
La vulnerabilidad que Sentimental Value (Valor Sentimental en la traducción latinoamericana) maneja en su narrativa la ha colocado en el foco de la temporada de premiaciones a lo mejor del cine, obteniendo la semana pasada nueve nominaciones a los premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, o como son mayormente conocidos, premios Oscar.
Destacando junto a grandes producciones en la categoría a Mejor Película del Año, Sentimental Value también recibió una significativa ovación debido a que cada actor y actriz de su cast principal obtuvo una nominación, sumando también nominaciones a Mejor Dirección y Mejor Guión Original, encabezándose como la preferida a ganar Mejor Película Extranjera.
Sin embargo, ¿cuál es el encanto detrás de esta película noruega y por qué resalta en cada una de sus categorías nominadas? Silenciosa, pero potente en su carga emocional, Sentimental Value relata la historia de rupturas familiares que traspasan el corazón del público espectador e invita a sanar lo que no se nombra.
Sentimental Value: las ruidosas fracturas del silencio familiar
Valor Sentimental (Affeksjonsverdi, 2025), dirigida por Joachim Trier y co-escrita por él en dupla con su compañero guionista, Eskil Vogt (ambos nominados a Mejor Guión Original), es un drama noruego sobre el trauma familiar, las grietas ruidosas del silencio de la separación y el escenario artístico como lenguaje para el ego, el escondite, la sanación y el amor.
El dúo entre Vogt y Trier vuelve a sacudir las emociones del público con una sutileza demasiado íntima para poder evitarse, aún menos ignorarse, y fingir que es “una película más”, un talento que ya habían expuesto con La Peor Persona del Mundo en 2021, historia que contó también con la inmensa vulnerabilidad que Renate Reinsve desborda con una sola mirada y que completa el círculo existencialista, solitario y esperanzador de estos dos filmes.
Sin embargo, Valor Sentimental da un salto más allá, pues nos adentra al origen de todo trauma, anhelo y conducta aprendida en cada ser vivo o viva: la casa de nuestra infancia.
Las grietas del trauma generacional: el elemento clave de Sentimental Value
Desde el comienzo de la historia, la casa de la familia Borg nos es presentada como un personaje más, un objeto silencioso y roto, pero testigo de una serie de generaciones que la habitaron y llenaron sus grietas defectuosas con ruido provocado por todo tipo de emociones y eras, acompañándola en su inevitable decadencia cuando el silencio es todo lo que la habitará tras el fallecimiento de la matriarca.
La casa, como los personajes del filme, nos muestran las rupturas de sus paredes casi desde el primer instante, defectos que sobresalen como un cuadro mal colocado, un rincón para ocultarse o una ventana que a veces es iluminada por el sol (si deslizas las cortinas).

Cual si cada uno fuera una habitación de la casa, esta historia nos muestra cuatro enfoques distintos: el padre ausente, Gustav Borg (Stellan Skarsgård), que aún asume conocerlo todo de su hogar a pesar de no haberlo habitado durante décadas y vuelve a éste para contar una historia más importante que la de su madre suicida; Nora Borg (Renate Reinsve), la hija mayor, una actriz de teatro que utiliza sus personajes como un escondite más que una catarsis y vira la mirada lejos de sus grietas; y Agnes Borg-Pettersen (Inga Ibsdotter Lilleaas), la hija menor, quien sale de la casa de su infancia para crear su propio hogar y romper el trauma generacional de una familia que no habla el mismo lenguaje de comunicación.
Y tal como su papel en este drama familiar, la actriz hollywoodense Rachel Kemp (Elle Fanning), resplandece con la ingenuidad de una visitante en la vieja casa, una forastera que no comprende las grietas que debe actuar para la película que Gustav quiere crear dentro de esas paredes, sabiéndose ajena al escenario que intenta llenar.
La química que comparte este cuarteto brinda justicia a la inteligencia del guión, cada uno representa un papel, un sitio de la casa (o el exterior a ella), que lentamente se quiebra y nos traga en este espiral de vulnerable tristeza, soledad y rencores no resueltos.
El arte como evasión emocional: Reinsve desnuda el trauma en el intento de esconderlo
Nuestra protagonista, Nora Borg a cargo del talento de Renate Reinsve, no es distinta a cualquier mujer u hombre en este planeta, cada persona maldecida por los traumas familiares no resueltos, buscando un escondite en el cual verter toda energía para evitar afrontarlos.
Hay quienes usan el alcohol, el sexo o el trabajo, pero en el caso de Nora, se refugia tras personajes de tragedias clásicas con los que puede experimentar toda una gama de emociones que la distraen de sus propios sentimientos.
Esto es hasta el regreso de su padre, guionista de cine que le presenta su obra final, una historia que escribió específicamente para ella. Nora lo rechaza, pero el futuro filme permanece como un constante hilo tambaleante de comunicación entre la familia el resto de la película.
Cruda, cínica e íntima, Valor Sentimental nos hunde con sus tres personajes principales para experimentar todas las emociones que envuelve el trauma familiar, desnudando a los tres miembros de la familia hasta los centros que cada uno representa más allá de las grietas familiares; la culpa se torna anhelo, el rencor es oportunidad y el amor permite la vista de la sanación.
Las rupturas permanecen en esta familia hasta su final, pues no se trata de una historia que las cubre, sino un relato melancólico que las reconoce y expresa amor a través de ellas; la historia de una familia con grietas y lenguajes por aprender para, finalmente, compartirlas entre ellos.