Escenario

David Robert Mitchell otorga una propuesta lo suficientemente original para dar pie a una nueva narrativa de terror de supervivencia y crisis temporales; el viaje al que nos transporta en El final de la Calle Oak es intenso, desesperante y sensible.

El final de la Calle Oak: entre dinosaurios y volcanes, la peor crisis humana aún es un mal matrimonio

Dirigida por David Robert Mitchell y coproducida por JJ Abrams.
El final de la Calle Oak Dirigida por David Robert Mitchell y coproducida por JJ Abrams.

A inicios de la década de los 90, Jurassic Park sacudió al mundo con la ficticia posibilidad de qué sucedería en la vida moderna si un día los dinosaurios volviesen a habitar la Tierra. La respuesta que nos entregó la icónica película fue bastante clara. Sin embargo, el cuestionamiento casi apocalíptico es retomado por David Robert Mitchell desde una perspectiva distinta que construye a su propio estilo: ¿qué sería de la humanidad, si un día habita en el tiempo de los dinosaurios…?

El final de la Calle Oak se sostiene por ofrecer al público un concepto original sobre la crisis prehistórica y depredadora en la ciencia ficción, un interesante manejo del tiempo, y (quizá) aún más importante que ser repentinamente devorado en tu viaje matutino al buzón, la única solución a un matrimonio que se desmorona: terapia no es, son los ochenta, así que sí, dinosaurios.

Llevar una familia infeliz, caracterizada por sus sueños frustrados, dificultad económica y tendencias impulsivas por las malas decisiones en tiempos de crisis, a una era la que los dinosaurios carnívoros dominaban como la cúspide de la cadena alimenticia, es el mejor acierto de Robert Mitchell para contar la historia que desea contar y dar al público un terror de supervivencia distinto al acostumbrado; al mismo tiempo, resulta también ser su punto débil, derivando en una historia que lo tiene todo para crecer y perdurar, pero tropieza con sus nuevos aportes y regresa a refugiarse en un par de clichés que a más de una persona podrían hacerle arquear una ceja.

La familia Platt vs la familia Platt: el terror de sobrevivir a una crisis matrimonial y a uno que otro dinosaurio

Dirigida por David Robert Mitchell, creador del clásico de terror It Follows, y coproducida por JJ Abrams, El final de la Calle Oak sigue la historia de los Platt, una familia de la década de los ochenta liderada por una combativa y lógica Denise (Anne Hathaway), quien a menudo se escabulle de su insatisfactoria vida materna para escribirse una realidad en la que escapa a otra ciudad, y Greg Ewan McGregor–, un acomplejado padre que no entiende cómo devolver la felicidad a su esposa (tampoco pregunta) y continuamente huye del conflicto, repartiendo todas las pizzas que puede para sostener a su familia.

Tanto Hathaway como McGregor hacen suyo al personaje, desarrollan una química tan sincera que ningún matrimonio fallido lució tan real desde Kramer vs Kramer, crisis familiar que se completa con las frescas interpretaciones de Brian y Audrey (Christian Convery y Maisy Stella), el par de adolescentes perspicaces que augura un próximo divorcio al pastel de los suburbios que sólo ellos parecen comer: problemas económicos que impiden sueños de estudios universitarios y peleas callejeras para evitar volver a casa.

La película arranca con un ritmo lento, se toma su tiempo para presentarte el papel de cada miembro en la dinámica familiar, lanza vagas señales de los problemas que aquejan a cada uno de ellos, y te presenta pequeños destellos de luz en los que no todo parece terrible. Quizá la familia sólo debe comunicarse. Quizá sólo deben tener más cenas con pizza juntos. No obstante, la decisión del cosmos rebasa cualquier tarea que pueda darse en una sesión terapéutica de pareja.

De la noche a la mañana, los Platt y todo el vecindario de Oak Street son transportados a miles de años en el pasado, lo que finalmente desencadena el terror de la premisa: sin más defensa que la voluntad de vivir, personas comunes de los suburbios tendrán que defenderse de todo tipo de criaturas prehistóricas hasta hallar una forma de volver a su tiempo orginal; si es que dicha opción siquiera existe.

A pesar del acecho de carnívoros con mandíbulas gigantes a la vuelta de la esquina, la absoluta oscuridad o la incertidumbre de no volver nunca más a la comodidad de lo que conoces, la crisis que resalta sigue teniendo su centro en Denise y Greg, dos personas claramente infelices que no logran resolver sus conflictos ni siquiera a puertas del apocalipsis de su calle, lo que desencadena una serie de malas decisiones en las que cada miembro de la familia decide actuar por su cuenta... y ahora sí, el terror continuo no te deja levantarte del asiento.

Robert Mitchell apuesta por la crudeza de la imperfecta humanidad... y después no

Por una parte, la idiosincrasia de la familia Platt es lo que los mantiene con vida; por otra, es también lo que les pone en riesgo en primer lugar. Esta exposición imperfecta de adultos y adolescentes es sólida durante la primera parte de la película, robando el corazón del espectador al punto de que la audiencia desea saber más sobre cómo resolverán sus problemas a cómo volverán a casa.

No obstante, hacia el tramo final del filme, Robert Mitchell tropieza con la originalidad de sus personajes y cae nuevamente en las soluciones sencillas sin profundidad. De la misma forma que Oak Street es transportada sin demasiada explicación en el tiempo, la familia protagonista halla soluciones repentinas a sus diferencias que no terminan de convencer al público.

A pesar de que el guionista y director brinda las bases de personajes complejos, éstos se ven interrumpidos por la crisis cósmica o la débil escritura, y no terminan por completarse del todo; es más fácil creer en los viajes en el tiempo que en el final de los Platt.

Tal falta de equilibrio entre el terror de supervivencia y el centro de los protagonistas es dolorosamente obvia, sin embargo, puede pasar desapercibida para quienes únicamente deseen una película “palomera”, de tensión constante, frustraciones inevitables y risas inesperadas por el acertado toque de humor negro que expulsa toda búsqueda de lógica.

En resumen, el absurdo y la imperfección son un personaje más en El final de la Calle Oak y el espectador tiene que estar dispuesto a aceptarlos en orden de disfrutar una propuesta original de terror de supervivencia que definitivamente puede mejorar, pero que ha dado prometedores primeros pasos.

Tendencias