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La afición ya está lista para el Mundial 2026; el Gobierno sigue en “ahorita”

El aficionado está listo. La playera de México está lista. Las porras están listas. La botana está lista, el estadio está esperando a todos y la ilusión de ver a México Campeón lista.

Pero adivinen quién no está listo. El de siempre, el Gobierno de Jalisco, que nos dice que “ahorita”.

Jalisco quiere presentarse ante el mundo como sede de primer nivel. El problema es que con discursos y videos de Instagram no logras ser primer mundo. El éxito dependía de lograr hace un año tener trayectos terminados, reglas claras en el transporte público como son los servicios de plataforma. Certeza de quien nos visita y sobre todo para aquel visitante que viene por primera vez a México y a Guadalajara.

No hay manera seria de sostener que la ciudad está plenamente lista cuando el principal corredor de entrada sigue cargando con obras, cierres y cuellos de botella. En la carretera a Chapala, a metros del aeropuerto, la construcción asociada a la Línea 5 ha reducido la circulación de seis a tres carriles en uno de los puntos más conflictivos; además, en el nodo Periférico continúan restricciones que siguen generando tráfico.

Para el gobierno la retórica parece ya sacada de las Mil y una Noches y nuestro Gober parece Sherezade diciéndonos todos los días que estamos listos, y me remito ahora al libro de Hans Christian Andersen en donde todos ven al Rey desnudo, y aquí todo Jalisco vemos que las obras continúan y la desorganización es la que reina en esta sede mundialista.

La SIOP ha dicho que la primera etapa que debe operar para el Mundial es la que va del aeropuerto al Periférico, mientras que la conexión completa se plantea en una etapa posterior. Es decir, el Gobierno sigue vendiendo como solución integral algo no va a llegar y después del Mundial, puede ser que nunca llegue. Para el visitante, eso significa transbordos, rodeos y una movilidad apoyada más en operativos especiales que en infraestructura plenamente terminada.

Y si el turista cree que al bajar del avión podrá pedir un Uber o un DiDi con normalidad, tampoco. Lo que existe hoy no es autorización para recoger pasaje directamente en la terminal. Lo que se está construyendo es un patio externo; el modelo presentado contempla que los vehículos de plataforma no entren al aeropuerto y que los usuarios sean trasladados en camionetas hasta ese punto para abordar ahí. Pues en qué país vivimos, en el país de Nunca Jamás, donde quieren que nos creamos todo lo que nos dicen.

Luego viene el tema que más debería avergonzarnos: el agua. El SIAPA anunció un programa intensivo de mantenimiento por tres meses para limpiar tanques, revisar potabilizadoras y reducir turbiedad y malos olores. Pero al mismo tiempo su propio director admitió que no puede garantizar que el agua llegue al 100 por ciento potable a los hogares por el deterioro de la red y por tuberías viejas. La Jornada reportó, además, que el problema no estará resuelto para el Mundial y que harán falta al menos tres meses para que empiece a reflejarse una mejor calidad del servicio.

¿Y los protocolos para los turistas? Lo que se ve públicamente, hasta ahora, no es un protocolo estatal único, claro y visible para el visitante común, sino un rompecabezas institucional. Estamos ofreciendo un “Blindaje Turístico”, un “Turismo sin riesgos” e “Inglés” para personal de primer contacto con cursos de 2 meses de inglés con muchas barreras. Pobre de nuestros visitantes, su primer gran enojo va a ser no poder pedir un taxi de plataforma y tampoco tener la garantía de llegar en transporte público. Entonces o le pagas a los taxis del aeropuerto o simplemente no llegas y el problema es que son insuficientes, las colas serán de miles, si, de miles de personas.

En países que se toman en serio un escaparate global, a estas alturas ya no se discute si el pasajero tendrá que abordar una camioneta para llegar a su Uber, ni si el agua de la llave sirve para lavarse los dientes, ni si la gran obra de acceso todavía está a prueba. Aquí seguimos atrapados en la lógica del “ahorita”, esa unidad de tiempo favorita del poder que jamás aparece en la ley, y nunca resuelve nada por sí misma y siempre llega tarde.

El aficionado ya hizo su parte. Compró la camiseta. Reservó el hotel. Preparó la reunión. Ajustó la agenda. El Gobierno, en cambio, sigue pidiendo fe. Y un Mundial no se organiza con fe. Se organiza con obra terminada, servicios dignos, reglas claras y una seguridad que no solo se anuncie, sino que se sienta.

Con todo, sean bienvenidos a una ciudad que quiere y respeta a los turistas.

manuel@estevez.org.mx

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