Cultura

La escritora lleva su escritura a la novela con una historia sobre la infancia, la identidad y las huellas que deja abandonar el lugar de origen; la obra llegó a las librerías mexicanas en septiembre, bajo el sello de Tránsito Editorial

Miriam Reyes explora las fracturas de la memoria y la migración en La edad infinita

La memoria no es un registro inamovible del pasado, sino una construcción que cambia con los años, se fragmenta y, en ocasiones, pone en duda aquello que creíamos recordar. Desde esa premisa, la escritora Miriam Reyes construye La edad infinita, su primera novela, en la que explora la migración durante la infancia, la identidad y las fracturas internas que acompañan a quienes crecen entre dos lugares.

La edad infinita | Miriam Reyes (Cortesía)

Publicada por Tránsito Editorial y distribuida en México por Ladolibro, la obra llegó a las librerías mexicanas en septiembre, después de su publicación en España. En entrevista con La Crónica de Hoy Jalisco, Reyes habló sobre el proceso de trasladar su experiencia como poeta a la narrativa y la manera en que la distancia temporal transforma los recuerdos.

Aunque durante años se ha dedicado principalmente a la poesía, la escritora explicó que la narrativa fue su primer acercamiento a la escritura. Desde pequeña intentó contar historias, pero encontró en la poesía una forma de expresión con la que se identificó profundamente. La posibilidad de escribir una novela permaneció, sin embargo, como una inquietud que retomó en distintos momentos de su trayectoria.

“Cuando ya llevas mucho tiempo con un género, entonces es como que te das más cuenta de lo diferente que es el proceso, lo diferente de lo que puedes hacer allí”, señaló.

Para Reyes, una de las principales diferencias entre ambos géneros radica en la forma de abordar el relato. Mientras la poesía permite saltos y una exploración de lo esencial, la novela le exigió desarrollar una historia, incluso cuando su intención inicial era escribir sin tener que contar de manera convencional.

La búsqueda de la voz narrativa fue determinante para encontrar la estructura definitiva de La edad infinita. En un primer borrador, la historia estaba escrita en primera persona y en presente, pero esa perspectiva no le ofrecía la intensidad que buscaba ni conseguía integrar la forma con el contenido.

La versión final alterna la mirada de una niña de ocho años con la de una narradora adulta que vuelve sobre su propia infancia. El cambio entre la tercera y la primera persona permite observar a esa niña como alguien distinto y, al mismo tiempo, reconocerla como parte de quien narra. A esa estructura se suma un “tú” que representa al país, un destinatario con el que la narradora establece un diálogo.

“Hasta que no das con la voz, el tono, la mirada y la forma, que es un todo junto, no funciona”, explicó la autora.

La memoria como una construcción

Uno de los ejes de la novela es la memoria y la manera en que reconstruimos el pasado. A través de los recuerdos incompletos de la protagonista, Reyes cuestiona la certeza con la que las personas narran sus propias experiencias y la posibilidad de distinguir entre lo que ocurrió y aquello que, con el tiempo, han reconstruido.

La escritora consideró que necesitó tomar distancia de su infancia para abordar estas preguntas. Con los años, dijo, se vuelve más evidente que la memoria no conserva intactas las experiencias, sino que selecciona, transforma y completa fragmentos.

“Al final el relato nos lo volvemos a contar todos los días, consciente o inconscientemente. Y en ese volvernoslo a contar puede cambiar”, afirmó.

La autora también señaló que los recuerdos compartidos pueden diferir entre quienes vivieron una misma experiencia. Cada persona reconstruye los acontecimientos desde su propia perspectiva, por lo que resulta difícil establecer quién conserva una versión exacta de lo sucedido.

En la novela, esta incertidumbre no se limita a una reflexión sobre el pasado: también muestra cómo la manera de recordarlo influye en la identidad y en la relación que una persona establece con su presente.

Migrar durante la infancia

La migración es otro de los temas centrales de La edad infinita. A través de la experiencia de una niña que debe acompañar a su familia y adaptarse a un entorno distinto, Reyes pone el foco en una perspectiva que, considera, suele quedar relegada: la de las infancias que abandonan su lugar de origen sin tener capacidad de decidir sobre ese cambio.

