
Lleva la mochila atiborrada de sinfonías y partituras. Apenas jala el cierre y se desbordan hacia el piso decenas de hojas con notas musicales. El compositor Eduardo Flores Aguirre camina con sencillez, con la única pretensión de ser reconocido como el autor de los arreglos para orquesta y coro de diez de las canciones más afamadas de Los Ángeles Azules.
Ha sido, para él, una cruzada de más de 12 años desde el momento en el cual, asegura, fue engañado por un sujeto de nombre Odilón Chávez Silva para realizar esos arreglos, los cuales terminó por adjudicarse en dos de los discos más vendidos en la historia del grupo musical: Cómo te voy a olvidar (2013) y De plaza en plaza. Cumbia Sinfónica (2016).
Entonces Eduardo tenía 32 años y soñaba con crear secuencias musicales para películas y escribir armonías para orquestas. Anhelaba tener trabajo para solventar sus posgrados y ayudar a su padre enfermo. Su historia, como la cuenta, es la de tantos otros jóvenes pujantes cuyo talento es aprovechado por vivales, en momentos de ingenuidad o premura económica.
No sólo son sus dichos. Conforme a los documentos revisados por este reportero, los cuales han sustentado procesos por la vía administrativa, penal y civil a lo largo de todos estos años, hay múltiples testigos de su trabajo como arreglista para las melodías sinfónicas de Los Ángeles Azules, así como una fe de hechos notarial con la cual se corrobora la entrega electrónica del material solicitado al correo de Odilón Chávez, quien se ostentó siempre como amigo personal de los hermanos Mejía Avante, integrantes de la agrupación musical. Y, además, un dictamen pericial en música, practicado por especialistas en la materia, el cual analizó nota por nota y concluyó: “Los arreglos orquestales y corales relativos a las diez composiciones corresponden plenamente a los elaborados por Eduardo Flores Aguirre”.
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DERECHOS. La carpeta de investigación por el delito de plagio se mantiene vigente. Sin embargo, hasta ahora la demanda civil, cuyo objetivo es el reconocimiento de los derechos de autor contemplados en la ley, ha avanzado al grado de un inminente emplazamiento no sólo al tal Odilón Chávez, sino a todos los integrantes de Los Ángeles Azules y a la compañía Sony Music, encargada de la distribución de los dos álbumes referidos.
De acuerdo con un extracto del expediente obtenido por Crónica, el compositor Flores Aguirre acusó: “el demandado (Odilón Chávez Silva) ha sustituido mi nombre con conocimiento y consentimiento expreso de los integrantes de Los Ángeles Azules que, como autores de las obras primigenias de su música y letra, le otorgaron su autorización para que fuera reconocido como el arreglista de su música orquestal y sinfónica e indebidamente están permitiendo que goce de un derecho autoral que no le pertenece”.
“Chávez aparece simulando que dirige a la orquesta en la ejecución e interpretación de mis arreglos, siendo que en realidad es una simulación, ya que dicha persona, si no sabe escribir música, menos sabe dirigir una orquesta. Para grabar dicha simulación, debió contar con el consentimiento de los integrantes de Los Ángeles Azules quienes, con ello, son cómplices de la grave afectación que se me ha causado”.

TESTIMONIO. El larguirucho Eduardo -mide 1.86- mantiene la misma chispa de cuando era niño y quería ser director de cine, seguir los pasos del estadounidense Stanley Kubrick y hacer secuencias fílmicas con música clásica. Hoy se entusiasma con los proyectos musicales por venir: un trabajo de análisis de las partituras del célebre compositor y director de orquesta Julián Carrillo. Hoy también habla por primera vez ante un medio de su espinosa travesía legal…
“Odilón Chávez se burló de mí: me dijo que los arreglos eran para un único concierto en vivo en el que Los Ángeles Azules promoverían un té helado. Desde el principio me dio la impresión de una persona que se hacía pasar como experto y de muchos contactos, pero que en realidad era manipuladora. Cuando me pidió hacer arreglos para dos películas, él se apuntó en el crédito”.
