
Escribo estas líneas el 12 de julio, “día del abogado”, sensibilidad que impone compartirle algo sobre nosotros.
En estos tiempos de enormes colectivos intercomunicados e interdependientes de relaciones complejas, los disensos y faltas de respeto nos agravian, detonan pasiones y suele imponernos transitar nuestra vida con la injerencia de abogados.
Lo único que impide arrebatos con violencia, es el respeto a normas, que pueden ser religiosas, sociales o jurídicas que, por nuestro bien, nos vemos obligados a creer, deshonrar esos sistemas normativos nos conduciría a explosiones autodestructivas.
Por lo que hace a esas normas jurídicas forman un andamiaje estructural y funcional que sostenemos abogados de todas hechuras y en ello radica una delicada, pero trascendente diferencia entre el bien y el mal con que se conduce nuestro gremio.
CLAROSCUROS DE ESTE OFICIO
Ciertamente, hay todo tipo de abogados, hay quien decide prostituirse por dinero para consolidar infamias que desprestigian al gremio; hacen mucho daño; también hay apáticos, indiferentes, mediocres, charlatanes, improvisados, medianos, flotan entre claroscuros y hacen lo que pueden.
Pero debe saber que en este noble oficio hay extraordinarios seres humanos que profesan este apostolado con estudios profundos, altura de miras, vocación por hacer lo correcto, pensamiento crítico, nobleza, prudencia, carácter, valor, lealtad, integridad, congruencia y que con sus actos contribuyen a formar sociedades más libres, justas, respetuosas y confiables.
De la ética o perversión del abogado, penden libertades, patrimonios, creación de leyes, sentencias, escrituras, decisiones trascendentes a la vida de todos, su responsabilidad social es altísima, son depositarios de la confianza colectiva para ejercer, no solo de quienes les contratan o designan, si pervierten su desempeño, alguien en la sociedad sufrirá una injusticia que generará dolor y resentimientos profundos trascendentes en sus vidas.
INTIMIDADES DE LA ABOGACÍA
Ejercer la abogacía, impone un acompañamiento crítico y leal a los problemas ajenos, nos exige intervenciones asertivas, trascendentes, humanismo sensible, nos involucra en lo más delicado de las relaciones humanas y obliga a entender que en cualquier área que nos desempeñemos, en el fondo, tutelamos el respeto a la dignidad, integridad y la paz social indispensables para continuar sobreviviendo en sociedad, de ahí la alta responsabilidad y correlativa nobleza de este oficio.
Le diré más, en la intimidad y conciencia, los abogados vivimos con las consecuencias de nuestras decisiones, nos acompañan durante años el dolor de los errores, tanto como la satisfacción de aciertos; somos tan humanos como cualquiera, vibramos los problemas, sentimos y nos acongoja la injusticia; por lo general, repudiamos la maldad, la perversión, nos invaden las angustias de nuestras limitaciones cognitivas, las inclemencias de la incertidumbre en las toma de decisiones, sentimos temores razonables que procuramos superar con el carácter forjado en el fragor de la responsabilidad y ello nos exige valentía.
Esas tribulaciones no son menores, decidimos sobre seres humanos agobiados por crisis de todo tipo, vivimos en el umbral de complejas fronteras entre lo justo, legal y emocional, laberintos emanados de la impotencia, idiosincrasia o vulnerabilidad de los desvalidos y el poderío económicos de los ventajosos, nos avasallan argumentos inteligentes y sesgados y es en ese mar turbulento que debemos deliberar con lógica, inteligencia y encontrar la justicia.
Las vicisitudes de abogados son increíblemente intensas, todos, nos vemos obligados a elegir qué clase de seres humanos somos.
CÓMO IDENTIFICAR UN BUEN ABOGADO
Se preguntará, ¿Cómo identificar un buen abogado de otro?, no es tarea fácil, las apariencias engañan, pero le respondo sugiriéndole que confíe en su instinto y perspicacia serena, pulse su madurez, perciba quién le dice lo que quiere oír y quién lo escucha con prudencia, con reserva de criterio y emite pronunciamientos cuidadosos aunque no sean de su agrado, pondere con cuidado.
