Edvard Munch y Vincent Van Gogh son dos de los pintores más reputados del siglo XIX. Nacieron con solo diez años de diferencia, el primero en 1863 mientras que el segundo en 1853, y pese a ser ambos del norte de Europa, Noruega y Países Bajos respectivamente, y residir en la misma ciudad nunca se conocieron en persona. Eso no quiere decir que no hubiera una influencia recíproca pues, visto en perspectiva, tanto sus vidas como sus obras guardan ciertos paralelismos.
De entre los muchos puntos en común de ambos pintores, destaca su vida atormentada, algo que condicionó sus trabajos y relaciones con el mundo artístico. Ambos tenían muchas cartas manuscritas explicando sus frustraciones y sentimientos, así como la relación complicada con sus respectivas familias. Además, se refugiaron en París, considerada la ciudad más liberal en cuanto a creación artística, donde vivieron cerca, pero no coincidieron.
Fue durante la estancia en la capital francesa cuando Van Gogh dio el salto definitivo al impresionismo con el objetivo de romper con el academicismo más clásico. Aunque su estilo es único e inclasificable, parte de su obra se considera impresionista como “El dormitorio de Arlés”. Munch, por su parte, también tuvo una etapa impresionista, pero la fue abandonando por su relación con otros artistas más vanguardistas como Toulouse Lautrec y Paul Gauguin.
Exteriorizar el tormento
Aparte de París y las cartas manuscritas, ambos artistas también coinciden en haber pasado a la historia por ser dos de los pintores que con más crudeza relatan el tormento y las frustraciones interiores. Un ejemplo de ello es el del neerlandés, internado en un sanatorio mental durante parte de su vida donde expresó a través del lienzo las crisis de ansiedad, la desesperación y la tristeza. Fruto de esos sentimientos nació la obra “Ante el manicomio de Saint-Rémy”, actualmente expuesta en el Museo Orsay de París.
Otro periodo importante en la vida de Van Gogh fue el de sus últimos tres años de vida, fallecido en 1890, donde tuvo que combinar periodos de creación artística máxima con ataques de esquizofrenia muy agudos. Durante ese tiempo produjo obras de la talla de “La noche estrellada”, “La iglesia de Auvers-sur-Oise” o “Campo de trigo con cuervos”; lienzos que han pasado a la historia y cuyo salto a la fama se produjo una vez fallecido.
El caso de Edvard Munch se asemeja bastante. Aunque no tiene episodios como el famoso corte de oreja del neerlandés, su obra está plagada de sentimientos de frustración y desesperación. Ejemplo de ello es el mensaje de “El grito”, su cuadro probablemente más conocido que integra la serie “La crisis de la vida”. En dicho mensaje, el mismo pintor noruego dejó con el carboncillo de un lápiz las palabras “solo pudo haber sido pintado por un hombre loco”, evidenciando claramente la lucha interna de este gran artista. En el cuadro se muestra una combinación de tristeza, terror y ansiedad, exteriorizada por una figura fantasmagórica aparentemente perseguida por unas figuras oscuras.
El noruego ha trascendido por ser uno de los artistas que mejor expresaban los sentimientos humanos, sobre todo aquellos menos agradables. Su expresionismo usando la parte más oscura influyó mucho a la escuela expresionista alemana con figuras grotescas, deformes u oscuras. Ejemplo de ello son otros lienzos muy conocidos como “Ansiedad”, “Cenizas”, “El beso” o “Amor y dolor”. Incluso destaca de su colección un guiño a Van Gogh con “Noche estrellada”, un cuadro muy oscuro pintado tres años después de la muerte del neerlandés.
Exposición conjunta
En 2015 se produjo un hecho histórico, del cual se desconoce que tuviera lugar mientras los pintores estaban vivos: Vincent Van Gogh y Edvard Munch compartieron salón de exposiciones. Fue en el museo del neerlandés en Ámsterdam y en el del noruego en Oslo, en una exposición que llevaba el nombre de Munch: Van Gogh. Ambas entidades museísticas querían destacar la conexión evidente entre el expresionismo de estas almas gemelas que no se conocieron en vida y que tanto tuvieron en común.
Así pues, el Museo Van Gogh de Ámsterdam y el Museo Munch de Oslo ofrecieron a sus visitantes obras que es prácticamente imposible de ver juntas como “El grito” o “La noche estrellada”. Tuvieron carreras paralelas, muy atormentadas en algunas ocasiones, y han pasado a la historia por ser dos de los artistas que mejor consiguieron expresar su interior de manera pictórica, algo también recogido en el caso de Van Gogh en la película animada Loving Vincent del 2017, la cual fue realizada con pinturas al óleo. En fin, muchas conexiones entre dos de los pintores más grandes del siglo XIX.