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La Crónica Mundialista de Rufo

La cuenta pendiente quedó saldada

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De la herida del 2002 a la reivindicación en la Copa del Mundo

Gentil lector, con su permiso me expresaré en las siguientes líneas como pocas veces lo hago… como aficionado.

Corría el año 2002 y estábamos en Seúl, Corea del Sur. Un grupo de periodistas buscábamos la forma de trasladarnos a la ciudad donde México enfrentaría a Estados Unidos. Abordamos juntos un autobús y, durante el trayecto, entre risas y anécdotas, ya dábamos por descontada la victoria ante el conjunto estadounidense. Incluso pensábamos en lo que sería jugar contra Alemania en la ronda siguiente.

Resultaba alcanzable. Los teutones se presentaban con una generación renovada y nos ilusionábamos con lograr la victoria. Es decir, enfrentar a los sobrinos del “Tío Sam” parecía un mero trámite. Y en caso de que alguien preguntara: “¿Y si nos ganan los gringos?”, todos respondíamos al unísono con palabras irrepetibles en este espacio, seguidas de una sentencia que justificaba nuestros deseos: “No friegues, si no es basquetbol, beisbol o futbol americano, en esto no nos ganan ni en la peor pesadilla”.

El día que se rompió una certeza

Llegó la hora del partido. Nos acomodamos en nuestros lugares y, coincidentemente, detrás de nosotros se encontraba la plana mayor de la Federación Mexicana de Futbol, encabezada por Alberto de la Torre, entonces presidente, y Ricardo Peláez, director de Selecciones Nacionales, entre otros directivos.

Inició el juego y, de repente, nos volteábamos a ver unos a otros incrédulos.

Y sí, Estados Unidos nos estaba ganando 2-0.

Cuando el “Kaiser”, Rafa Márquez, le propinó una patada a Cobi Jones y fue expulsado, nos dijimos: “Todo se acabó, si nos ganaron”.

Después de que el árbitro pitó el final del partido, no salían de mi cabeza los gritos de burla de los aficionados estadounidenses coreando en español: “¡Dos a cero, dos a cero!”. Salí del estadio y me abracé a una de sus columnas con un dolor inmenso. Ya ni les cuento de las lágrimas sinceras, llenas de rabia, mientras me juraba: “Jamás, jamás me volveré a ilusionar con este equipo”.

Y así lo hice durante años: Mundiales, Copas América, Copas Confederaciones y demás torneos.

La larga lista de decepciones

El martes quedó saldada la cuenta.

Y sí, México derrotó 2-0 a Ecuador y lo disfruté como nunca. Como pocas veces recuerdo haber disfrutado una victoria. Se había derrotado a los malditos fantasmas: la derrota 4-1 ante Italia en 1970, la humillación de Argentina 1978, el primer Mundial que recuerdo haber visto por televisión, cuando la llamada “Esperanza Verde” fue aplastada por Túnez, Alemania y Polonia.

También regresaron a mi memoria los fantasmas de México 1986, cuando en San Nicolás cayó el equipo en penales ante Alemania tras una destacada actuación de Javier Aguirre, quien fue expulsado en el peor momento. Luego llegó la eliminación frente a Bulgaria en Estados Unidos 1994, otra vez en penales.

Después apareció el recuerdo de Francia 1998, nuevamente ante los alemanes. México los tenía contra las cuerdas con un gol del “Matador” Luis Hernández, pero terminó perdiendo 2-1.

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Los golpes que nunca se olvidan

En 2006, en Leipzig, estuvimos más cerca que nunca contra Argentina. Los llevamos hasta la prórroga y un auténtico golazo de Maxi Rodríguez nos mandó, como siempre, de regreso a casa.

En Sudáfrica 2010, otra vez con Javier Aguirre, Argentina pasó por encima de México. En Brasil 2014, tras una actuación majestuosa de Guillermo Ochoa contra el anfitrión, apareció nuevamente la tragedia frente a Países Bajos. México ganaba 1-0, tenía controlado el partido y terminó recordando para siempre aquella frase que quedó grabada en el imaginario colectivo: “No fue penal”.

Así llegamos a Rusia 2018, donde Brasil nos eliminó después del espejismo generado por Juan Carlos Osorio, quien nos había hecho creer que vencer a Alemania significaba algo extraordinario. Sí, se le ganó a Alemania, pero también era una de las versiones más vulnerables de su historia reciente.

Y finalmente llegó la última vergüenza: Qatar 2022.

La reivindicación de Aguirre y una Selección inesperada

Hoy, para mí, en lo que representa el último Mundial al que asistiré, la cuenta quedó saldada.

Una Selección de la que pocos esperábamos algo distinto. Personalmente, no veía talentos extraordinarios ni argumentos para pensar en algo grande. Incluso contemplaba la posibilidad de que se quedara en fase de grupos o, con mucho esfuerzo, avanzara apenas como tercer lugar.

Y además estaba una pregunta inevitable:

¿Otra vez Aguirre? ¿Ahora quién lo impuso?

Escuché a Javier Aguirre decir que había aprendido de sus errores. Hay formas de perder, pero también formas de ganar. Los detractores del “Vasco” sosteníamos que los rivales anteriores no habían representado una oposición importante.

Sin embargo, contra Ecuador se ganó con autoridad. El conjunto mexicano salió a buscar el partido desde el primer minuto. Fue una fiera incontenible que consiguió la ventaja y después tuvo la capacidad de controlar las acciones durante la segunda mitad.

El mejor partido que he visto de México en un Mundial

Ya no fue casualidad.

Hoy lo digo yo, con asistencia a ocho Copas del Mundo: el partido del martes frente a Ecuador es el mejor encuentro que le he visto disputar a la Selección Mexicana en todos los Mundiales que he presenciado.

Y sí, entré al estadio muerto de miedo pensando: “Va a volver a ocurrir”.

Pero no ocurrió.

Ahora vienen los ingleses y escuchar a algunos periodistas de aquel país hablar con mesura sobre México, por fin, me hace sentir representado.

Se puede ganar o perder contra Inglaterra. Así es el futbol. Lo único que pido públicamente, ahora que ya no se me permite preguntar en las conferencias de prensa, es que si se pierde, sea jugando como se hizo el martes.

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Inglaterra también tiene una deuda pendiente

Con Inglaterra existe una cuenta histórica sin resolver.

En mayo de 1961, en Wembley, Inglaterra derrotó 8-0 a México. Aquel día, el técnico inglés Alf Ramsey comentó que había visto a los futbolistas mexicanos correr “como conejos apanicados”.

Aquella declaración dio pie a que el periodista mexicano Manuel Seyde acuñara un apodo que acompañó durante años a la Selección Nacional: “Los Ratones Verdes”.

Cito textual y doy crédito a mi admirado amigo, el periodista Alberto Lati, quien recordó este episodio en su programa La Delantera.

Venga, México. ¡A cara de perro!

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