
El Instituto Cultural Helénico vuelve a abrir sus puertas a uno de los textos más influyentes del teatro universal: la adaptación del clásico de Edmond Rostand, El Cyrano de Bergerac, ofreciendo una experiencia escénica que combina dramaturgia, combate coreografiado y música en vivo, elementos que refuerzan la intensidad de la historia y la conectan con sensibilidades contemporáneas.
La obra se desarrolla en la Capilla Gótica del recinto, un espacio que aporta atmósfera y potencia visual a la narrativa, convirtiendo la función en un viaje a otra época para el público.
Un héroe romántico y profundamente humano que rompe con la idealización
La propuesta escénica plantea una visión más terrenal de los protagonistas. El Cyrano de esta versión no solo es un poeta brillante, también es un personaje que lidia con inseguridades y contradicciones, mientras Roxana deja de ser la figura idealizada para adquirir matices psicológicos más complejos.
Esta reinterpretación busca mostrar cómo las relaciones, el deseo y la identidad siguen siendo temas vigentes sin perder la esencia del texto original.
Música, espadas y emoción
Uno de los rasgos más distintivos del montaje es su apuesta por la teatralidad física. Las coreografías de esgrima y la presencia de música en vivo con melodías actuales reinterpretadas en violín, flauta y chelo (muy al estilo Bridgerton) generan un ritmo que acompaña el desarrollo dramático y mantiene la conexión narrativa durante toda la función.
Además, el amplio elenco y la producción escénica convierten la obra en una experiencia de gran formato dentro del circuito teatral de la ciudad, consolidándola como una opción destacada para los amantes del teatro clásico reinterpretado.
El Helénico, un epicentro cultural
Más allá de la obra, el recinto continúa posicionándose como un punto clave para la difusión artística en la capital. Su arquitectura histórica y su programación diversa han permitido que el espacio funcione como un puente entre tradición literaria y creación contemporánea.
La presencia de montajes como el Cyrano de Bergerac reafirma su vocación de acercar grandes historias a nuevas generaciones de espectadores, manteniendo vigente el diálogo entre clásicos y público actual.
Esta temporada no solo recupera un texto fundamental del repertorio teatral, también lo replantea desde una óptica emocional que enfatiza la fragilidad humana detrás del heroísmo. El resultado es una obra que combina espectáculo, reflexión y cercanía, recordando que los grandes clásicos sobreviven porque saben transformarse.