
Todos conocemos la historia de Bella, la joven de un pequeño pueblo de Francia que, intentando salvar a su padre, termina prisionera en un enorme castillo encantado que esconde muchos secretos.
Y claro, con un final feliz de cuento de hadas: La bestia resulta ser un apuesto príncipe, víctima de un terrible hechizo que lo condenaba a permanecer convertido en un monstruo hasta que alguien capaz de ver más allá de su apariencia se enamorara de él.
Pero detrás de ese castillo encantado había un contexto mucho menos mágico de lo que nos pinta Disney.
La sociedad en la que se desarrolla la historia que conocemos forma parte de una Francia monárquica y jerarquizada, en la que era muy evidente la distinción entre clases sociales y un pueblo que comenzaba a cuestionar su propio régimen.
Entonces… ¿Cómo era la Francia en la que vivía Bella?
Bella no nació en el mundo que nos presenta la película de Disney. La historia que conocemos tomó forma en una Francia que vivía bajo el poder del Antiguo Régimen, décadas antes de la Revolución Francesa.
Era un mundo en el que la familia en la que nacías podía determinar parte de tus privilegios, obligaciones y posición frente al resto. La sociedad francesa estaba dividida en tres grandes bloques: El clero, la nobleza y el llamado Tercer Estado, que básicamente era la mayor parte de la población.
Porque sí, los enormes castillos, vestidos, festines, sirvientes y grandes bailes que vemos en el mundo de la Bestia antes del hechizo, no eran elementos a los que cualquiera pudiera acceder.
Y es justo esto lo que nos lleva a una de las escenas más famosas e icónicas de la película.
El lujo detrás de la cena

Pensemos en Nuestro Huésped Sea Usted.
Bella acaba de llegar al castillo y, en lugar de recibir una cena sencilla, Lumiére y todos los habitantes del castillo organizaron un espectáculo completo: cubiertos, vajilla, comida, música, baile, luces y una cantidad absurda de personal atendiendo a una sola persona.
Disney decidió convertirlo en uno de los números musicales más extravagantes de la historia, pero la idea de convertir la comida en un espectáculo no viene únicamente de la magia del cine.
En la Francia de esa época existía algo conocido como service à la française, que básicamente era una forma muy peculiar de organizar los banquetes. Los platos se presentaban sobre la mesa siguiendo una composición ordenada, cuyo fin principal era decorar. Los comensales podían servirse de lo que tenían cerca, mientras los sirvientes retiraban y reorganizaban la mesa para los siguientes servicios.
Digamos que la comida no sólo debía saber bien, sino también lucir espectacular.
Porque los banquetes tenían una función que iba mucho más allá de alimentar a los invitados; era una manera de demostrar el poder, la riqueza y la posición social, haciendo que la hora de comer se convirtiera en un espectáculo social.
Y es justo de este mismo contexto del que sale una de las frases históricas más famosas asociada a María Antonieta: “Que coman pastel”.
Aunque hay probabilidad de que nunca lo haya dicho, la frase funciona bastante bien para entender el contexto en el que se encontraba Francia en ese entonces. Mientras unos tenían dificultades para llevar pan a la mesa, otros convertían la hora de la cena en un espectáculo lujoso.
Una sociedad que comenzaba a cuestionarse
El lujo no solamente se encontraba en la comida.
En esa época Francia también vivió el auge del rococó, un estilo asociado a lo ostentoso, lo elegante y la decoración excesiva. Por lo que la aristocracia convirtió sus espacios, vestimenta y reuniones sociales en escenarios extravagantes para que cada detalle a su alrededor gritara estatus.
Pero mientras la aristocracia se preocupaba por su siguiente banquete, algo más estaba ocurriendo.
La Ilustración estaba comenzando a poner en duda muchas ideas que llevaban sosteniéndose durante siglos. Un movimiento intelectual que buscaba defender la razón, la adquisición de conocimiento, la ciencia, la libertad y en dónde se comenzaba a cuestionar las estructuras sociales que parecían intocables.
Aquí es donde Bella resulta especialmente interesante.
Su fascinación por los libros no solamente representa su deseo de escapar de un pueblo pequeño. Bella tenía hambre de conocimiento. Quería descubrir nuevos mundos, descubrir nuevas ideas, formas de pensar y encontrar una vida distinta a la que parecía estar destinada para ella.
Pero mientras esas ideas crecían sobre Francia, también acumulaba problemas.
Cuando el mundo de Bella empezó a cambiar
Uno de esos problemas fue el inicio de la Guerra de los Siete Años, un conflicto entre las principales potencias europeas de aquel entonces y que dejó a Francia con fuertes problemas económicos al terminar.
Después de décadas de desigualdad social, crisis económica y el movimiento de las nuevas ideas y cuestionamientos que trajo consigo la Ilustración, el pueblo francés decidió dejar de callar ante las desigualdades y fue entonces que estalló la Revolución Francesa.
El mundo en el que creció Bestia, lleno de castillos, banquetes y privilegios estaba a punto de cambiar.
Quizá por eso resulta tan curioso ver La Bella y la Bestia desde el punto histórico. Más allá de la magia hay una sociedad real que enfrentaba muchas dificultades.
Puede que la próxima vez que escuches Nuestro Huésped Sea Usted ya no veas solamente un número musical de Disney sino la pequeña ventana hacia el mundo que inspiró el cuento.