
“Una vez esparcidos los elementos con que voy a trabajar, el proceso es meterse en el personaje de escritor y atornillar un elemento con otro, hasta que termino un libro, sea novela o ensayo”, comparte Jordi Soler.
“Trabajo siempre igual”, asegura en el Festival Escribidores 2026. Bajo el tema “Libertad en la escritura”, este jueves en la Universidad de la Libertad se realizaron 7 mesas de conversaciones, con 19 participantes provenientes de Ecuador, Cuba, Perú, Francia y México.
Entre ellos, el novelista y columnista Jordi Soler conversa con el historiador y cronista Carlos Tello Díaz durante la primera mesa, titulada “Crónica y ensayo: entre política y arte” y bajo la moderación de Raudel Ávila abordan cómo distintas formas de escritura derivan en genuinas experiencias literarias.
¿En qué medida el componente autobiográfico impacta su escritura? ¿Se mezcla la política o convicciones personales en la escritura de crónica, ensayo, etc? son las preguntas que lanza el moderador para abrir la plática.
Jordi Soler toma el primer turno de palabra y explica que su experiencia de escritura es con novelas y ensayos.
“Las novelas se escriben a partir de lo que no existe. Siempre estás escribiendo hacia adelante, hacia el futuro, un universo completo que tienes que inventar desde el grado cero. Y el ensayo, al contrario, toma elementos de la realidad aunque siempre con un élan literario”.
Apunta que la intervención entre novela y ensayo, para él, siempre ha sido productiva y considera que sus novelas “son por tramos bastante ensayadas”.
Respecto de cómo se mezclan vida y literatura, el escritor recuerda que en una de sus novelas autobiográficas le cambió el nombre a su mamá, por pudor, pero cuando suficiente gente hubo leído el libro, ella se llamaba como el personaje.
“Los lectores de la novela le habían cambiado el nombre. Ahí está la interacción entre la realidad y la ficción, que es donde yo trabajo”, comenta.
Ahonda que la intención ulterior de las novelas no es contar la verdad, sino construir una narración que lo parezca.
“Las novelas tienen que parecer verdad y ahí es donde los narradores de ficción utilizamos todo nuestro instrumental literario. Este instrumental yo lo utilizo para escribir mis ensayos”.
Como todo escritor suele tener temas a los que vuelve, Soler identifica en su trabajo tres o cuatro obsesiones a las que le da vueltas con cada trabajo escrito, desde puntos de vista distintos, de modo que el mismo “instrumental” que utiliza para hacer novelas le funciona perfectamente para los ensayos.
“Los escritores acabamos escribiendo las obras que nos gustaría leer A mí los ensayos que me gustan son los que tienen un ímpetu literario, los que coligen cosas, no solamente tomando en cuenta los elementos de la realidad sobre la que están ensayando, sino a la manera de de la ficción”, explica.
Ejemplifica que en sus libros de ensayo “hay saltos mortales sustentados solo por la ficción que van de un dato a otro” y destaca la importancia de equilibrar las dosis de realidad en este tipo de escritura.
“Si te falta la proporción literaria estás escribiendo datos al estilo periodístico que tendrán una vida perecedera. Lo que sostiene a los ensayos importantes es precisamente el ímpetu literario, es lo que los hace textos que pueden leerse en cualquier época del tiempo”, opina.
Por su parte, Carlos Tello Díaz señala que “necesita estar anclado a la realidad para empezar a escribir” y coincide con aquella aseveración de Borges sobre cómo la realidad no tiene la obligación de ser interesante.
“No la tiene, pero pienso que siempre es posible decir cosas interesantes sobre la realidad”, detalla.
Para él, en tanto que escritor de crónicas, testimonios y reportajes resulta evidente la existencia de una tensión entre el deseo de decir cosas interesantes y ceñirse a los datos de la realidad.
“Muchos de los grandes reporteros y cronistas autores de libros de viaje de nuestros tiempos vivieron muy intensamente esta tensión en su obra y, en algunas ocasiones, han sido criticados por ceder a la tentación de ser interesantes a toda costa y sacrificar un poco el rigor que deben tener también como autores que pretenden retratar la realidad que vivieron”, observa.
Esta misma tensión, señala, es la que vive el escribidor en la gran novela de Mario Vargas Llosa (La tía Julia y el escribidor) “que conforme lo leemos cada vez se aleja más de la realidad y cada vez se concentra más en sus propios fantasmas”.
“Yo nunca he escrito novelas. Me costaría mucho trabajo hacerlo”, añade.
ESCRIBIDORES 2026
“En los tiempos que corren, la escritura es atacada por viejos enemigos como la censura, pero también por otros más recientes e igualmente perversos, como la corrección política canceladora, el acoso cibernético, los modernos populismos e incluso por nuevas tecnologías que amenazan con desvirtuar la naturaleza misma del hecho creativo, como la inteligencia artificial”, inaugura Raúl Tola, Director de la Cátedra Vargas Llosa.
Leonardo Padura, David Toscana, Pablo Boullosa, Alberto Ruy Sánchez, Rocío Cerón, Cristopher Domínguez Michael, Jean Meyer, Rafael Pérez Gay, María Rivera y Claudia Kerik son algunos de los invitados destacados, cuyas conferencias puedes seguir a través del youtube de la Universidad de la Libertad. Puedes ver la primera mesa de conversación entre escribidores en https://www.youtube.com/live/MwzLSnJ9fgI