
¡Ufffff!, un miércoles apoteósico, resultado del triunfo de la Selección Mexicana de futbol: el país entero festejando, el propio equipo desbordado en felicidad que se contagiaba desde las tribunas hasta la cancha, y desde el césped al graderío. Ni los mayores detractores de esta escuadra nacional pudieron contenerse. Esa noche se acabaron las diferencias entre chairos y fifís; hasta los “los polis” le entraron al festejo.
En la conferencia de prensa esperábamos ver a un Javier Aguirre desbordado, siguiendo bromas. Lo que vimos nos dejó helados a muchos: un “Vasco” malencarado, incómodo, molesto. ¿Pero cómo, por qué? La mejor actuación en primera ronda en la historia de la selección nacional estaba consumada: ganó todos sus partidos sin recibir un solo gol. ¿Qué más se podía pedir? Ni el más optimista podría pronosticar un resultado así… ¡y se dio!
¿ENTONCES QUÉ OCURRÍA CON JAVIER?
Entramos al terreno de las suposiciones y elucubraciones; no hay otra forma de resolver este misterio, ya que, al menos yo, no cuento con alguna información que descifre este acertijo. La primera probabilidad es que Javier era el único que tenía claro que su equipo no había jugado nada bien. Su mayor fortaleza es la defensa y, como resultado, pasó la fase de grupos sin recibir gol; pero en la artillería está muy lejos de tener “puntería de apache”. Depende más de errores del rival que de aciertos propios, y eso, en un juego de eliminación directa, se paga caro. De ahí tenemos que pasar a la siguiente suposición...
LA APARENTE INTOLERANCIA CON OCHOA
Nos remontamos al Mundial de Sudáfrica 2010. Guillermo Ochoa venía siendo el arquero titular en toda la eliminatoria, juegos amistosos y, el día de la inauguración, para sorpresa de todos y sin razón alguna, aparece Óscar Pérez como titular, quien, dicho sea de paso, tuvo una estupenda actuación. Pero, por capricho, dejó a Memo en la banca y eso yo lo atestigüé.
Viajó hasta Sudáfrica el entonces presidente Felipe Calderón, quien fue quien personalmente citó a Javier en Los Pinos para pedirle que tomara las riendas de la selección; tema que muchos sabíamos, pero sin pruebas nadie se atrevía a hablarlo, hasta que lo hizo público Carlos Hermosillo, quien en ese tiempo era director de CONADE y vivió el hecho en primera persona.
La tarde del martes previo al juego contra Chequia, la gran pregunta era: ¿le vas a dar oportunidad a Memo? Hasta que llegó el momento en que pidió: “ya ni me pregunten por Guillermo, por favor”. Yo, sabiendo acorralar perfecto a Javier, le dije: “le debes una a Memo”. De inmediato hizo evidente cara de molestia; a lo que le dije: “pediste que no se te preguntara más sobre el tema, yo solo te estoy recordando algo”. Desde luego, evadió el tema.
Ya en la conferencia después del juego, el periodista Ponce, director del diario Récord, le cuestionó si había incluido a Guillermo producto de la presión de una marca comercial. Nuevamente, con extremo enfado, respondió con enojo: “yo no sé un carajo de lo que me hablas”.
Así pues, la apasionante incógnita es: ¿Qué tenía tan evidentemente molesto a Javier?