Parta de algo, el ejercicio de este oficio, además de alta formación técnica, exige cultura, experiencia en la vida, calle, contacto previo con distintos grupos sociales que permitan comprender la vibra de sus miembros conforme sus distintas condiciones económicas, gremios, circunstancias y manera de pensar; esa universalidad y comprensión del realismo de las condiciones de muchas vidas, le aportan al operador jurídico sabiduría, sensibilidad y sentido de lo correcto, le desarrollan un profundo humanismo, sensibilidad en la comprensión de los problemas y prudencia en el consejo.
Si Usted necesita ese consejo jurídico o ser representado, escuche con serenidad a su abogado, observe cómo se conduce, intérprete sus luces, cordura y lo razonable de su opinión, identifique si está tutelando el interés de él o el e Usted o el de ambos y tome una decisión ponderada conforme a lo razonable, no sólo emocional.
Piense que Usted necesita seguridad en la orientación y representación, seriedad, compromiso, realismo, consejo calificado y conducir su crisis con la toma de decisiones inteligentes y asertivas.
Identifique si su abogado procura la virtud, el honor, dignidad, probidad y le ofrece talento informado, si tiene experiencia real, esas cualidades o la carencia de ellas, se notan.
Piense que el abogado barato suele salir caro, que en la oferta de servicios suele haber espejismos siniestros y remuneraciones justas y que es muy fácil confundirse, si ya está en crisis, ya no puede errar el rumbo.
GRATITUD A LOS GRANDES JURISTAS
Desde estas líneas, agradezco a nuestros maestros, mentores, grandes juristas, pensadores y juzgadores eméritos que con sus luces, ejemplos, pensamiento profundo y deliberaciones forjaron nuestros criterios y andares que en esencia coinciden en una máxima para llevar la vida en comunidades, que aprendimos desde la cuna, en la calle a trompones y en el curso que de la vida que siempre resulta cierta, “el respeto al derecho ajeno, es la paz”.
José Carlos González Blanco.
Propuesta de títulos probables.Escribo estas líneas el 12 de julio, “día del abogado”, sensibilidad que impone compartirle algo sobre nosotros.
En estos tiempos de enormes colectivos intercomunicados e interdependientes de relaciones complejas, los disensos y faltas de respeto nos agravian, detonan pasiones y suele imponernos transitar nuestra vida con la injerencia de abogados.
Lo único que impide arrebatos con violencia, es el respeto a normas, que pueden ser religiosas, sociales o jurídicas que, por nuestro bien, nos vemos obligados a creer, deshonrar esos sistemas normativos nos conduciría a explosiones autodestructivas.
Por lo que hace a esas normas jurídicas forman un andamiaje estructural y funcional que sostenemos abogados de todas hechuras y en ello radica una delicada, pero trascendente diferencia entre el bien y el mal con que se conduce nuestro gremio.
CLAROSCUROS DE ESTE OFICIO
Ciertamente, hay todo tipo de abogados, hay quien decide prostituirse por dinero para consolidar infamias que desprestigian al gremio; hacen mucho daño; también hay apáticos, indiferentes, mediocres, charlatanes, improvisados, medianos, flotan entre claroscuros y hacen lo que pueden.
Pero debe saber que en este noble oficio hay extraordinarios seres humanos que profesan este apostolado con estudios profundos, altura de miras, vocación por hacer lo correcto, pensamiento crítico, nobleza, prudencia, carácter, valor, lealtad, integridad, congruencia y que con sus actos contribuyen a formar sociedades más libres, justas, respetuosas y confiables.
De la ética o perversión del abogado, penden libertades, patrimonios, creación de leyes, sentencias, escrituras, decisiones trascendentes a la vida de todos, su responsabilidad social es altísima, son depositarios de la confianza colectiva para ejercer, no solo de quienes les contratan o designan, si pervierten su desempeño, alguien en la sociedad sufrirá una injusticia que generará dolor y resentimientos profundos trascendentes en sus vidas.
