Para migrar no basta con llegar a otro país. También existe una serie de expectativas sobre cómo debe comportarse quien llega: cómo debe hablar, qué debe agradecer, cuánto debe asimilarse y hasta qué lugar puede ocupar. Para la escritora sinaloense Rosa Ramírez, esa presión por convertirse en una “buena migrante” es una de las preguntas centrales de Material Inflamable, novela publicada por Almadía.

Ramírez nació en Mazatlán, Sinaloa, y vivió ahí hasta los 13 años, cuando se trasladó a Casa Grande, Arizona, una ciudad fronteriza donde comenzó otra etapa de su vida. Más tarde estudió una licenciatura en Massachusetts y una maestría en la Universidad de Iowa. Su experiencia de ir y venir entre México y Estados Unidos se convirtió en parte fundamental de la novela.
“Siempre he ido y venido de Mazatlán, de México a Estados Unidos, y ha sido también una gran parte de mi experiencia poder regresar, poder venir y venir”, cuenta.
La autora estudió literatura latinoamericana con un enfoque en mujeres y personas sexodiversas. Aunque comenzó escribiendo poesía, fue durante su maestría en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Iowa cuando comenzó a acercarse a la narrativa. Llegó al programa con un manuscrito de poesía y, al encontrarse con los talleres de ficción y teatro, decidió tomarse en serio la posibilidad de escribir narrativa.
Material Inflamable surgió inicialmente sin la intención definida de convertirse en novela. Ramírez comenzó a trabajar a partir de diarios, poemas, recuerdos y experiencias relacionadas con sus desplazamientos entre Massachusetts, La Habana y otros lugares, hasta descubrir que el proyecto podía convertirse en una obra de mayor extensión.
El proceso, sin embargo, estuvo acompañado por una preocupación constante por las convenciones narrativas. La escritora explica que durante un tiempo se impuso numerosas reglas sobre cómo debía escribirse una novela, hasta que decidió dejar de obedecerlas y seguir el impulso de contar desde la perspectiva de su protagonista.
“En algún momento decir, ¿sabes qué?, no tengo que obedecer a ninguna convención, simplemente voy a obedecerle más que nada al impulso de contar estas perspectivas, y pues de ahí nació Material Inflamable”, explica.
Esa libertad también determinó la voz de la novela. La protagonista habla desde la honestidad, con un lenguaje desenfadado y crudo que evita explicar constantemente sus pensamientos y decisiones. Para Ramírez, una vez que esa voz comenzó a tomar forma, su trabajo consistió en seguirla.
La construcción del lenguaje fue especialmente importante porque la protagonista está atravesada por el bilingüismo. El español de la novela incorpora una identidad norteña, sinaloense y fronteriza, además de la influencia del inglés no solamente en el vocabulario, sino también en la sintaxis.
“Quise hacer el intento lo más posible de que fuera una voz y de construir un lenguaje que se podía definir, no solo como una manera de hablar muy mexicana, pero muy norteña, muy sinaloense, muy fronteriza”, señala.
La autora decidió además no jerarquizar los idiomas dentro de la narración. Durante la edición, rechazó la convención de colocar en cursivas las palabras en inglés, pues consideró que hacerlo establecería una separación artificial entre las lenguas que forman parte de la voz de la protagonista.
La decisión fue acompañada por Almadía, editorial a la que Ramírez se acercó porque podía imaginar su novela dentro de un catálogo interesado en voces nuevas y poco visibles.
Pero detrás de la experimentación formal está una pregunta sobre la pertenencia. Para Ramírez, migrar a Estados Unidos implica enfrentarse a estereotipos construidos desde distintas formas de violencia: la clase social, el lugar de procedencia, la manera en que se migró e incluso la zona en la que se vive.
La persona migrante puede encontrarse así ante una exigencia contradictoria: demostrar que merece estar ahí y, al mismo tiempo, no dejar de ser quien es.
“Hay un nivel de presión como de que esto es lo que tengo que hacer para salir adelante, para ayudar a mi familia. Es un peso enorme”, explica.
Al llegar a determinados espacios, dice, incluso cuando una persona logra demostrar que pertenece, puede aparecer otra exigencia: estar agradecida, comportarse de determinada manera y asimilarse a ciertas normas para conservar ese reconocimiento.
“Te están haciendo querer sentir como no solo el hecho de que no perteneces, porque luego quizás sí hay como un nivel de, ok, sí, o sea, sí, quizás perteneces, pero tienes que estar muy agradecida, tienes que comportarte de cierta manera, tienes que ser una buena latinoamericana, una buena migrante”, plantea.
La expresión “buena migrante” se convierte entonces en una categoría más dentro de las expectativas que pesan sobre quienes se desplazan. Para la escritora, cuando una persona no encaja en los estereotipos establecidos sobre cómo debe ser un migrante, el sistema busca crear otra clasificación para explicarla.
“Solo puede ser un buen migrante si migras de cierta manera, cabes dentro de estos sistemas”, afirma.
La protagonista de Material Inflamable busca existir fuera de esas categorías. Ramírez explica que quería imaginar qué sucedería si una persona pudiera escapar, aunque fuera dentro de la ficción, de las repercusiones que existen cuando alguien decide no obedecer las reglas de asimilación.
La novela también amplía la experiencia migratoria más allá del desplazamiento entre países. Para la autora, irse de casa para estudiar, especialmente cuando se trata de una persona que es la primera generación de su familia en acudir a la universidad, también implica una forma de migración: abandonar los espacios conocidos, llegar a una ciudad nueva y perder temporalmente las estructuras que daban seguridad.
Esa dimensión permitió que lectores con experiencias distintas encontraran puntos de conexión con el libro. Algunos se han acercado a la novela desde su propia experiencia migratoria; otros, desde la salud mental, la relación con las sustancias o la experiencia de las mujeres y su vínculo con la locura.
Publicada primero en España y posteriormente en México, Material Inflamable ha tenido una recepción que la autora describe como inesperada. Ramírez destaca que cada lector se acerca al texto desde sus propias experiencias y que esa diversidad de interpretaciones también forma parte de lo que buscaba provocar con la obra.
Aunque actualmente se encuentra en Estados Unidos, la autora continúa vinculada con México y señala que espera regresar en los próximos meses para continuar compartiendo la novela con lectores.
Más que ofrecer una definición de lo que significa migrar, Material Inflamable plantea una pregunta sobre las condiciones que se imponen para poder pertenecer: ¿qué sucede cuando una persona se niega a convertirse en la migrante que los demás esperan que sea?