
El body horror como espejo incómodo
Para quienes aman —o resisten— el body horror, 2025 dejó una de esas películas destinadas a convertirse en objeto de culto. The Ugly Stepsister (La Hermanastra Fea), dirigida por la cineasta noruega Emilie Blichfeldt, no solo reinterpretó un cuento clásico: lo desarmó desde un lugar incómodo, cruel y profundamente reconocible. Lejos de una fantasía endulzada, la película utiliza el horror corporal como lenguaje para hablar de belleza, violencia simbólica y sacrificio femenino.
Desde Noruega, esta adaptación retoma la clásica historia de La Cenicienta, pero no desde el vestido, la magia ni el amor idealizado, sino desde la mirada de quien siempre fue relegada: la hermanastra “fea”, término que funge como sentencia social, y es ahí es donde la película encuentra su verdadera fuerza.
¿Por qué volver a contar La Cenicienta?
La historia de La Cenicienta ha sido reversionada incontables veces, desde la versión original escrita por Giambattista Basile, pasando por la dureza moral de los hermanos Grimm, hasta la adaptación más conocida y difundida de todas, la de Disney, que fijó el imaginario colectivo moderno del cuento clásico. A lo largo de estas adaptaciones ha cambiado de idioma, época y formato, pero ha conservado una estructura clara de buenos y malos, belleza y recompensa. Esta lógica no es inocente pues históricamente se nos ha marcado como una realidad —incluso reforzada por algunos dogmas religiosos— que cuanto más sumisa, obediente y sufrida sea una persona, mayor será su recompensa futura. El dolor se presenta como virtud, la resignación como mérito y la docilidad como camino al éxito, construyendo un relato que normaliza la doblegación del cuerpo y del deseo frente a estructuras de poder que rara vez se cuestionan.
The Ugly Stepsister rompe con esa lógica, no busca oscurecer el cuento solo por provocación, ni convertirlo en un simple ejercicio estético. Aquí no hay villanos evidentes ni heroínas puras: lo que se expone es un problema sistémico. Un entramado social que enseña a las mujeres que su valor está directamente ligado a su apariencia, su docilidad y su capacidad de agradar.
La historia se centra en Elvira, la hermanastra que nunca fue protagonista, ni siquiera dentro de su propio relato, siempre relegada al papel de “segundona”, siguiéndola en una travesía que no es la típica de una villana resentida, sino la de una mujer a la que nunca se le enseñó otra posibilidad más allá de ser bonita, perfecta y deseable.

El cuerpo como objeto de denuncia
Lo que la película expone no es solo el dolor emocional de no encajar, sino la brutalidad del cuerpo convertido en un objeto que hay que modelar hasta la perfección. Elvira es sometida a transformaciones extremas que no buscan embellecerla de manera aspiracional, sino evidenciar el precio que la sociedad exige para otorgar aceptación.
Hay gusanos, huesos rotos, mutilaciones y procedimientos quirúrgicos primitivos, pero, al contrario de muchas otras películas del género del horror corporal, esto no está ahí para el shock gratuito o el morbo fácil, cada herida incomoda porque se siente demasiado real. El horror no proviene de monstruos ni entidades sobrenaturales, sino de estándares que siguen vigentes hoy, aunque se disfracen de autocuidado, éxito o superación personal.
Esta crudeza se potencia gracias a un trabajo de maquillaje y efectos especiales tan grotesco como preciso. No hay glamour ni concesiones con el espectador. No sorprende que la película haya sido seleccionada en la shortlist al Oscar 2026 en la categoría de Mejor Maquillaje y Peinado, compitiendo con producciones de gran escala como Frankenstein o Wicked: For Good. Un es un logro importante para el debut cinematográfico de Blichfeldt teniendo en cuenta que es una producción extranjera.

