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Reseña

¿Qué pasa con el deseo cuando envejecemos? Jane Campbell responde en Cepillar al gato

La literatura ha hablado extensamente sobre el deseo durante la juventud, pero pocas veces se detiene en lo que ocurre cuando las mujeres envejecen. Los cuerpos mayores suelen aparecer asociados con la enfermedad, la fragilidad o la pérdida, mientras que el deseo parece quedar reservado para quienes todavía responden a los parámetros de juventud. Cepillar al gato, de la escritora británica Jane Campbell, parte precisamente de esa ausencia para plantear una pregunta incómoda: ¿por qué asumimos que el deseo desaparece con la edad?

Cepillar a un gato | Impedimenta (Toma de pantalla)

En los trece relatos que conforman el libro, Campbell se aproxima a mujeres mayores que continúan experimentando atracción, deseo, enamoramiento, curiosidad y necesidad de contacto. El resultado es una colección que aborda la vejez desde un lugar poco explorado: el de los cuerpos que siguen sintiendo.

Publicado por primera vez cuando Campbell tenía 80 años, el libro se convirtió en una de las revelaciones de la literatura inglesa reciente y llevó a que la autora fuera comparada con escritoras como Edna O’Brien, Muriel Spark y Daphne du Maurier. Su propuesta no consiste únicamente en reivindicar que las personas mayores tienen una vida sexual, sino en mostrar que el deseo puede adquirir nuevas formas con el paso del tiempo.

Uno de los primeros relatos presenta a una mujer mayor que comienza a sentir deseo por su enfermera, una mujer joven. La protagonista imagina su cuerpo, el contacto con su espalda y la sensualidad de sus formas. El deseo aparece entonces atravesado por algo más que la atracción: también funciona como una forma de mirar hacia la juventud, de recordar el propio cuerpo y aquello que alguna vez significó habitarlo.

Campbell no presenta esta experiencia desde la solemnidad. Por el contrario, sus cuentos se mueven entre el humor, la melancolía, la sensualidad y una mirada profundamente lúcida sobre el envejecimiento. Sus personajes pueden enamorarse de otras mujeres, experimentar deseo en espacios geriátricos, recuperar la ternura o enfrentarse a la transformación de sus propios cuerpos.

En Cepillar al gato, el deseo tampoco aparece como una experiencia exclusivamente sexual. Es físico, pero también emocional: tiene que ver con querer ser visto, tocado, amado y reconocido. En ese sentido, la intimidad se convierte en una manera de cuestionar la idea de que envejecer significa dejar de ser una persona deseante.

El propio título del libro condensa una de las características de la colección: Campbell encuentra erotismo y memoria en acciones aparentemente cotidianas. En el cuento que da nombre al volumen, el contacto con un gato y la sensación de su lengua sobre el cuerpo despiertan asociaciones vinculadas con el deseo y la memoria. Lo cotidiano se convierte así en una puerta hacia aquello que permanece en el cuerpo incluso cuando los años han pasado.

La autora escribe desde una experiencia que también resulta significativa dentro de la literatura contemporánea: Campbell publicó su primer libro de cuentos a los 80 años. Su edad no es un dato anecdótico, sino parte de la potencia de una obra que habla desde un territorio que pocas veces ocupa el centro de la conversación literaria.

A lo largo de los relatos aparecen cuerpos envejecidos que todavía sienten excitación, rabia, ternura y deseo; mujeres que se enamoran y mujeres que siguen descubriendo aquello que las atrae. La vejez deja de ser presentada únicamente como una etapa de pérdidas para convertirse también en un momento de posibilidades.

La apuesta de Campbell resulta especialmente relevante porque cuestiona una de las formas más persistentes de invisibilización de las mujeres mayores: convertirlas en personajes sin sexualidad. Mientras el cuerpo joven suele ser representado como objeto de deseo, el cuerpo envejecido desaparece de esa conversación o aparece únicamente desde la enfermedad y el deterioro.

Cepillar al gato se rebela contra esa mirada. Sus protagonistas no dejan de desear por cumplir años. Sus cuerpos cambian, sus experiencias se transforman y su relación con el placer puede ser distinta, pero el deseo permanece.

Por eso, más que una colección de cuentos sobre la sexualidad en la vejez, el libro de Jane Campbell puede leerse como una exploración sobre qué significa seguir sintiendo cuando la sociedad ha decidido que ya no deberías hacerlo. Campbell devuelve a sus personajes algo que con frecuencia la representación de la vejez les arrebata: la posibilidad de ser complejas, contradictorias, sensuales, divertidas y profundamente humanas.

Con una escritura que combina intensidad y pausa, Cepillar al gato propone detenerse precisamente allí donde suele terminar la mirada sobre las mujeres mayores: en el deseo. Y plantea que quizá la pregunta no sea si el deseo desaparece con los años, sino qué nuevas formas encuentra para permanecer.

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