
La película O Agente Secreto del director brasileño Kleber Mendonça Filho, se siente como si en una pantalla se proyectarán los recuerdos de una persona de la que pocos se acuerdan, pero que vivió eventos que marcaron la memoria colectiva de todo un país. Situada en 1977, la cinta es el reflejo del clima político que están atravesando muchos países hoy en día.
Los recuerdos anteriormente mencionados le pertenecen a Marcelo, el protagonista de la cinta, quien se encuentra en medio de la dictadura brasileña. Interpretado por Wagner Moura, es un hombre que se mueve de manera precavida, marcado por los acontecimientos de su pasado. No se permite bajar la guardía, ni disfrutar al máximo los pequeños instantes que le dan valor a la vida. Y aún así, como si no cargara con todas estas preocupaciones llega a Recife, Brasil en un llamativo bochito amarillo con el objetivo de poder comenzar desde cero y de reencontrarse con su hijo que vive con sus abuelos. No se explica cuánto tiempo llevan sin verse y la razón de esto es un poco confusa. Aún así cuando Marcelo entra a la casa de sus cuñados, los rostros de todos los presentes reflejan alivio y trasmiten que les han quitado un peso de encima.
En el departamento de refugiados en el que el protagonista se hospeda lo reciben cálidamente la música y los tragos. Por un momento parece que su estancia en Recife no se va a tener que extender más de lo necesario. Sin embargo su regreso al lugar del que guarda tantas memorias se torna incierto cuando se da cuenta de que los sicarios contratados por el régimen militar, de los que quiere huir, se encuentran más cerca de lo que le gustaría. Complicando así su intento de desaparecer del país sin dejar huella.
Esta producción cinematográfica también se siente como adentrarse en una máquina del tiempo. Con sus saltos temporales entre el pasado y el presente, poco a poco se van develando todos los personajes. Cada uno diferente al otro, cada uno con una historia desafortunada que contar.
En el presente se encuentra una mujer que trabaja cuidadosamente en la transcripción de una serie de entrevistas que tuvieron lugar entre Marcelo y un grupo de personas que le prometieron que le iban a ayudar a escapar de Brasil.
A lo largo de la película la libertad siempre parece encontrarse a la vuelta de la esquina; Marcelo sólo necesita mantener un perfil bajo durante tres días, al finalizar ese tiempo su pasaporte falso quedará listo y junto con su hijo podrá dejar atrás todo lo que lo atormenta.
Por su parte, en el pasado se encuentra todo lo demás: un pueblo sometido por su gobierno, acciones violentas que se han normalizado, la inseguridad de lo que traerá el día siguiente y un Carnaval desbordante de colores que transcurre posterior a una escena inicial inquietante. En un día caluroso, como otros tantos que tienen lugar en la película, en el suelo de una gasolinería se encuentra el cuerpo de un ladrón que ya ha comenzado su estado de descomposición. Medianamente tapado con una caja, el cadáver está esperando a que la policía lo recoja.
Con sus brillantes colores y su jubilosa gente, la ciudad de Recife se convierte por sí misma en un personaje. Sus calles que pasan de ser pisadas por los bailarines a ser manchadas por la sangre derramada, asumen el papel de un archivo histórico. La directora de fotografía Evgenia Alexandrova, adentra al espectador en una narrativa de tonos saturados que contrastan con el tono pesado que carga la historia.

El cuñado de Marcelo trabaja en un cine, el cual se convierte en un espacio seguro para poder comunicarse con el exterior sin que el gobierno se entere de sus actividades. Las entrevistas suceden en un pequeño cuarto dentro del edificio y es ahí donde el protagonista puede sentirse a salvo al menos durante unos minutos.
En una de las escenas que tiene lugar precisamente en dicha locación, a su salida del lugar, Marcelo ve a la distancia a uno de los sicarios. A continuación logra evitar ser atrapado al mezclarse con la gente que está disfrutando del festival. Y aunque acaba de salir de una situación peligrosa, no puede evitar comenzar a bailar al ritmo de la música y de disfrutar el caos nocturno. En cierto momento el espectador lo pierde de vista, su figura se difumina con la de los demás. La escena se puede interpretar como una metáfora que hace referencia de todas las personas a quienes la historia y el poder político se ha negado a darles una voz. Esto se vuelve más evidente cuando durante su tiempo como refugiado, el protagonista toma un trabajo en una oficina de identificación del Estado. No lo hace para aparentar tener una vida normal, su objetivo es encontrar un archivo que valide la existencia de su difunta madre.
El ritmo de O Agente Secreto está conformado con un poco de todo, a veces corre contra las manecillas del reloj, a veces es lenta y contemplativa. Y sin duda esa decisión funciona con su historia que habla de la resistencia, del no olvido y de la lucha por la justicia.