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El empate 0-0 en Inglewood obliga a ambos equipos a jugarse la clasificación en un cierre de alta tensión dentro del grupo

Irán frena a Bélgica y deja todo en suspenso rumbo a la última jornada

NADA PARA NADIE. La moneda está en el aire.

Irán y Bélgica aplazaron cualquier definición. En un duelo tenso, cerrado y cargado de estrategia, ambos firmaron un empate sin goles (0-0) que mantiene abierta la lucha por los dieciseisavos de final del Mundial 2026. La resolución llegará en la última jornada, donde ya no habrá margen de error.

El encuentro mostró dos propuestas claras desde el inicio. Bélgica, fiel a su estilo, asumió el control del balón con una circulación constante que superó los 300 pases en la primera mitad, mientras que Irán, bajo el sello del Team Melli, renunció a la posesión y apostó por el orden defensivo y el contragolpe.

RESISTENCIA IRANÍ ANTE EL DOMINIO BELGA

La estrategia asiática fue evidente: una línea de cinco defensores, espacios cerrados y la responsabilidad ofensiva depositada en Mehdi Taremi. El plan funcionó, especialmente en una primera mitad donde Bélgica, pese a dominar el ritmo, encontró escasas grietas en el bloque rival.

El equipo europeo generó par de ocasiones claras en los primeros minutos, pero se topó con una defensa firme que resistió el asedio. Irán, por su parte, estuvo cerca de dar el golpe en el minuto 25 con un tanto de Taremi, finalmente anulado por fuera de juego.

EXPULSIÓN Y CAMBIO DE ESCENARIO

El equilibrio se rompió parcialmente en la segunda parte con la expulsión de Nathan Ngoy, que obligó a Bélgica a replegar líneas y replantear el partido. Con superioridad numérica, Irán abandonó su cautela inicial y comenzó a adelantar posiciones, decidido a buscar algo más que el empate.

El técnico Rudy García, consciente del riesgo, reaccionó reforzando su estructura defensiva para sostener el punto. El partido ganó en tensión, pero no en claridad. Ninguno logró imponer condiciones en los metros finales.

TODO SE DEFINE EN LA ÚLTIMA JORNADA

El resultado deja a ambos equipos en una situación frágil pero abierta. El empate fue útil en términos matemáticos, pero insuficiente en lo competitivo. Ahora, tanto Irán como Bélgica dependerán de sí mismos en su último compromiso para asegurar el pase.

Más allá del marcador, el partido dejó una sensación clara: la supuesta superioridad belga no se traduce en el campo, mientras que Irán ha demostrado ser un rival incómodo, disciplinado y competitivo.

El grupo sigue sin dueño. Y lo único seguro es que la última fecha será de máxima tensión.

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