INTIMIDADES DE LA ABOGACÍA
Ejercer la abogacía, impone un acompañamiento crítico y leal a los problemas ajenos, nos exige intervenciones asertivas, trascendentes, humanismo sensible, nos involucra en lo más delicado de las relaciones humanas y obliga a entender que en cualquier área que nos desempeñemos, en el fondo, tutelamos el respeto a la dignidad, integridad y la paz social indispensables para continuar sobreviviendo en sociedad, de ahí la alta responsabilidad y correlativa nobleza de este oficio.
Le diré más, en la intimidad y conciencia, los abogados vivimos con las consecuencias de nuestras decisiones, nos acompañan durante años el dolor de los errores, tanto como la satisfacción de aciertos; somos tan humanos como cualquiera, vibramos los problemas, sentimos y nos acongoja la injusticia; por lo general, repudiamos la maldad, la perversión, nos invaden las angustias de nuestras limitaciones cognitivas, las inclemencias de la incertidumbre en las toma de decisiones, sentimos temores razonables que procuramos superar con el carácter forjado en el fragor de la responsabilidad y ello nos exige valentía.
Esas tribulaciones no son menores, decidimos sobre seres humanos agobiados por crisis de todo tipo, vivimos en el umbral de complejas fronteras entre lo justo, legal y emocional, laberintos emanados de la impotencia, idiosincrasia o vulnerabilidad de los desvalidos y el poderío económicos de los ventajosos, nos avasallan argumentos inteligentes y sesgados y es en ese mar turbulento que debemos deliberar con lógica, inteligencia y encontrar la justicia.
Las vicisitudes de abogados son increíblemente intensas, todos, nos vemos obligados a elegir qué clase de seres humanos somos.
CÓMO IDENTIFICAR UN BUEN ABOGADO
Se preguntará, ¿Cómo identificar un buen abogado de otro?, no es tarea fácil, las apariencias engañan, pero le respondo sugiriéndole que confíe en su instinto y perspicacia serena, pulse su madurez, perciba quién le dice lo que quiere oír y quién lo escucha con prudencia, con reserva de criterio y emite pronunciamientos cuidadosos aunque no sean de su agrado, pondere con cuidado.
Parta de algo, el ejercicio de este oficio, además de alta formación técnica, exige cultura, experiencia en la vida, calle, contacto previo con distintos grupos sociales que permitan comprender la vibra de sus miembros conforme sus distintas condiciones económicas, gremios, circunstancias y manera de pensar; esa universalidad y comprensión del realismo de las condiciones de muchas vidas, le aportan al operador jurídico sabiduría, sensibilidad y sentido de lo correcto, le desarrollan un profundo humanismo, sensibilidad en la comprensión de los problemas y prudencia en el consejo.
Si Usted necesita ese consejo jurídico o ser representado, escuche con serenidad a su abogado, observe cómo se conduce, intérprete sus luces, cordura y lo razonable de su opinión, identifique si está tutelando el interés de él o el e Usted o el de ambos y tome una decisión ponderada conforme a lo razonable, no sólo emocional.
Piense que Usted necesita seguridad en la orientación y representación, seriedad, compromiso, realismo, consejo calificado y conducir su crisis con la toma de decisiones inteligentes y asertivas.
Identifique si su abogado procura la virtud, el honor, dignidad, probidad y le ofrece talento informado, si tiene experiencia real, esas cualidades o la carencia de ellas, se notan.
Piense que el abogado barato suele salir caro, que en la oferta de servicios suele haber espejismos siniestros y remuneraciones justas y que es muy fácil confundirse, si ya está en crisis, ya no puede errar el rumbo.
GRATITUD A LOS GRANDES JURISTAS
Desde estas líneas, agradezco a nuestros maestros, mentores, grandes juristas, pensadores y juzgadores eméritos que con sus luces, ejemplos, pensamiento profundo y deliberaciones forjaron nuestros criterios y andares que en esencia coinciden en una máxima para llevar la vida en comunidades, que aprendimos desde la cuna, en la calle a trompones y en el curso que de la vida que siempre resulta cierta, “el respeto al derecho ajeno, es la paz”.