
Irapuato celebró estas dos primeras semanas de febrero —por motivo de su 479 aniversario— el Festival de la Ciudad 2026 ‘Somos Eraitzicutzio’, uno de los proyectos culturales más ambiciosos de su historia reciente, en el cual los parques, plazas y calles de la ciudad se transformaron en múltiples escenarios abiertos al público para celebrar el amor y el orgullo por la historia y cultura de Irapuato.
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La propuesta tuvo por objetivo expandir el arte a la vida cotidiana de la ciudad, permitiendo que tanto la población irapuatense como turistas pudieran acceder gratuitamente a diversas actividades culturales que integraron música nacional e internacional, exposiciones, recorridos históricos, teatro y gastronomía.
Más allá de ser conocida como la ‘capital de las fresas’, Irapuato destacó la importancia de rememorar su origen de múltiples raíces y sobreviviente de inundaciones; un sitio donde no es la luna el único reflejo en su tierra, sino también la hospitalidad y la pluriculturalidad de su gente, una población que construye su futuro con la fuerza de un pasado resiliente.
Rincones de hospitalidad, arte y un futuro que celebra su pasado
En la actualidad, según informes del historiador Jesús Arévalo y testimonios de la Central de Abastos en la Ciudad de México, la fresa ya no se surte en Irapuato, ya que sólo menos del 10% de sus campos de fresa siguen activos; sin embargo, la reconocida ‘capital de las fresas’ tiene más, mucho más por ofrecer en diversos sectores que van desde la gastronomía hasta las artes.
Inundada del nostálgico jazz, Irapuato reclama su lugar en Guanajuato como una de las ciudades más hospitalarias y limpias del estado, donde la amabilidad de su gente puede reflejarse en su comida y bebida, destilados que comparten la historia desde el origen de su fundación pluricultural o cervezas artesanales que celebran una existencia de compañía, festejo y corazón que honra la unión de diversas raíces; aquellas de las que nacieron y aquellas que continúan arribando.

“Irapuato no es la violencia que los periódicos cuentan”, expresó Rafael, uno de los jóvenes del Instituto Municipal de Cultura, Arte y Recreación que apoyaron en el Festival de la Ciudad 2026, destacando los espacios y oportunidades que Irapuato ha brindado a la juventud en diversas artes; entre ellas, resaltan el teatro, la música y el ballet.
En cada rincón, la identidad de Irapuato resplandece como alguna vez lo hizo la luna en su espejo de agua, ya que se trata de la única ciudad con siete plazas públicas, además de contar con dos templos de distinta orientación que reafirman su origen pluricultural y diversos murales sobre el origen, la resistencia y las artes de esta ciudad.
Irapuato: ciudad que protege, celebra y genera trabajos para sus mujeres
Desde su actual presidenta municipal, Lorena del Carmen Alfaro García, hasta sus líderes en el Instituto Municipal de Cultura, Arte y Recreación, Irapuato destaca como una ciudad comprometida con el papel de la mujer en espacios laborales dignos y de continuo crecimiento en diversas áreas que impulsan la economía, cultura y desarrollo del municipio.
En espacios de alta notoriedad, como lo es el Palacio Municipal, se han integrado salas de lactancia certificadas dirigidas tanto a las madres trabajadoras del recinto como a las madres irapuatenses que busquen un sitio seguro y digno para alimentar a sus recién nacidos.

Por otra parte, en entrevista exclusiva con la primera presidenta mujer de Canirac (Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados), Maribel de la Rocha, la empresaria detalló la importancia de producir trabajos para mujeres y crear espacios laborales que respondan a las urgencias de la violencia de género.
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“Al menos el 80% de los puestos son para mujeres”, señaló respecto a las sucursales de Pollo Feliz bajo su mando, compartiendo que este interés en generar trabajos para la mujer nace de su propia experiencia como una líder restaurantera en un sector mayormente dominado por hombres.
El origen de Irapuato: la leyenda y la resistencia de diversas raíces
La leyenda, interpretada por narradores ambulantes de Irapuato, cuenta el amor imposible entre un mortal y Cutzi, la Diosa de la Luna venerada por los purépecha, cuya belleza capturó el corazón del Uacux, quien observaba el reflejo de su amada cada anochecer.
Separados por la vida, Cutzi niega el afecto del mortal hasta que un día, tras la valiente entrega y posterior fallecimiento de Uacux en el campo de batalla, la Diosa lo recibe en brazos y corresponde su amor, finalmente posible en la inmortalidad del alma.
Tanto la leyenda como sus intérpretes destacan dos elementos de importancia en la cultura de Irapuato; el primero, es una historia narrada por jóvenes estudiantes de teatro como forma de mantener vivo el origen de la ciudad mientras se construyen espacios de arte para su juventud; el segundo, es la presencia de la cultura purépecha como una de las raíces del pueblo irapuatense.

“Todos en Irapuato venimos de fuera”, expresó el historiador certificado Jesús Arévalo, explayando que el origen de su ciudad no es similar a los orígenes de cualquier otro sitio, ya que nace de la migración de distintas culturas prehispánicas y el posterior asentamiento de criaderos de ganado para el resto de Guanajuato después de la conquista española.
Tal como su pasado, Irapuato resplandece como una ciudad que refugia a los y las caminantes del exterior, compartiendo su grandeza histórica y la resistencia de la misma, pues prevalece pese a las inundaciones del pasado con similar firmeza que resiste ante una actualidad que amenaza la historia de los pueblos en la búsqueda del progreso.
Sin embargo, aún avanzando hacia el desarrollo turístico, académico y económico, Irapuato no se desprende de su identidad plasmada en los murales del corazón de su ciudad:
“Somos Eraitzicutzio, el lugar donde se refleja la luna”, donde el teatro sale a las calles y las estrellas se alinean para levantar un futuro.

