Todos los vídeojuegos tienen la capacidad de tomar un elemento ya conocido y tornarlo en un imaginativo juego de expectativas. Un claro ejemplo de esto es Mario Bross, que modifica al clásico príncipe de los cuentos, para convertirlo en un fontanero bonachón, y transforma la temática del desafío en un mundo fantástico que conserve elementos de su profesión, como lo son en este caso las tuberías. Rocket League se inspira en este creativo origen del vídeojuego como algo fantástico para ofrecer un juego conocido con un giro llamativo.
Tan simple como puede ser jugar con un balón, y tan complicado como puede ser llevarlo a un punto concreto, es lo que este juego nos ofrece. Cambiando al bípedo jugador tradicional por un motorizado vehículo con la capacidad de avanzar, ir en retroceso y dar saltos en el aire, con algunas maniobras que requerirán de la habilidad del jugador. El campo es basto y llena de esferas que aportan a un medidor que marca nuestra barra de turbo para un boost de velocidad.
El futbol es complicado en sí mismo, pues requiere precisión y control. El automovilismo también requiere cierto control sobre un vehículo, control del derrape, la velocidad, los giros y la reversa, sin mencionar que se agregan a esta física ficciosa los saltos del auto y los giros que podemos hacer una vez en el aire. Aunque al juego del vehículo-balón, no se han agregado las reglas del futbol no por eso se vuelve más sencillo. El llevar un balón hasta la portería mientras se conduce puede ser o bastante sencillo o sumamente complicado, según los jugadores involucrados.
Los controles son sumamente sencillos, volviéndolo accesible para todos los jugadores. No obstante volverse un buen jugador, como en el caso del vídeojuego FIFA o los Motosports, requiere un entendimiento claro de las limitaciones y posibilidades internas del juego.
Aunque el modo principal es el que resulta ser más divertido, también contamos con un modo en el que podemos jugar baloncesto dentro de nuestros vehículos y otros desafíos en el que el protagonista sigue siendo el juego con el balón.
Con una nada despreciable sencillez este Rocket League presenta un juego accesible pero complejo, divertido y sumamente competitivo. El platillo principal, por supuesto, se encuentra en la experiencia de salón; el multijugador online o local, aunque los primeros acercamientos nos dejarán en claro que hace falta practicar contra la maquina antes de pasar al juego grande.
Quizá este juego despierte cierto escepticismo a primer vista, pero sólo hace falta un poco de disposición a la búsqueda del desafío y unos pocos minutos de juego para entender que el segundo lexema en vídeojuego, brilla de manera sensacional. Sobre lo que propone, esta curiosa combinación es una muy buena forma de disfrutar con los amigos o la familia.
lg
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