Jalisco

Basta que un cobrador haga una llamada intimidante o envíe mensajes amenazantes para que muchos crean que tendrán consecuencias penales. La realidad jurídica va más allá de lo que el miedo nos permite ver

Derecho en Perspectiva: ¿Qué pasa si no pago una deuda?

Karina Santillán Cano, abogada y columnista legal ciudadana

¿Te han llamado a las seis de la mañana para amenazarte con la cárcel por una tarjeta de crédito o un préstamo personal? En México, esta escena es el pan de cada día y alimenta una creencia muy extendida: que si alguien deja de pagar una deuda, su destino inevitable es la prisión.

Basta con que un cobrador haga una llamada intimidante o envíe un mensaje amenazante para que muchas personas crean que están a punto de enfrentar consecuencias penales. Pero la realidad jurídica es otra y es mucho más clara de lo que el miedo nos permite ver.

No pagar una deuda no es un delito. Nuestra Constitución es tajante en su artículo 17: “Nadie puede ser aprisionado por deudas de carácter puramente civil”. En la gran mayoría de los casos —desde el adeudo de una tienda departamental hasta un préstamo entre particulares— se trata de un asunto estrictamente civil, no penal. Es decir, el conflicto no se resuelve con policías ni con rejas, sino mediante un procedimiento ante un juez de lo civil.

Cuando una persona deja de cumplir con un pago, el acreedor tiene el derecho legítimo de acudir a los tribunales. Sin embargo, el objetivo de este proceso no es castigar al deudor con la cárcel, sino buscar la manera de recuperar el dinero.

Aquí es donde conviene aclarar algo fundamental: que no sea un delito no significa que no existan consecuencias legales. Si el acreedor obtiene una resolución favorable, un juez puede ordenar medidas para garantizar el cumplimiento de la deuda. Entre ellas, el famoso embargo de bienes.

Pero incluso en el embargo existen reglas de protección ciudadana. La ley establece que hay bienes inembargables: el lecho cotidiano (su cama), la ropa, los muebles que no sean de lujo, los instrumentos o herramientas necesarios para su oficio, arte o profesión, y el patrimonio de familia. La justicia busca el pago, no el despojo total que impida la subsistencia.

Por eso es vital aprender a distinguir entre los mitos y la realidad. Los despachos de cobranza suelen utilizar un lenguaje intimidante para generar pánico, pues hablan de “órdenes de aprehensión” inexistentes o consecuencias penales que simplemente no aplican en estos casos.

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El derecho busca equilibrar dos intereses: el del acreedor que tiene derecho a recuperar su capital y el del deudor, que tiene derecho a un proceso legal justo, sin intimidaciones ni amenazas ilegales.

Entender esto es clave para tomar decisiones informadas. Las deudas deben cumplirse, sí, pero también deben reclamarse por las vías legales correctas.

Desde Derecho en Perspectiva, sostengo que el miedo casi siempre nace de la desinformación. Conocer la diferencia entre un delito y un conflicto civil puede marcar la diferencia entre vivir con angustia o enfrentar un problema con claridad.

Porque el derecho no solo sirve para resolver pleitos; también sirve para desmontar mitos y devolverle la tranquilidad al ciudadano.

@kaarinacano

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