación también tiene un espacio físico en Glaciar, Libros Helados, proyecto que Santiago abrió junto con Daniel Bolívar hace tres años. El establecimiento funciona como un punto de encuentro para los libros de Piedra y otras editoriales independientes, pero también como una extensión de la filosofía del proyecto editorial: generar espacios donde las publicaciones sirvan como punto de partida para conversar.

Me gusta mucho que Glaciar, Libros Helados sea una extensión de todo lo que queremos que suceda en Piedra, sobre todo pensando en los libros como pretextos de conversaciones que también sucedan en un espacio físico”, concluyó.

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