
Cuando en 2018 Luca Guadagnino estrenó su versión de Suspiria, la cual se basa en la cinta de 1977 dirigida por Dario Argento, una crítica negativa fue la ausencia de la característica paleta de colores neón que forma parte de la cinta original. De hecho, que no sea ésta la única diferencia creativa, coloca a Suspiria de Guadagnino como una reinvención de una historia que ya había sido contada. No es un simple remake.
La narrativa en ambas versiones sigue a Suzy Bannion, una bailarina estadounidense que llega a una prestigiosa escuela de danza que oculta un secreto. Las diferencias comienzan a ser notorias conforme la película avanza y con ello se presentan subtextos que tienen poca relación entre sí.
Por un lado, Dario Argento filmo un proyecto que se centra en una fábula sobrenatural; busca responder a la pregunta de quién es el asesino, mientras que Luca Guadagnino dio vida a un terror político con una atmósfera más oscura, tanto lo sonoro como en lo visual.
En una época marcada por adaptaciones repetitivas que carecían de intención, el valor de la Suspiria de 2018 se hace patente.
El guión de la primera película fue escrito por Argento y por la actriz Daria Nicolodi, quienes se inspiraron en el libro “Suspiria de Profundis” de Thomas de Quincey, una colección de ensayos de fantasía psicológica.
La cinta del 2018, situada en Alemania durante la Guerra Fría, aprovecha de los 152 minutos y su ritmo lento para desarrollar el pasado de personajes. Desde el inicio de la película es posible percibir incertidumbre, el espectador es sumergido a este estado por medio de los ojos de la protagonista quien constantemente duda de lo que ve. Las demás alumnas se mueven de manera coordinada, pero como si se encontraran bajo un encantamiento imposible de romper. Este es el espacio en el que el director cuestiona a el extremismo ideológico.
De la mano de lo anterior, la protagonista tiene un arco narrativo interesante: comienza a notar las incongruencias con el lugar en el que se encuentra hospedada y Suzy, de manera optimista, tiene la intención de develar la verdad. Sin embargo, no puede evitar ser parte del convento de brujas para el cual la escuela es tan solo una fachada.
El body horror, subgenero que emplea la deformación del cuerpo humano como medio para hablar de las enfermedades, la ansiedad, la repulsión, entre otras cosas, cumple el propósito de incomodar para exponer como el estrecho vínculo de las alumnas da la impresión de que todas ellas están incluidas en una sola mente, como el dolor de una es el de todas y como la memoria, al igual que la culpa colectiva, definieran a una única verdad posible.
En Suspiria el frío, tanto de las calles como de los interiores de Berlín, pasa a ser tridimensional con el bellísimo trabajo de la fotografía, con los pasadizos secretos, con el dolor y con las coreografías.
Suspiria se encuentra disponible en plataformas digitales.