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La Feria Estatal de León celebró sus 150 ediciones y los 450 años de la ciudad con una noche que rebasó cualquier expectativa: Foo Fighters ofreció un concierto gratuito que ya es parte de la historia musical de México

No era Woodstock, era León: Foo Fighters y el día que Guanajuato vibró como capital del rock

Foo Fighters en la Feria Estatal de León

Llegué al Foro de la Gente Mazda con el polvo de la feria todavía pegado a los tenis, el olor a garnacha flotando en el aire y esa sensación eléctrica que sólo aparece cuando sabes que algo grande está a punto de pasar. Foo Fighters en León no era un concierto más: era una anomalía gloriosa, una de esas combinaciones improbables entre rock de estadio y tradición popular que solo pueden ocurrir en una feria mexicana. Eran poco antes de las nueve de la noche del 10 de enero de 2026 y León estaba a punto de rugir.

Miles de personas —familias enteras, chavos con playeras negras gastadas, curiosos que quizá nunca habían escuchado “Everlong” pero que sabían que ahí estaba pasando algo histórico— avanzaban como marea hacia el escenario. Un concierto gratuito de Foo Fighters, en pleno corazón del Bajío, durante una feria que celebraba 150 ediciones y 450 años de historia, sonaba a delirio colectivo. Pero ahí estaba: real, palpable, ensordecedor.

Foo Fighters en la Feria Estatal de León

El rock como estampida: Foo Fighters toma la Feria

Las luces se apagaron un poco despues de lo prometido y el grito fue inmediato, visceral. Dave Grohl apareció como si León fuera su patio trasero, sonriendo, levantando los brazos, conectando en segundos con un público que llevaba semanas esperando ese momento. Sin ceremonias inútiles, la banda arrancó con potencia total. Desde los primeros acordes quedó claro que Foo Fighters no vino a cumplir, vino a arrasar.

“All My Life” cayó como un puñetazo directo al pecho. La gente brincó, gritó, se abrazó. No importaba si estabas en primera fila o perdido entre la multitud: la comunión fue total. Siguieron “Learn to Fly” y “Times Like These”, y ahí el concierto tomó otra forma. Ya no era solo energía, era emoción pura. Miles de voces cantando al unísono, como si la feria se hubiera transformado en un gigantesco coro de rock alternativo.

Grohl hablaba en inglés, mezclado con palabras sueltas en español, pero el idioma dejó de importar. Cada gesto, cada sonrisa, cada golpe de batería era entendido sin traducción. “My Hero” llegó como himno generacional, con celulares al aire y lágrimas discretas entre el público. Ese momento selló la noche: Foo Fighters estaba tocando para León, pero León estaba cantando para Foo Fighters.

El cierre fue inevitable y demoledor. “Everlong” sonó como una despedida que nadie quería aceptar. Un final explosivo, guitarras al límite, batería brutal, y un público que se negó a dejar morir el momento incluso cuando las luces se encendieron. Ahí quedó claro: no fue solo un concierto, fue una experiencia colectiva.

Foo Fighters en la Feria Estatal de León

Gratis, masivo y legendario: el impacto de un concierto imposible

Desde el día en que se confirmó en redes sociales, Foo Fighters en la Feria de León se convirtió en noticia nacional. La propia banda compartió el anuncio y la reacción fue inmediata: incredulidad, euforia y una pregunta que se repetía sin parar: “¿De verdad es gratis?”. Sí, lo era. Y eso cambió todo.

La entrega anticipada de más de 18 mil boletos gratuitos provocó filas virtuales, páginas colapsadas y una ansiedad colectiva que solo aumentó la expectativa. Nunca antes la feria había generado una demanda así para un solo concierto. Gente viajando desde otros estados, fans que jamás habían visto a la banda en vivo y curiosos atraídos por el mito: Foo Fighters tocando sin costo en Guanajuato.

Y ahí está la clave de la noche. El rock, históricamente asociado a grandes recintos y boletos imposibles, se volvió accesible, popular, democrático. La feria funcionó como un gran ecualizador social: todos mezclados, todos iguales frente al escenario. Ese gesto redefinió lo que puede ser una feria estatal y elevó el estándar de lo que un evento público puede ofrecer.

En medio del concierto, Grohl agradeció una y otra vez. Se notaba genuino. No tocaban por compromiso, tocaban por gusto. Y el público respondió con la misma intensidad. Para muchos, fue la primera vez viendo a Foo Fighters; para otros, una revancha emocional. Para León, fue una noche que ya nadie podrá borrar.

Foo Fighters en la Feria Estatal de León

León, la feria y el futuro: cuando la música hace historia

La presentación de Foo Fighters no ocurrió en el vacío. Fue parte de una estrategia más amplia para convertir a la Feria Estatal de León 2026 en un epicentro cultural y musical. Catorce conciertos, artistas internacionales como Tiësto, proyectos mexicanos sólidos, espectáculos familiares y una ciudad volcada a celebrar su historia.

Pero Foo Fighters fue el punto de quiebre. El momento en que la feria dejó de ser solo tradición para convertirse en conversación global. La noche en que León apareció en mapas musicales donde antes no figuraba. El 10 de enero de 2026 quedó marcado como un antes y un después.

Más allá del impacto mediático, lo que quedó fue la experiencia. La sensación de haber sido parte de algo irrepetible. Un concierto que unió generaciones, géneros y contextos, todos bajo el mismo volumen atronador. La feria siguió al día siguiente, como siempre: juegos, comida, familias paseando. Pero algo había cambiado.

Porque cuando Foo Fighters tocó gratis en León, no solo celebró un aniversario. Demostró el poder del entretenimiento público, la capacidad de la música para convocar, emocionar y construir memoria colectiva. Y en esa noche polvorienta, con guitarras distorsionadas y gargantas rotas de tanto cantar, Guanajuato se convirtió —aunque fuera por unas horas— en el centro del universo rockero.

Dave Grohl se fue. Las luces se apagaron. Pero el eco sigue ahí. Y va a tardar mucho en irse.

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