Metrópoli

Los capitalinos y los foráneos recorren los andadores como si estrenaran casa: miran a todos lados, festejan los acabados y luego siguen su camino que, ahora, sólo durará unos minutos de Tacubaya a Santa Fe

Primeros recorridos de El Insurgente, aprendiendo a andar en Tren

Insurgente

El murmullo dentro de la estación no era el de un día cualquiera. Había pausas frente a los señalamientos, miradas curiosas recorrían las instalaciones y los teléfonos en alto intentando capturar el momento. Tras más de doce años de espera, el Tren Interurbano México – Toluca dejaba de ser una promesa para convertirse en una experiencia real.

El acceso al sistema comenzaba con un gesto ya familiar para los capitalinos: acercar la tarjeta de movilidad al lector. El viaje desde dirección Observatorio costó 15 pesos, sin embargo, antes de salir de la estación Santa Fe fue necesario cubrir un cargo adicional de 10 pesos.

Lector de Tarjeta de Movilidad Integrada

Personas foráneas o sin Tarjeta de Movilidad Integrada, se formaban en filas para adquirir en las taquillas el código QR para acceder al Tren y ser guiados por el personal a fin de entender esta dinámica tarifaria que para ellos era nueva. La escena dejaba ver que el tren no sólo conectaba territorios, sino dos realidades distintas: la de quienes ya dominan el transporte de la capital y la de quienes apenas comienzan a descifrarlo.

Taquilla para código QR

Dentro de los vagones, el asombro parecía compartido. Algunos pasajeros recorrían el interior del tren con la mirada, otros comentaban la amplitud del espacio, la comodidad, limpieza y velocidad del transporte, comparándolos inevitablemente con los traslados largos y pesados a los que la gente suele estar acostumbrada.

“Valió la pena la espera”, comentó una señora mientras observaba las instalaciones y el paisaje que se puede contemplar en cada ventana del vagón. A su lado, un hombre convencido: “El nuevo tren representa la modernidad y la población debe abrazar esta novedad para transformar su manera de movilizarse”.

Andén del Tren Interurbano "El Insurgente"

Pero el entusiasmo convivía con la incertidumbre.

A pesar de la presencia constante de personal que guiaba a los usuarios sobre dónde abordar y cómo salir de la estación, la desorientación era visible, pues las preguntas circulaban de un pasajero a otro. La escena se volvió más interesante cuando un hombre proveniente de Tijuana preguntó cómo podía llegar al centro de Toluca. La expresión de su rostro reflejaba la mezcla de duda y admiración.

“Tiene que bajarse en la estación Lerma y de ahí tomar un transporte público”, le explicaron un par de personas que, minutos antes comentaron que era la segunda vez que lo abordaban. El hombre agradeció la orientación y se dispuso a levantarse de su asiento para mirar el panorama urbano en las ventanas de la puerta derecha del tren. El momento evidenciaba que ante la novedad , los pasajeros no solo comparten el espacio: también comparten el aprendizaje.

Aun con las dudas, la sensación de comodidad predominaba. El orden, la amplitud y la aparente eficiencia del servicio ofrecían una imagen distinta del transporte urbano.

Al llegar a la estación Santa Fe, cuando el flujo de pasajeros comenzaba a dispersarse, la experiencia no terminó en el andén. Antes de salir, un integrante del personal se acercó para realizar una encuesta de satisfacción. Las preguntas eran simples, pero reveladoras: conocer la impresión de quienes protagonizaban los primeros viajes para la mejora de la asistencia.

Entre el asombro por la infraestructura, las dudas sobre el recorrido y para algunos el descubrimiento de nuevas dinámicas, desde el sistema de pago hasta la orientación dentro de las estaciones, la apertura total del Tren Interurbano México – Toluca mostró algo más profundo de la inauguración de la obra pública más esperada: capturó el instante en que entre dos entidades comienzan a adaptarse a una nueva forma de moverse entre territorios. Toda renovación urbana inicia así, entre el entusiasmo y la inquietud, hasta que lo extraordinario termina por volverse lo cotidiano.

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