
El Super Bowl LX no solo enfrentó a dos de los mejores equipos de la NFL, también colocó en el centro de la conversación política y cultural a su espectáculo de medio tiempo, encabezado este año por el puertorriqueño Bad Bunny, en una edición marcada por la polémica, las declaraciones del presidente Donald Trump y hasta un show alternativo impulsado por sectores conservadores.
Green Day y la previa del partido
Antes de que Bad Bunny apareciera en el campo, la ceremonia ya marcaba el tono, pues previo al espectáculo principal, la ceremonia arrancó con la presentación de Green Day. La banda originaria de San Francisco interpretó algunos de sus éxitos más conocidos como Good Riddance (Time of Your Life), Holiday, Boulevard of Broken Dreams y American Idiot, esta última convertida en un mensaje directo sobre el posicionamiento del grupo ante la situación actual del país.
“No quiero ser un idiota estadounidense.
No quiero una nación bajo la nueva manía.
¿Y puedes oír el sonido de la histeria?
El lavado mental subliminal de América.“
Tras ello, la once veces ganadora del Grammy, Brandi Carlile, interpretó America the Beautiful, y posteriormente Charlie Puth fue el encargado de entonar el himno nacional estadounidense, The Star-Spangled Banner. Por su parte Coco Jones ofrecia su interpretación de “Lift Every Voice and Sing”.
Can you hear the sound of hysteria? 🤘🏻🔥
— Matheus Izzo (@izzomrm) February 8, 2026
Esse é o GREEN DAY tocando “American Idiot” na abertura do #SuperBowlLX .
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Contexto político detrás del show
La elección de Bad Bunny como artista del medio tiempo no pasó desapercibida en un momento político delicado en Estados Unidos.
A inicios de este año, el cantante puertorriqueño lanzó “Debí tirar más fotos” (DTMF) un disco centrado en la latinidad, el orgullo de las raíces y las problemáticas que enfrentan los latinos en ese país, material que no solo le valió el Grammy a Mejor Álbum de Música Urbana, sino el máximo reconocimiento de la Academia al llevarse el premio a Álbum del Año, compitiendo con figuras consolidadas como Kendrick Lamar, Lady Gaga, Pharrell Williams y Sabrina Carpenter.
Desde entonces, se anticipaba que su participación en el Super Bowl tendría un fuerte mensaje político, especialmente tras sus declaraciones durante la ceremonia de los Grammy.
Las críticas de Trump
Desde que se anunció al puertorriqueño como protagonista del medio tiempo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó la decisión como “absolutamente ridícula”.
“Nunca he oído hablar de él (…) No sé quién es, no sé por qué lo hacen. Es una locura. Me parece absolutamente ridículo”, declaró en su momento.
Posteriormente, afirmó que no asistiría al Super Bowl de este año y reiteró su descontento con la selección de artistas, señalando que tanto Bad Bunny como Green Day son críticos de su administración.
“Estoy en contra de ellos. Creo que es una decisión terrible. Lo único que hace es sembrar el odio. Terrible”, dijo Trump al diario The Post.
El boicot: ‘All American Halftime Show’
En respuesta a la elección del artista latino, detractores del cantante y grupos afines al presidente promovieron un espectáculo alternativo titulado ‘All American Halftime Show’, impulsado por la organización conservadora Turning Point USA, creada por el polémico Charlie Kirk quien falleciera el año pasado de manera violenta.
El evento, fue creado y encabezado por Kid Rock y tuvo las actuaciones de Brantley Gilbert, Lee Brice y Gabby Barrett. Este evento se transmitió de manera paralela en plataformas digitales y canales con fuerte presencia conservadora. El show alterno alcanzó +5.1 M de espectadores en vivo en YouTube.
El HalfTime más esperado: Bad Bunny
Cuando finalmente llegó el momento del medio tiempo, Bad Bunny apareció completamente vestido de blanco y abrió el espectáculo cantando su éxito Tití me preguntó. Desde el inicio dejó claro que no sería un show convencional, sino una puesta en escena cargada de símbolos sobre Puerto Rico y la identidad latina.
El escenario emulaba una región selvática de la isla, acompañado por representaciones del boxeo y de distintos oficios cotidianos que forman parte de la vida común en Puerto Rico. Después continuó con Yo perreo sola, interpretada desde una escenografía que recreaba “La Casita”, uno de los elementos visuales más reconocibles de su universo artístico.
La presentación avanzó con Party, Yo la conocí en Miami y un mix de perreo viejo que rindió homenaje a la música urbana que marcó a toda una generación, con fragmentos de temas asociados de leyendas del genero urbano como Daddy Yankee y Tego Calderón. Más adelante sonaron Mónaco y NUEVAYoL, manteniendo el ritmo festivo mientras el discurso visual seguía apuntando hacia la cultura boricua.
Uno de los momentos más sorpresivos ocurrió tras la representación de una boda en el escenario, cuando apareció Lady Gaga para interpretar una versión tropical de Die With a Smile, originalmente cantada junto a Bruno Mars, ahora adaptada a un ritmo cercano a la cumbia.
El tono del espectáculo cambió cuando Bad Bunny dedicó unas palabras al público latino y regaló uno de sus premios Grammy a un niño de ascendencia latina presente en el estadio, en uno de los instantes más emotivos y significativos del show.
Poco después, Ricky Martin apareció en el escenario para interpretar Lo que le pasó a Hawái, reforzando el mensaje sobre la gentrificación, la identidad y la defensa del territorio que atraviesa buena parte del discurso reciente del puertorriqueño. Acto seguido, Bad Bunny interpretó El apagón, como una reivindicación directa a su isla natal.
Antes del cierre, el artista mencionó uno a uno a los países que conforman el continente americano, en un gesto que convirtió el espectáculo en un reconocimiento explícito a la comunidad latina en Estados Unidos.
El show concluyó con Debí tirar más fotos, en un final que combinó celebración, nostalgia y un mensaje político sutil pero contundente sobre pertenencia, memoria y raíces.
En redes sociales, el espectáculo generó reacciones inmediatas, posicionando en tendencia etiquetas como #SBInolvidable , #Benito y #Latinoamerica.
Mientras para algunos se trató de una celebración de la identidad latina en el evento deportivo más visto del país, para otros fue una muestra de cómo el espectáculo del Super Bowl se convirtió, una vez más, en un escenario de disputa política y cultural.