La escritora cuestionó la idea de que los niños se adaptan con mayor facilidad a las transformaciones y, por tanto, sufren menos sus consecuencias emocionales.

“Como si los niños fueran de la misma manera que sus huesos. Son más flexibles y si se caen es más probable que no se rompan nada o que se curen antes, como si eso aplicara también a lo psicológico”, expresó.

Para Reyes, la experiencia migratoria es profundamente transformadora, aunque sus efectos varían según la edad, el género y la clase social. También advirtió que no todas las personas migran por las mismas razones: algunas buscan escapar de la violencia, mientras que otras persiguen oportunidades que no encuentran en su lugar de origen.

En ese sentido, consideró importante ampliar la conversación sobre la migración más allá de las historias de éxito. Durante la recepción de la novela, ha encontrado lectores que se reconocen en las experiencias de quienes emigran buscando una vida mejor y deben enfrentar la posibilidad de regresar sin haber conseguido aquello que esperaban.

La autora ha recibido comentarios especialmente significativos desde Galicia y Venezuela, lugares vinculados con las experiencias que atraviesan el libro. También ha encontrado resonancias entre personas que han migrado a España durante el siglo XXI o que han vivido desplazamientos dentro de un mismo país, por ejemplo, al trasladarse de una localidad pequeña a una capital.

Aunque la historia se sitúa en un contexto particular, Reyes considera que sus temas permiten establecer conexiones con distintas experiencias de desplazamiento y con la sensación de ser alguien diferente en un lugar nuevo.

Pertenecer a dos lugares y a ninguno

La identidad de la protagonista también está atravesada por la dificultad de pertenecer a dos espacios distintos. La experiencia de ir y volver transforma su manera de reconocerse y la obliga a convivir con dos versiones de sí misma.

Al hablar de este tema, Reyes recurrió a su propia experiencia para explicar que la pertenencia no siempre se resuelve con la elección de un lugar sobre otro.

“Creo que hay un ser y no ser de los dos sitios a la vez”, dijo.

La escritora describió una lucha entre la percepción personal y la mirada de los demás: la sensación de pertenecer a un sitio, pero también de no tener derecho a considerarse parte de él porque falta algún vínculo, como haber nacido allí.

Esa tensión se refleja en la novela mediante una identidad que no termina de acomodarse por completo en ninguno de sus espacios de origen. En lugar de presentar la pertenencia como una respuesta definitiva, la obra muestra las contradicciones de vivir con una parte de uno mismo vinculada a cada lugar.

La infancia que permanece

El título de la novela también remite a las fracturas internas que persisten con el paso del tiempo. La narradora adulta se relaciona con la niña que fue desde una distancia que oscila entre el rechazo, la incomodidad y el reconocimiento.

Reyes explicó que buscaba mostrar ese proceso de confrontación con la infancia, así como los mecanismos de autoabandono y autodesprecio que pueden surgir cuando una persona intenta seguir adelante sin detenerse a mirar aquello que la ha marcado.

“Lo que se muestra en la novela precisamente es toda esa dificultad también”, señaló.

Aunque la relación entre la adulta y la niña está atravesada por tensiones, también existe un intento de acercamiento. Para la autora, se trata de aprender a convivir con esa parte de la propia historia que permanece presente, incluso cuando se intenta dejarla atrás.

La recepción del libro ha confirmado, según relató, que sus temas pueden dialogar con experiencias muy diversas. En clubes de lectura, por ejemplo, ha encontrado mujeres de distintas generaciones que reconocen en la novela las violencias cotidianas que han vivido, incluidas aquellas que ocurren en los espacios públicos.

Para Reyes, una de las posibilidades más valiosas de la literatura es que los lectores encuentren en una historia ajena elementos de su propia vida. La edad infinita propone así una reflexión sobre la memoria, el desarraigo y las identidades que se construyen entre lugares distintos, pero también sobre la dificultad de reconciliarse con quien se fue durante la infancia y continúa formando parte de la persona adulta.

Tendencias