Anna Starobinets tiene una manera particular de mirar el mundo: mientras experimenta las emociones de la vida cotidiana, otra parte de ella observa, registra comportamientos y encuentra historias en aquello que podría pasar inadvertido. La escritora rusa, que actualmente reside en Barcelona, convierte esa doble mirada en una herramienta narrativa con la que construye personajes y universos de ficción.
De visita en México con motivo de la Feria Internacional del Libro de Monterrey, donde presenta su obra, publicada por Impedimenta, Starobinets conversa con La Crónica de Hoy sobre su proceso creativo, la influencia del periodismo en su obra y la imaginación como una capacidad que procura mantener abierta desde la infancia.
“Hay otra yo que es muy fría y muy observadora, y quizás bastante inteligente, y no tiene sentimientos, no tiene emociones. Solo sigue observando si hay algo que la vida puede ofrecerle para usarlo en su escritura”, explica.
Esa observadora interior permanece activa incluso en los momentos difíciles. Mientras una parte de ella experimenta el dolor o la incertidumbre, otra registra las reacciones, los comportamientos y los detalles que, más adelante, podrían convertirse en literatura. No se trata necesariamente de tomar notas, sino de una atención constante hacia las personas y las situaciones que la rodean.
A esa observación se suman sus sueños, las imágenes que surgen espontáneamente y una imaginación que, asegura, la acompaña desde niña. “Solo intento no bloquearla”, dice sobre su manera de trabajar con ideas, metáforas y personajes que aparecen en su mente sin que tenga que buscarlos deliberadamente.
Investigar para construir universos creíbles
Aunque abandonó el periodismo alrededor de 2013, después de ejercerlo en Rusia, Starobinets reconoce que esa experiencia continúa siendo útil para su trabajo literario. La investigación, la búsqueda de testimonios y la consulta con especialistas le permiten construir ficciones que mantienen un vínculo reconocible con la realidad.
Durante la preparación de El vado de los zorros, entrevistó a biólogos, ingenieros e historiadores, así como a un hombre que había trabajado en la KGB. Para ella, la documentación es fundamental cuando una historia incorpora elementos de ciencia ficción: cuanto más consistente sea el mundo que construye, más posibilidades tendrá de convencer al lector.
“Siempre intento mantener la credibilidad y la autenticidad de la realidad. Es importante que toda la realidad sea muy real, porque, si no, el lector no va a creer en mi asunción de la ciencia ficción”, señala.
Sin embargo, la escritora distingue entre investigar para contar una historia y escribir ficción. En el periodismo, explica, es necesario conocer a fondo aquello sobre lo que se informa; en la literatura, en cambio, el autor puede concentrarse en aquello que desea mostrar y construir una perspectiva particular.
La ficción también le ofrece una libertad que valora especialmente: decidir el destino de sus personajes y desarrollar su universo sin las intervenciones que implica trabajar en una producción audiovisual.
“Soy la única persona a cargo de esos personajes, de sus destinos, de sus líneas argumentales, porque es mi universo”, afirma.
Como guionista, en cambio, debe participar en un proceso colectivo en el que numerosas personas intervienen con sus propias ideas sobre la historia. Aunque reconoce las posibilidades que ofrece el trabajo audiovisual, considera que escribir libros le permite conservar una autonomía creativa distinta.
Una fotografía o una película completa
La diferencia entre un cuento y una novela también está relacionada con la manera en que Starobinets observa una historia. Desde el principio, asegura, suele saber qué formato necesita una idea.
Un cuento es como una fotografía: concentra la atención en un acontecimiento, una sensación o una situación particular, sin necesidad de desarrollar todo lo que existe alrededor. Una novela, en cambio, exige explorar el universo completo, conocer a sus personajes y seguir sus trayectorias antes y después del acontecimiento central.
“Cuando me interesa el universo en general, con todos sus detalles, eso probablemente significa que quiero ver toda la película”, explica.
Esta distinción determina su método de trabajo. Para escribir un relato, puede bastarle con tener la historia en mente y sentarse a desarrollarla. Una novela requiere un periodo de preparación mucho más largo, durante el cual construye la arquitectura narrativa y traza los recorridos de cada personaje.
Su método es particularmente visual: utiliza grandes hojas de papel que extiende en el suelo para dibujar las líneas argumentales, identificar los puntos de encuentro y anticipar las conexiones entre los personajes. Prefiere esta disposición física a las aplicaciones digitales porque necesita observar la estructura completa de la historia de una sola vez.
En ese espacio de trabajo también aparece Udo, su perro, que suele colocarse sobre los papeles y defenderlos como si fueran objetos de enorme valor. La anécdota revela una faceta cotidiana de una autora cuyo proceso creativo combina planificación minuciosa e imaginación espontánea.
Además de El vado de los zorros, Impedimenta publica en español La glándula de Ícaro, otro de sus libros, que permite acercarse a su manera de explorar las contradicciones humanas y las situaciones cotidianas desde perspectivas inesperadas.
Para Starobinets, escribir implica mantener los ojos abiertos: observar a los demás, examinarse a sí misma y encontrar en la experiencia cotidiana materiales para construir historias. Más que buscar ideas de manera deliberada, su método consiste en prestar atención y dejar que la imaginación haga su trabajo.