—Cuando pasó eso, ¿no le pediste explicaciones?
—Como también me puso mi crédito, lo dejé pasar. Estaba pasando por un momento complicado, y me interesaba que me diera más trabajo, aunque era latoso hasta para pagarme.
—¿Qué hiciste cuando te enteraste que los arreglos habían sido utilizados para un disco, en el cual Odilón Chávez se había adjudicado el crédito?
—Le llamé para reclamarle. ‘Sí te dije que era para un disco´, se aferró, y de ahí no lo saqué. Desde entonces decidí que actuaría legalmente.
—¿Por qué no lo demandaste desde ese momento?
—Vi varios abogados, pero algunos no querían entrarle o no me convencía su estrategia. Además, no tenía dinero. Hasta que en 2018 conocí al licenciado Arturo Flores Albor, quien me ha acompañado desde entonces: me dio mucha confianza, por su gran conocimiento en derechos de autor.
—Ya te habían arrebatado tus arreglos para el disco de 2013, pero aceptaste después hacer más. ¿Por qué?
—Me convenía tener chamba, además de que ya nadie me quitaría de la cabeza la opción de demandar. Había que añadirle trombones a algunas canciones y lo hice. Eso fue en julio de 2014; en noviembre del mismo año Odilón me vuelve a llamar para hacer los arreglos orquestales y corales de cuatro canciones más, que saldrían en el disco de 2016. Tenía la urgencia económica de pagar a los músicos que me acompañarían para mi examen de maestría y acepté.
—Sabemos que hay pruebas notariales y periciales que demuestran que los arreglos son tuyos, ¿cómo despejarías cualquier duda sobre tu autoría?
—Porque es posible contrastar lo que se escucha con las partituras. Es como si tomaras la Novena Sinfonía de Beethoven y comprobaras que lo escuchado en el disco es lo mismo que está escrito. Revisas la sección de flautas, de piano y de los demás instrumentos y puedes comprobar si se escucha cada cosa escrita.
—¿Los arreglos musicales u orquestales tienen un sello personalísimo del compositor o podría haber coincidencia con la obra de otro compositor?
—Eso es imposible. He dado clases varios años, pones un ejercicio y cada persona tiene su forma única de resolver. Otro compositor habría hecho algo diferente.
—¿Nadie podría argumentar que no son tuyos?
—No, es como si a otro escritor se le ocurriera escribir el Quijote y coincidiera palabra por palabra con Miguel de Cervantes. Imposible. No puede haber coincidencia con los giros melódicos añadidos, con los coros. En la canción Mis Sentimientos hice un canon, una línea melódica que se toca en diferentes voces, pero desfasadas, como la canción popular de Martinillo. Cada artista se reconoce en su obra, pero también está el dictamen pericial: lo que se escucha, son las partituras que entregué.
—Después de tantos años de pedir justicia, ¿cómo te sientes?
—Molesto, por cómo se aprovecharon de mi trabajo y lo han explotado por más de 10 años, sin darme el reconocimiento; frustrado, porque no puedo dejar de tener la sensación de que cuando le cuento a alguien que yo soy el autor de esos arreglos tan famosos, no me cree o responde con cierta condescendencia: ´ay pobre, cómo se dejó´. Ha sido una afectación moral y laboral, porque no puedo ostentarme curricularmente como el autor de los arreglos, porque no estoy en los créditos, mi desarrollo profesional se truncó.
—¿Cuál es hoy tu motor?
—Que se reconozca mi autoría de los arreglos y eso me permita seguir desarrollándome como compositor, orquestador, arreglista y músico. Lo que más me gusta es escribir para orquestas y quiero seguir creciendo.
Eduardo tiene hoy 44 años. De tenis y jeans, con su mochila al hombro repleta de notas, camina con sencillez. “No me voy a rendir, es mi derecho y sé de mis capacidades como músico”, dice. Camina también ligero, libre, sin cargas innecesarias, como si no llevara sobre la espalda el peso de una batalla de más de 12 contra uno de los grupos más fuertes en el ámbito musical y a favor de su nombre, de su intelecto….