Actuaciones que duelen
Otro de los pilares de la película son sus actuaciones, en especial la de Lea Myren como Elvira. Cada gesto, cada lágrima y cada grito se sienten abrumadoramente dolorosos, la experiencia es tan inmersiva que resulta imposible no habitar su piel por momentos.
Aunque el dolor corporal es una de las marcas más visibles del filme, el golpe más fuerte llega desde otro lugar, especialmente para las mujeres, The Ugly Stepsister duele a un nivel mucho más profundo. Ambientada en una especie de distopía victoriana, la película habla de estándares que siguen siendo válidos a la fecha: la exigencia de ser buena, dócil, virgen, noble, y de tener como única aspiración válida el matrimonio.
A medieval lash extension procedure induces ommetaphobia in our exclusive clip from THE UGLY STEPSISTER, a satirical body horror twist on the tale of Cinderella. Out in theaters tomorrow! pic.twitter.com/uuqgt9bbuy
— Bloody Disgusting (@BDisgusting) April 17, 2025
Una Cenicienta realista
En esta versión, Cenicienta (a la que en la cinta se conoce como Agnes) tampoco responde al arquetipo clásico de princesa sumisa. Es una mujer común que intenta salir adelante en un contexto profundamente desigual, en el que el amor queda en segundo plano cuando el hambre y la pobreza son temores latentes. Aunque existe un interés romántico, la película no romantiza la idea de que los sentimientos puedan salvarla del abismo económico.
Y en este sentido, el contraste con la protagonista es clave, pues mientras Agnes actúa desde una lógica pragmática, Elvira sigue soñando — o mejor dicho, idealizando— con el amor, y esto lo hace profundamente influenciada por los libros, relatos románticos y fantasías que le prometieron que, si era lo suficientemente buena y perseverante, todo mejoraría.
Violencia heredada y misoginia cotidiana
Que la película haya sido dirigida por una mujer no resulta casual pues solo alguien que ha vivido de cerca la misoginia, los estándares imposibles y la violencia patriarcal puede retratar algo tan crudo sin caer en la exploración vacía de ello.
Una de las escenas más devastadoras por su aparente ternura ocurre cuando una instructora de baile le dice a Elvira: “Estás cambiando tu apariencia para que se ajuste a tu interior”. La frase, es dicha con intención de consolar y apoyar, pero encierra una verdad brutal: todas sus cualidades internas carecen de valor si no se reflejan en un cuerpo aceptable. La escena se vuelve aún más cruel cuando, en un nuevo intento de ayudar, la instructora le entrega un huevo de tenia (o lombriz solitaria) para que pueda perder peso y por ende ser “más bonita”.
La película deja claro que estas violencias no solo son sociales, sino también generacionales, se transmiten como reliquias familiares y desprendernos de ellas no siempre es posible cuando quienes nos crían también fueron moldeadas por ellas.

Terror, sátira y comentario social
En un contexto cinematográfico dominado por el dinero, la viralidad, las fórmulas seguras y las narrativas predecibles, el terror —y su cruce con lo bizarro— se ha convertido en refugio para la originalidad. Lejos del ridículo mal entendido de otras épocas, el cine de horror contemporáneo ha ganado ambición estética y seriedad artística sin perder su capacidad de incomodar y politizar.
The Ugly Stepsister conserva un tono satírico, pero sin perder su función como un comentario social feroz sobre cómo las mujeres no nacen con un ideal de perfección, sino que este se les inculca de forma sistemática, incluso desde el núcleo familiar.
Elvira comienza la película como una joven romántica, ilusionada con su nueva familia. Poco a poco, la vida se le va apagando en los ojos mientras la presión por ser perfecta la consume, el deterioro más notable a través de toda la historia es físico, pero también nos muestra el factor emocional emocional que decae lentamente mientras parece no importarle a nadie. Su determinación resulta devastadora, no por su fuerza, sino porque está construida sobre principios equivocados y su caída se vuelve tan dolorosa para ella y para el espectador, porque sabemos que no fue su culpa si no la de un sistema de fue, es y probablemente siga siendo injusto con las mujeres.

Una experiencia incómoda pero necesaria
The Ugly Stepsister no es una película cómoda ni pretende serlo, es áspera, difícil de mirar y, en muchos momentos, dolorosa, pero justamente ahí reside su fuerza.
Detrás de su estética grotesca, la película deja flotando una pregunta imposible de ignorar: ¿Cuánto estamos dispuestas a destruirnos para ser amadas?