Escenario

El músico regiomontano regresó a su debut solista dos décadas después de su lanzamiento y convirtió el Pabellón Oeste en un recorrido por su historia, desde Zurdok hasta una celebración en familia

Chetes celebra 20 años de Blanco Fácil: canciones que se niegan a envejecer

Concierto de Chetes en Pabellón Oeste
Concierto de Chetes en Pabellón Oeste Foto: Dyna Sánchez

A las nueve de la noche en punto, Chetes apareció sobre el escenario del Pabellón Oeste del Palacio de los Deportes. Con guitarra acústica en mano, afinó los últimos detalles frente a un público que lo esperaba para celebrar una fecha especial: veinte años de Blanco Fácil, el disco que en 2006 marcó el comienzo de su carrera solista.

Desde los primeros minutos, la identidad visual y musical de Chetes estuvo presente en cada detalle. Entre los visuales destacaba el círculo concéntrico rojo, blanco y azul convertido en emblema de la cultura mod británica; una referencia que encontraba continuidad en su propia imagen: el corte de cabello, la guitarra acústica colocada alta sobre el torso y una sensibilidad estética que inevitablemente conecta con nombres como Paul Weller, John Lennon y los hermanos Gallagher.

Pero hablar de esos referentes como simples influencias se queda corto.

Después de más de tres décadas haciendo música, Chetes pertenece a una generación de artistas que tomó aquel lenguaje británico y lo incorporó a la historia del rock hecho en México. Desde Zurdok hasta su obra como solista, las guitarras, melodías y códigos visuales de esa tradición no aparecen como una cita o un homenaje ocasional: forman parte de su propio ADN artístico.

Detrás de él, una banda de cuatro músicos completaba la puesta en escena: batería y teclados elevados sobre plataformas, además de bajo y guitarra eléctrica. Entonces llegaron los primeros acordes de “Poco a Poco”.

Concierto de Chetes en Pabellón Oeste
Concierto de Chetes en Pabellón Oeste Foto: Dyna Sánchez

No hizo falta demasiado para comprobar que el público conocía perfectamente el material que estaba celebrando. Siguieron “Otra Vez” y “Se Fue el Dolor”, esta última acompañada por la armónica de Chetes. El concierto comenzó así un viaje hacia 2006, año en que Blanco Fácil presentó una nueva faceta del músico después de su paso por Zurdok.

Con “Llegó la Luz”, los visuales abandonaron las imágenes estáticas para incorporar video en vivo del escenario. Después llegó uno de los momentos más reconocibles de la primera parte de la noche. Entre gritos de “¡Chetes, Chetes!” y el clásico “oe, oe, oe”, el músico dejó la acústica y tomó una Gibson ES-335 sunburst para interpretar “Completamente”.

El cambio de instrumento también transformó el carácter del concierto. Los acordes abiertos, las melodías y el sonido de la guitarra remitían a ese lenguaje británico que había estado presente desde el comienzo de la noche, pero a estas alturas ya no había necesidad de buscar la referencia al otro lado del Atlántico. Después de tantos años, Chetes también forma parte de esa conversación.

El recorrido continuó con “Sobreviví” y “¿Qué Vas a Hacer?”, antes de que el escenario cambiara nuevamente de carácter. Chetes se quitó la chaqueta, dejó la guitarra y tomó asiento frente al piano para “Camino a Casa”. El público respondió coreando sus melodías incluso cuando no había palabras de por medio.

En “Regresa”, permaneció al piano mientras el bajo eléctrico cedía su lugar a un contrabajo, dando a la canción un carácter más orgánico. Pero uno de los momentos más personales de la noche llegó inmediatamente después: Lisa Garza, hija de Chetes, apareció con una Telecaster roja y lentes oscuros para acompañar a su padre en “Que Me Maten”.

La imagen tenía algo especial. Un disco que cumplía veinte años encontraba ahora sobre el escenario a su autor compartiendo ese aniversario con una nueva generación de su propia familia.

Concierto de Chetes en Pabellón Oeste
Concierto de Chetes en Pabellón Oeste Foto: Dyna Sánchez

La celebración de Blanco Fácil continuó con “El Sonido de Tu Voz”, esta vez con Chetes de vuelta en la acústica y el acordeón sumándose al arreglo. Posteriormente, el escenario quedó únicamente para él y su guitarra en “Una Pieza”, cerrando así el recorrido por las doce canciones del álbum que dos décadas atrás inauguró formalmente su camino como solista.

Pero la noche estaba lejos de terminar. Solo con la acústica, Chetes interpretó “Querer”.

Después recuperó la ES-335 y a la banda completa para “16 de febrero”, antes de recibir a uno de los invitados más celebrados de la noche: Javier Blake, vocalista de División Minúscula.

Blake apareció con guitarra acústica para interpretar junto a Chetes “Abre los Ojos”. Chetes, nuevamente con la 335 entre las manos, encontró en la canción la puerta de entrada a otra etapa fundamental de su historia.

El repertorio continuó precisamente por ahí con “Estático” y “Azul Oscuro”, regresando a los años de Zurdok y recordando que la historia de Chetes como solista es también continuación de una trayectoria que ayudó a definir una parte importante del rock alternativo mexicano.

El tramo final amplió todavía más el recorrido con “Arena” y “Grados Bajo Cero”, antes de que Chetes se tomara un momento para presentar a los músicos que lo habían acompañado durante la noche.

Tras una breve salida del escenario llegó el encore. Y después de más de dos décadas de canciones, Chetes eligió regresar acompañado de alguien que forma parte de una historia todavía más personal.

Concierto de Chetes en Pabellón Oeste
Concierto de Chetes en Pabellón Oeste Foto: Dyna Sánchez

Su esposa, Carmela, apareció para cantar junto a él “Si Tú No Vuelves”, tema de Miguel Bosé que Chetes grabó junto a Amaral. Él volvió a la guitarra acústica mientras el acordeón acompañaba la interpretación. Por unos minutos, el aniversario de un disco se convirtió también en una celebración de las personas que han formado parte del camino.

Todavía quedaba espacio para regresar una vez más a Zurdok con “¿Cuántos Pasos?”, antes de “Volverás” y el cierre definitivo con “Efecto Dominó”. Para entonces, Chetes había recuperado la ES-335 y el concierto había completado el recorrido iniciado más de dos horas antes.

Veinte años pueden ser suficientes para convertir un disco en una pieza de nostalgia. Pero Blanco Fácil demostró esa noche algo más difícil: que sus canciones todavía pueden habitar el presente.

A su alrededor aparecieron Zurdok, discos posteriores, amigos y familia. Lo que comenzó como la celebración de un álbum terminó retratando algo mucho más amplio: una carrera que ha seguido creciendo alrededor de aquellas doce canciones.

Quizá por eso el aniversario tuvo tanto sentido. Las canciones eran las mismas, pero ahora cargaban con veinte años más de historias.

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