Metrópoli

Locatarios de los pasos a desnivel de la vialidad enfrentan el desalojo y la incertidumbre ante un proyecto de rehabilitación urbana que promete nuevos espacios, pero deja dudas sobre su permanencia y sustento

Bajo Calzada de Tlalpan, el comercio que resiste a la modernización

La Calzada de Tlalpan, arteria que atraviesa la Ciudad de México del centro hacia el sur, carga a diario con miles de carros, trolebuses, camiones y peatones que cruzan sus pasos a desnivel subterráneos. Bajo estos puentes, desde hace décadas, locatarios instalaron puestos de cerrajería, comida, bisutería, talleres y hasta pequeños comedores improvisados. Para muchos de ellos, ese corredor subterráneo no es simplemente un espacio comercial, es la vida misma, el sustento que sostiene hogares y familias desde hace generaciones.

No obstante, hoy esos pasillos están en medio de una transformación urbana que promete modernidad, seguridad y espacios culturales, pero también amenaza con borrar lo que por más de 40 años ha sido un símbolo de economía popular en el corazón de la ciudad.

Bajo Puentes Tlalpan
Bajo Puentes Tlalpan

De paso a “utopía”

En noviembre de 2025, el Gobierno de la Ciudad de México presentó el programa Conectividad Subterránea: Pasos de la Utopía, cuyo objetivo es rehabilitar los 34 pasos a desnivel de Calzada de Tlalpan para convertirlos en espacios de bienestar, cultura, deporte y comercio formal. De esos 34, la primera etapa incluye 12 pasos entre las estaciones Viaducto y Tlaxcoaque, donde aproximadamente 70 locatarios ya firmaron convenios de retiro temporal para permitir la obra.

El proyecto contempla inversiones de entre 3 y 4 millones de pesos por paso, con intervenciones de “piso a techo”, es decir, renovación de escaleras, muros, iluminación, instalaciones hidrosanitarias y eléctricas, accesibilidad universal, vigilancia permanente y espacios mixtos para servicios de salud, cultura y deporte.

A simple vista, la transformación busca ser una bandera de modernización ciudadana ubicada estratégicamente en una avenida con alto tránsito peatonal y vehicular. Sin embargo, para quienes durante décadas vendieron, conversaron, intercambiaron y trabajaron bajo esos techos, la reconversión representa incertidumbre y miedo.

“Nos han cuidado estos muros”

En uno de los pasos que ya fue parcialmente desalojado, Silvia, comerciante de la colonia Postal, recuerda cómo llegó hace 45 años a ese corredor con su carrito de herramientas. Desde entonces ha visto transformaciones de la ciudad, oleadas de tránsito peatonal y cambios de gobierno. Aquí “no se vendía por vender, nos conocíamos con el vecino que venía a comprar una llave o un destornillador a las seis de la mañana, y luego el de la torta a mediodía”, dice con voz firme pero cansada.

Silvia y otros vienen colocando mantas en distintos puntos con consignas como “¡No al desalojo y a la gentrificación!”, exigiendo garantías claras de retorno y condiciones justas para continuar con su actividad económica una vez concluidas las obras.

Otro trabajador, que desde hace más de 30 años mantiene su local de cerrajería en Nativitas, lamenta que las fechas para desocupar sus espacios hayan cambiado varias veces. “Primero nos dijeron que sería a finales de año, luego febrero, y ahora escuchamos rumores de que será hasta después del Mundial de Fútbol. ¿Cómo planear nuestra vida así?” comenta.

Lo que a ojos del gobierno es modernización, para muchos locatarios es un desplazamiento forzado sin garantías claras. “No nos oponemos a las obras ni al cambio de imagen; proponemos alternativas para seguir trabajando mientras se hace la renovación. Si van a intervenir de un lado, ¿por qué no nos dejan en el otro lado? ¿Por qué vaciarlo todo?”, pregunta Silvia con un dejo de frustración.

Protestas y exigencias

En los últimos días, locatarios de 20 pasos a desnivel realizaron una protesta frente a la sede de Servicios Metropolitanos (Servimet) para exigir que no se les desaloje sin claridad de condiciones de retorno y que se respeten sus espacios comerciales históricos.Algunos de estos pasos, especialmente en la alcaldía Benito Juárez, han permanecido en operación continua incluso con problemas de infraestructura, como inundaciones que duran meses, generando críticas de vecinos y comerciantes por igual.

En respuesta a las inquietudes, autoridades han declarado en diversas ruedas de prensa que “todos los comerciantes tienen su lugar asegurado”, y que se han firmado convenios de reubicación temporal con apoyos y acompañamiento de Fondeso y la Secretaría del Trabajo.Pero ese discurso no calma a quienes han vivido bajo esos puentes durante décadas. La palabra “utopía” que acompaña al proyecto suena irónica para quienes consideran injusto perder un espacio que no sólo es fuente de ingreso, sino parte de una identidad económica urbana.

La historia en números

En lenguaje de cifras, 34 pasos a desnivel a lo largo de Calzada de Tlalpan serán intervenidos en total, del cual 70 locatarios aproximadamente estaban operando en estos espacios al inicio del proyecto.

De ellos, 30 aceptaron reubicaciones en plazas comerciales con apoyo institucional. Las obras de intervención abarcan casi 3 mil 600 metros cuadrados solo en los primeros 12 pasos.

Son cifras que no cuentan la historia completa de quienes se sienten desplazados, pero de algún modo muestran la dimensión del proyecto y la cantidad de personas que cuestionan su aplicación.

Y no solo los locatarios han expresado opiniones encontradas. Vecinos de colonias aledañas como Álamos, Moderna y Portales señalan que los pasos a desnivel eran parte cotidiana de sus traslados. Algunos celebran la mejora de infraestructura y mayor seguridad; otros ven en la modernización una pérdida de carácter barrial y económico, además que los describen con algo de nostalgia. Muchos recuerdan el ruido de las conversaciones, el intercambio de productos variados y la vida que solía latir bajo esos techos de concreto.

Algunos entrevistados señalan que la obra ha generado caos vial temporal, polvo y ruido constantes, aunque consideran que a la larga podría mejorar las condiciones de circulación peatonal.

“Me llama la atención cómo pueden cambiar estos espacios, y a la vez la forma en que pueden mejorar nuestras vidas, al hacerlos más seguros y más iluminados, pero también es cierto que se va a extrañar la forma en que eran, porque de alguna manera forman parte de nuestra vida cotidiana. Ya no vas a ver al perrito quizás que siempre se acostaba ahí para tomar sombra, o a las tiendas en donde vendías curiosidades, chatarras viejas, etcétera. Será diferente, pero hay que acostumbrarse al cambio”, opina un peatón, estudiante que reside en la colonia Álamos.

Para comerciantes como Silvia, y muchos otros, la ciudad que se vislumbra en los planos de modernización parece estar construida sin reconocimiento a quienes han sido parte viva de esos espacios urbanos. “No pedimos lujos, solo certeza de que podremos regresar con nuestras vidas intactas”, resume Silvia al final de una conversación.

“La cronología de la obra avanza, como avanza el calendario rumbo al Mundial 2026 y otros proyectos urbanos, pero bajo esos puentes hay historias que ninguna maqueta puede sustituir”, se lee en una hoja pegada en uno de los bajopuentes de la Calzada de Tlalpan.

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