
¿Has pensado cuántos errores se han cometido a la hora de elegir un jugador en el Draft de la NFL a través de la historia? Seguramente eso ha pasado por tu mente más de una vez, y la realidad es que este evento, a pesar de los analistas, expertos cazatalentos y scouts de jugadores, suelen caer en fallas que fueron monumentales, y es que seamos sinceros, nadie es un adivino para ver el futuro de tal o cual atleta, en otras palabras, el Draft de la NFL es, se quiera o no, una lotería donde pocos se llevan el premio mayor.
Momentos hay muchos si nos ponemos a indagar en los anales del Draft, pero hay uno muy reciente que aún ahora nos sorprende por su resultado y los tantos equipos, coaches y jugadores que se vieron involucrados.
A sólo una semana de realizarse la edición 2026 de este evento, en Pittsburgh, el próximo 23 de abril, repasemos aquella pifia que hoy todavía hace que algunos dueños, gerentes generales y coaches se den de topes en la cabeza.
NUNCA MIRARON, NI POR ERROR
Sin más, la edición de 2017 puede pasar a la historia como el evento en que por razones inexplicables varios equipos dejaron para la oportunidad de llevarse a “un jugador de época”, como se les llama a esos atletas que se dan uno por generación.
En ese año, cuatro conjuntos adolecían de un verdadero quarterback: los eternos buscadores de un pasador como los Browns de Cleveland, que desde Brian Sipe en los 80 no tenían a alguien decente en la posición; los Osos de Chicago donde el último en brillar fue un tal Jim McMahon en los 80; los Jets de Nueva York que no veían la suya desde los tiempos de Chad Pennington; y los 49ers de San Francisco que aún suspiraban por Jeff Garcia a inicios del siglo.
Todos estos equipos estaban entre los primeros nueve conjuntos para seleccionar en aquel Draft de 2017, y por increíble que parezca, ninguno volteó por casualidad a mirar al mariscal de campo de Texas Tech, un tal Patrick Mahomes.
Quizá los análisis de los expertos no le favorecían o, simplemente, no le tenían la confianza a un chico que era como un pistolero sin ley que se enfrascaba en duelos de pases con el rival en turno.
En su último año universitario tuvo un juego de 734 yardas por aire, lanzó 88 pases y completo 52 con 5 anotaciones. Eso era Mahomes, pero espantaba a muchos que tal vez lo veían como un rebelde que no conseguiría estabilizarse en el profesionalismo, donde no se dan esos números.
De entre todos los comentarios vertidos sobre este chico, sólo recuerdo uno halagador al que quizá nadie quiso prestar atención, me refiero a las palabras de Phil Simms, ex quarterback ganador de Super Bowl con los Gigantes de Nueva York al inicio de los 90.
Durante una transmisión, donde Simms ya era comentarista, declaró que moría de ganas por ver a ese chico de Texas Tech lanzado el balón de esa manera en la NFL. De ahí en fuera, nadie se atrevió a secundar tal argumento.
CON LOS OJOS VENDADOS
Llegado el día del evento, la expectativa era enorme sobre quién sería el primer jugador elegido como la primera global. Cleveland tenía el primer turno y eligió a Myles Garrett, el temible ala defensivo de Texas A&M, a pesar de tener como quarterback a un tal Cody Kessler que nada hizo. Extrañamente, Cleveland que era dirigido por un buen entrenador ofensivo como Hue Jackson, decidió elegir un quarterback hasta la segunda ronda, a un tal DeSheon Keiser de Notre Dame, que siempre fue un fantasma.
En el segundo turno estaba Chicago, que urgía de un pasador. John Fox, su entrenador, netamente de filosofía defensiva, y pésimamente aconsejado por sus scouts, tomó al QB Mitch Trubisky del Norte de Carolina, que saltó al Draft con sólo tres años en el colegial y apenas 13 partidos jugados como titular en toda su carrera. Tras un primer año de destellos, resultó ser un fracaso total.
En la tercera posición del Draft estaba San Francisco, que tras el decepcionante desempeño de Alex Smith (otra primera ronda global del 2005) realmente necesitaba un nuevo mariscal. Absurdamente, Kyle Shanahan, el coach, eligió a Solomon Thomas, el tacle defensivo de Stanford que nada hizo en la NFL. Shanahan, a quien se le acusa de necio, tenía como pasador a un tal CJ Beathard, con quien trabajó en Washington y en quien se aferraba a que fuera su titular.
En sexto lugar estaba NY Jets, que bajo el mando del inexpresivo, y nada convincente, coach Todd Bowles, decidió tomar a Jamal Adams, gran safety de Lousina State, a pesar de tener a un trotamundos como quarterback en la persona de Ryan Fitzpatrick. Bueno, ¿qué otra cosa podía esperarse de Bowles?
Finalmente, en el décimo turno llegó la hora para Kansas City que con un mariscal puente como lo era en ese momento Alex Smith (llegado de San Francisco) buscaba su pasador franquicia.
APUESTA CALCULADA
Andy Reid, buen entrenador de ojo agudo para quarterbacks no lo pensó y seleccionó a Mahomes. Muchos tildaron tal acción de una atrevida apuesta, pero el plan era perfecto: un año en la banca viendo aun modesto veterano manejar el sistema ofensivo de Reid. Tras una temporada, los Jefes le dieron las gracias a Smith y dejaron al frente a Mahomes, la historia todos la conocen: tres Super Bowls ganados en cinco apariciones.
Con todo lo anterior nos preguntamos, ¿qué fue lo que les hizo pasar de largo respecto a Mahomes a los equipos que tuvieron la oportunidad de seleccionarlo? Jamás se sabrá, pero sería harto interesante conocer las razones.
¿Habría terminado con la sequía de mariscales en Cleveland?, ¿NY Jets habrían presenciado la segunda llegado de un Namath a la Gran Manzana?, ¿De qué manera en San Francisco habría Shanahan potencializado las cualidades de Mahomes?
Nada de eso lo sabremos, lo cierto es que es uno de los grandes errores en la era reciente del Draft.