
El Museo Picasso de París se sumerge en el universo de Kurt Schwitters con una retrospectiva que reúne más de 300 obras y documentos de este artista inclasificable de la abstracción alemana vinculado al dadaísmo y al constructivismo.Nada más entrar a ‘Kurt Schwitters.
El caos-mundo 1918-1948’ su voz se apodera del espacio. El artista recita su ‘Ursonate’, una pieza de poesía sonora en la que deconstruye el lenguaje hasta convertirlo en una sucesión de sonidos, sílabas y palabras inventadas, mientras un gran cartel reúne numerosos retratos de él durante sus interpretaciones.La escena resume bien a Schwitters, un creador para quien las fronteras entre las disciplinas parecían no existir.
Pintaba, esculpía, hacía fotografías, collages y carteles, escribía poesía, editaba una revista, diseñaba y convertía sus propias obras en acontecimientos.Tras una formación clásica en Hannover, su ciudad natal, Schwitters se acerca al expresionismo a partir de 1916-1917 y, en 1918, presenta sus primeras abstracciones en ‘Der Sturm’, la célebre galería y revista berlinesa vinculada a la vanguardia.Un año después aparece ‘Merz’, el nombre que dará a sus famosos collages.
Schwitters recoge billetes de transporte, fragmentos de sobres y cartas, periódicos, etiquetas, números, dibujos y otros restos de la vida cotidiana y los convierte en composiciones que parecen surgir del azar.“Esos elementos insignificantes pueden volver a la vida y volver a crear un mundo armonioso”, explica la comisaria Cécile Godefroy, que destaca la atención al equilibrio entre textos y materiales y una nota de humor que a veces se acerca al ‘kitsch’.
El artista alemán acaba convirtiendo ‘Merz’ en todo un universo: poesía Merz, teatro Merz, diseño Merz, publicidad Merz e incluso una revista que Schwitters dirigió hasta 1932.
La obra más espectacular de la exposición es, sin embargo, el ‘Merzbau’, una escultura habitable, que Schwitters, que construyó y transformó durante años utilizando como soporte su propia casa en Hannover.El Museo Picasso presenta una reconstrucción de su espacio principal, una estructura de volúmenes, ángulos, huecos y juegos de luz por la que el visitante puede entrar y caminar.
El Merzbau original fue destruido en 1943 por los bombardeos aliados sobre Hannover. Para Schwitters, que se encontraba entonces exiliado en Inglaterra, fue “la destrucción de la obra de su vida. Un trauma y una pérdida irreversible”, recuerda el comisario Johan Popelard.
Schitters había abandonado Alemania en 1933 debido al nazismo, que lo consideraba un artista ‘degenerado’. Primero se refugió en Noruega y después en Inglaterra, donde vivió en condiciones precarias, alejado de su lengua, de buena parte de su entorno y de su mujer que decidió quedarse en Alemania.En Inglaterra volvió a empezar con pequeñas esculturas y ensamblajes realizados con materiales sencillos y recuperados.
Rudimentarias, transportables y alejadas de cualquier monumentalidad, esas obras tienen para la comisaria una dimensión especialmente “emotiva” y pueden entenderse también como “una respuesta a la estética monumental de los regímenes totalitarios”.Schwitters intentó incluso reconstruir su obra perdida.
En una antigua granja inglesa comenzó el ‘Merzbarn’, otro espacio inmersivo que quedó inacabado, reducido a un solo muro.La exposición deja la imagen de un artista “polimorfo”, como lo define Cécile Godefroy, capaz de atravesar el dadaísmo, el constructivismo y la abstracción sin someterse a ninguno y de convertir cada fragmento de su existencia en parte de una obra en permanente transformación.Montar esta retrospectiva ha sido “una batalla” por la dificultad para reunir sus obras, por su fragilidad y por la dispersión de su producción durante el exilio.
“Tal vez sea una de las últimas retrospectivas de Schwitters”, advierte el comisario, Johan Popelard, una frase que añade una dimensión especial a este regreso de Schwitters a Francia, 30 años después de la última exposición dedicada a su obra.