
El azul que cambió la historia del ballet vuelve a México. La Compañía Nacional de Danza (CND) que dirige Eric Rodríguez, presentará la Gala Balanchine del 8 al 19 de noviembre en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes. Sólo seis funciones con música en vivo a cargo de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes bajo la dirección de Gavriel Heine: los días 8 y 15 a las 5 de la tarde, los días 10, 12, 17 y 19 a las 8 de la noche.
Se trata de un histórico homenaje a George Balanchine (1904-1983), el genio ruso-americano fundador del New York City Ballet, creador de más de 400 coreografías y padre del ballet neoclásico. El montaje se realiza bajo la estricta supervisión de The George Balanchine Trust, que garantiza la fidelidad al estilo original.
El programa reúne tres joyas que explican por qué su lema era “Ver la música y escuchar la danza”:
1.- “Serenata” de 1934. (La obra que ve en las fotos). Se trata de la primera coreografía que Balanchine creó al llegar a USA, y utiliza la música de Tchaikovsky, su “Serenata para Cuerdas”. Aquí nace el famoso “Azul Balanchine” (Rosenthal Blue): el diseño de iluminación de Jean Rosenthal que con gasas retroiluminadas y suelo gris crea la ilusión de bailarinas flotando bajo la luz de la luna. Sin argumento, sin decorado. Solo 28 bailarines en escena.
2.- “Tema y variaciones” de 1947. Con música de Tchaikovsky, creada originalmente para los legendarios Alicia Alonso e Igor Youskevitch. Es considerada la prueba de fuego técnica de cualquier compañía por su complejidad progresiva: exige precisión absoluta, coordinación milimétrica y una resistencia física extrema.
3.- Tchaikovsky Pas de Deux. Virtuosismo y fuegos artificiales clásicos. El elenco: Una CND en plena forma. Primeras bailarinas Valeria Mariaud, Ana Elisa Mena, Mayuko Nihei y Yoalli Sousa; primeros bailarines Alejandro Hidalgo y Argenis Montalvo; primeros solistas Greta Elizondo, Elisa Ramos y Alejandro Mendoza, junto a solistas, corifeos y cuerpo de baile.
Fundada en 1963, la CND refrenda con esta gala su vocación: articular el rigor clásico con el repertorio universal más exigente.
En la foto anterior, el momento más teatral de “Serenade”. La figura del ángel oscuro de pie en arabesque, la otra bailarina en el piso, y el partenaire detrás sosteniendo. El tul celeste volando. Es el Balanchine puro; drama sin pantomima, solo con el cuerpo y la música de Tchaikovsky.