Metrópoli

La alcaldía Gustavo A. Madero concentra zonas de alto riesgo, baja capacidad preventiva y elevados niveles de impunidad

“Aquí nadie escucha hasta que ya es demasiado tarde”: la geografía de la violencia contra las mujeres en GAM

“Aquí nadie escucha hasta que ya es demasiado tarde”: la geografía de la violencia contra las mujeres en GAM

“Yo denuncié tres veces. Fui al Ministerio Público, marqué al 911, pedí ayuda en el hospital. Nadie hizo nada. Cuando lo mataron a golpes fue cuando vinieron. Aquí nadie escucha hasta que ya es demasiado tarde”.

La voz es de Laura, vecina de San Juan de Aragón, quien acepta narrar su historia con la condición de ocultar su nombre real. Durante años vivió violencia física y psicológica por parte de su pareja. Las agresiones eran constantes, pero no fueron suficientes para activar un mecanismo efectivo de protección. La noche que logró escapar, dejó atrás su hogar, pero también la certeza de que, en su colonia, ser mujer significa vivir con miedo.

Su historia es parte de un entramado mucho más amplio que convierte a la alcaldía Gustavo A. Madero (GAM) en una de las zonas con mayor incidencia de violencia contra las mujeres y feminicidios en la Ciudad de México, realidad que persiste a pesar de los discursos oficiales sobre avances en seguridad y prevención.

Alcaldía en el mapa rojo de la capital

De acuerdo con cifras de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (FGJCDMX), recopiladas por el diario Milenio, Gustavo A. Madero acumuló 112 carpetas de investigación por homicidio doloso contra mujeres y feminicidio entre enero de 2019 y julio de 2022, lo que la colocó como la segunda demarcación con más casos en toda la capital, solo detrás de Iztapalapa.

Registros más recientes, difundidos por SemMéxico, señalan que entre 2020 y 2025 la alcaldía sumó al menos 58 investigaciones por feminicidio, manteniéndose entre los territorios con mayor violencia letal contra mujeres en la ciudad.

Las cifras se traducen en un fenómeno metropolitano que no se distribuye de manera uniforme. En la GAM, confluyen condiciones urbanas, sociales y de seguridad que han configurado una geografía del riesgo particularmente agresiva para las mujeres.

Pero la magnitud del problema no solo se expresa en los asesinatos. Las estadísticas de violencia familiar, abuso sexual, lesiones dolosas y acoso en la vía pública muestran que la agresión es cotidiana, persistente y, en muchos casos, normalizada.

La impunidad como constante

Otro factor latente en la demarcación es la baja tasa de esclarecimiento y detención. Solicitudes de transparencia indican que en al menos seis de cada diez feminicidios cometidos en la Ciudad de México no hay personas detenidas, una tendencia que también se reproduce en la GAM.

La brecha entre denuncias y judicialización genera un entorno de impunidad estructural, donde la violencia no solo se repite, también se intensifica.

“Sabemos quién fue, todos lo saben, pero sigue libre”, dice Mariana, habitante de la colonia Gertrudis Sánchez, cuya hermana fue asesinada en 2023. “Desde entonces vivimos con miedo. Él sigue caminando por las mismas calles. Nosotras tuvimos que encerrarnos”.

La ausencia de consecuencias penales efectivas, además de afectar a las víctimas directas, envía un mensaje social de tolerancia implícita hacia la violencia, lo que debilita cualquier política preventiva.

Entre las colonias más peligrosas para las mujeres destaca San Juan de Aragón, identificada por la FGJCDMX como una de las zonas con mayor número de feminicidios y homicidios dolosos contra mujeres en toda la Ciudad de México.

Con más de 300 mil habitantes, esta colonia presenta una compleja traza urbana, amplias distancias peatonales, deficiencias de alumbrado y zonas con escasa vigilancia, factores que incrementan la vulnerabilidad femenina.

Los puntos más peligrosos se concentran en estaciones del Metro y Metrobús, corredores viales, parques, camellones y zonas limítrofes con avenidas de alta circulación, donde el tránsito peatonal disminuye drásticamente por la noche.

“Cuando oscurece, todo cambia. Caminas rápido, miras atrás, mandas ubicación en tiempo real. Vivir aquí es estar siempre alerta”, cuenta Fernanda, estudiante universitaria que cruza diariamente la colonia para llegar a su casa.

La combinación de movilidad intensa durante el día y abandono nocturno genera espacios propicios para agresiones sexuales, asaltos violentos y ataques feminicidas, sin que exista una estrategia preventiva focalizada.

Mapa de riesgo

En la zona alta de la alcaldía, Cuautepec enfrenta una problemática distinta pero igualmente grave. Históricamente marginada, con calles estrechas, transporte irregular, escasa iluminación y limitada presencia policial, esta región concentra altos índices de violencia familiar y delitos sexuales.

Los diagnósticos oficiales del Gobierno capitalino ubican a Cuautepec entre las áreas con mayor incidencia delictiva general, donde la precariedad urbana y la exclusión social generan entornos de alto riesgo para mujeres, niñas y adolescentes.

Aquí, la violencia ocurre principalmente dentro de los hogares, lo que dificulta su visibilización y judicialización. Las denuncias suelen ser tardías y, en muchos casos, no prosperan.

“Mi vecina gritaba todas las noches. Nadie hacía nada. Un día apareció muerta. Dijeron que fue suicidio, pero todos sabíamos lo que pasaba”, relata una habitante de la zona que pidió anonimato.

En Cuautepec, la violencia contra las mujeres parte de una dinámica comunitaria marcada por la desigualdad, la desatención institucional y la normalización del maltrato.

Corredores urbanos del miedo

En colonias como Nueva Atzacoalco y las zonas colindantes con Vallejo, el riesgo adopta otra forma. Aquí, la violencia está vinculada a corredores urbanos de alta movilidad, donde confluyen ejes viales, paraderos informales y áreas industriales.

Durante el día, estas zonas concentran actividad laboral y comercial; por la noche, se transforman en espacios semivacíos, con escasa vigilancia y amplios tramos oscuros.

Los registros delictivos muestran altos niveles de acoso sexual, agresiones en transporte público, ataques en vía pública y casos de homicidio doloso contra mujeres.

“Salgo a las seis de la mañana y regreso casi a las diez. El trayecto es lo peor. Hay zonas donde no pasa nadie, no hay policías y los taxis no quieren entrar”, explica Rosa, trabajadora de una fábrica en Vallejo.

En colonias como La Pastora, Gertrudis Sánchez, La Pradera y Martín Carrera, la violencia contra las mujeres se manifiesta principalmente en el ámbito doméstico, con elevados registros de violencia familiar, abuso sexual y lesiones dolosas.

Estos delitos suelen permanecer subregistrados, debido al miedo, la dependencia económica, la presión social y la desconfianza institucional.

“Denunciar significa quedarte sola. Muchas no pueden”, dice Leticia, integrante de una colectiva vecinal. “Aquí no hay refugios cercanos, ni acompañamiento real. Las mujeres aguantan hasta que ya no pueden más”.

En la GAM, la ausencia de patrullaje focalizado, recuperación de espacios públicos, atención comunitaria y estrategias territoriales diferenciadas ha permitido que los focos rojos se mantengan prácticamente intactos a lo largo de los años.

“Vivimos aprendiendo a sobrevivir”, dice Laura, la mujer que abre esta nota. “Pero no debería ser así”.

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