
Imposible pasar por alto el llamado Lunes Negro, el día después de finaliza la temporada de la NFL y cuando la guillotina de los dueños de franquicias corta cabezas sin misericordia a diversos entrenadores en jefe. Este año, por supuesto, no fue la excepción y cayeron algunos que ya se esperaba y otros que de una u otra manera, quizá merecían el beneficio de la duda.
Los sacrificados fueron, al menos en el primer día, cuatro: Raheem Morris en Atlanta, Jonathan Gannon en Arizona, Kevin Stefanski en Cleveland, Pete Carroll en Las Vegas, y de último momento a John Harbaugh de Baltimore; de los dos primeros ni sorprendernos, ciertamente su trabajo no mostraba un avance progresivo como para suponer que el próximo año tanto Halcones como Cardenales serían contendientes en su División; ni que alegar ahí, no hay argumentos que los defiendan; sin embargo, los tres siguientes si que llaman la atención, comencemos por Stefanski, de quien su despido se me antoja un poco injusto toda vez que él no ha sido el culpable de muchas de las decisiones que mantienen a los Browns hundidos en la mediocridad desde hace años.
¿INJUSTO?
Stefanski no fue el responsable de la desastrosa contratación del quarterback DeShaun Watson, por quien el equipo pagó el único contrato totalmente garantizado de la historia y ahora los mantiene en un limbo absoluto. Stefanski no pidió a Watson, fue el dueño del equipo, Jimmy Haslam, quien movió cielo, mar y tierra, y principalmente la billetera, para llevárselo a Cleveland.
Stefanski ha sido el rehén de las decisiones de la directiva y ahora es quien paga los platos rotos de un carísimo capricho del propietario. Este coach cumplió hasta el final; primero los hizo ganar en grande hace algunos años con Baker Mayfield como pasador, al cual dejaron ir por problemas de lesiones y ante las cuales parecieron no tener la paciencia necesaria para manejar la situación. Al parecer en ese momento la última palabra la tuvo la gerencia general, no el entrenador. Posteriormente, y tras el fracaso de Watson, Stefanski se las arregló para tratar de ganar con lo que le pusieran de quarterback; llámese un veterano como Joe Flacco, o un novato que no ofrece nada más allá de lo habitual, como Shedeur Sanders.
Sin más miramientos dejaron ir a un buen entrenador de tendencia ofensiva, que se crea o no, pronto será contratado por alguna franquicia, porque talento lo tiene.
YA NO VENDÍA
En lo que respecta al muy sorpresivo adiós de Harbaugh nadie lo esperaba, yo creo que ni él. Tras 18 años al frente de los Cuervos y un Super Bowl, parecía que aguantarían más, toda vez que el año anterior firmó una extensión de contrato hasta el 2028. Muchos creen que se debió a que, a pesar de tener a un quarterback que ya has dio dos veces MVP de la Liga como Lamar Jackson, no ha trascendido en los playoffs y mucho menos ha pidido acceder a otro Super Bowl.
Entre bambalinas se dice que la relación entre Harbaugh y Jackson no es la mejor, y para ser sinceros, en la Liga existe una política no escrita pero si muy ejecutada de que el equipo prefiere mantener al estrella que al coach. Asimismo, no es un secreto que durante la campaña tan irregular que tuvieron los Cuervos el coach Harbaugh fue abucheado varias ocasiones en su estadio.
No obstante, hay un detalle que fue clave para su despido: su imagen y liderazgo ya no vendían. Si, se dio a conocer que durante esta campaña muchos asientos del estadio se quedaron vacíos ante el mal paso del conjunto, es decir, menos dinero por entradas, y eso es un golpe directo al bolsillo del señor Steve Bisciotti, el dueño del equipo, algo que no se puede ignorar.
CUANDO NO BASTA LA EXPERIENCIA
El otro caso, y que ciertamente ya se cantaba desde hacia semanas atrás, y que incluso lo comentamos en este espacio, fue la salida de Carrol con los Raiders.
Mucho ponderábamos el tema de su avanzada edad, 74 años, que sin ir mas lejos y dejándonos de rodeos, hipocresías y falsedades, es demasiado para una Liga donde la renovación es una bandera y, dicho sea de paso, les ha beneficiado al comprobar que la NFL es una de las Ligas deportivas más emocionantes e intensas del orbe.
La NFL apuesta por el empuje de las nuevas generaciones. Coaches jóvenes con ideas frescas y una imagen y carácter que motiva a sus jugadores. Así que seamos sinceros, la NFL va con lo nuevo, y no esta mal, el resultado salta a la vista.
Y no es que se tenga algo contra la gente de edad avanzada como Carroll, pero la Liga parece no tener espacios para alguien que quizá ha perdido la frescura.
Si lo anterior fuera una mentira o excepción, ahí tenemos el caso de Bill Belichick, un entrenador ganador de seis Super Bowls, que hace un par de años cuando quiso salir del retiro y volver a dirigir como head coach en la NFL. Nadie se le acercó para ofrecerle una oportunidad; lo usaron como señuelo en Atlanta, equipo que al final terminó por llevarse a Morris como coach, cuando el mismo Belichick ya se veía como el entrenador de los Halcones.
Ahora dirige a nivel universitario, a Carolina del Norte, donde trata de imponer su disciplina no sólo deportiva y estratégica de este deporte, sino de la vida misma para chicos que ciertamente requieren de una figura de verdadera autoridad.
No obstante, esos mismos chicos que de un día para otro pasan de ser jóvenes prospectos universitarios a hombres con enormes cuentas bancarias y un poder mediático apabullante ya en el profesionalismo, requieren de otra clase de imagen de líder, de alguien más joven que los convenza de sus ideales, no un hombre de más de 70 años que, por más experiencia que pueda tener, poco podrá inspirar a sus jugadores.
EL CAMBIO GENERACIONAL
La NFL lo ha comprendido muy bien, y no en vano hemos visto llegar a puestos de coach general a hombres muy jóvenes como Sean McVay de Los Angeles Carneros, quien a los 35 años tomó las riendas de los Carneros logrando un impacto inmediato, y casos similares hay varios como Kyle Shanahan en San Francisco, Zach Taylor en Cincinnati, DeMeco Ryan en Houston, Liam Cohen en Jacksonville, Nick Siriani en Filadelfia, Ben Johnson en Chicago, Matt LaFleur en Green Bay, Kevin Oconell en Minnesota, Dave Canales en Carolina, Mike McDonald en Seatlle y hasta Kellen Moore en Nueva Orleans.
Todos ellos han demostrado que la NFL es una Liga que se refresca continuamente tras la renovación real de sus líderes, donde los coaches de mayor edad, quizá con más de 60 años, pueden seguir aportando pero desde otras funciones como asistentes, coordinadores o asesores como es el caso de Steve Spagnolo como coordinador defensivo de Kansas City o Vic Fangio también encargado de la defensa en Filadelfia.
Un dato que avala lo anterior es que, no olvidemos que cuando los Carneros ganaron el Super Bowl 56 con McVay como coach, su coordinador defensivo fue Wade Philips, un entrenador muy veterano.
Sin embargo, hay quienes no están dispuestos a aceptar ese rol en un equipo, como el caso del mismo Belichick, a quien Shanahan le ofreció dirigir la defensiva de los 49ers hace un año, oferta que Bill rechazó.
Carroll anduvo por la misma situación, y sólo regresó cuando hubo nuevamente la oportunidad de ser el entrenador en jefe, con pésimos resultados, por supuesto.
La NFL no es para viejos, perdón por decirlo tan puntual, pero así es, no lo digo yo, lo muestran sus tendencias, y ante esa evidencia no hay argumento que la refute.
Los casos que lo demuestran son muchos, coaches que en su mejores épocas, es decir, adulto jóvenes maduros y vigorosos que ganaron todo y que conforme corrió el tiempo se fueron apagando, incluso algunos que decidieron volver pero que jamás lograron el mismo éxito. Específicamemte tenemos los casos de Don Shula con Miami, Chcuk Noll con Pittsburgh, Tm Landry con Dallas, y algunos que decidieon volver pero no pudieron repetir su éxito como Joe Gibbs con Washington o George Seifert que tras retirarse con San Francisco volvió con Carolina.
Otros que tuvieron una segunda era dorada fueron Dick Vermeil con San Luis Carneros tras haber dirigido a Filadelfia décadas atrás, pero mucho de la realidad fue que su segundo aire y empuje se debió a la brillante mente ofensiva de Mike Martz.
Dicho todo lo anterior, debemos aceptar que un coach debe ser una imagen que motive, que imponga, que convenza, y eso sólo se logra cuando dichos coaches están en su plenitud, y eso no dura para siempre, quizá un ejemplo muy revelador sea lo que sucedió con Bill Walsh, ese cerebro que dirigió a San Francisco y que tras nueve años como entrenador en jefe decidió retirarse pues, como lo explicó, estaba agotado mentalmente siendo un hombre relativamente joven a los 58 años. Muchos años después decidió regresar como coach para dirigir a la Universidad de Stanford donde nada pasó, pues su empuje, enjundia y liderazgo habían pasado. Terminó como asesor de la oficina de los 49ers, donde pudo continuar compartiendo su sabiduría.